La ética y los negocios

Por Joan Ramón Sanchis

Tradicionamente, las empresas se han dedicado a crear valor para sus propietarios y directivos, sin interesarles las consecuencias de esta forma de actuar sobre el resto de grupos (trabajadores, proveedores, clientes, sociedad en general). Maximizar el beneficio económico ha sido una prioridad absoluta y cualquier medida que se desviara de este objetivo tan sagrado, significaba un claro perjuicio para la empresa. El enfoque neoliberal basado en los postulados de Milton Friedman (1912-2006) iba en contra de cualquier medida que estuviera enfocada a una mínima responsabilidad social (salvo las estrictamente legales), pues las empresas estaban para ganar dinero, y cualquier otra medida social o ambiental suponía un lastre financiero para la empresa, que había que evitar como fuera. En este contexto, como es lógico, no existe ningún tipo de ética empresarial; no hay líneas rojas que marcar en la manera de enfocar los negocios y de ganar dinero. Cualquier cosa vale, pues los fines justifican los medios. A lo largo de la historia económica hemos conocido y sufrido acciones tan inmorales como la esclavitud, la trata y el tráfico de mujeres y de niños, el tráfico de órganos vitales, el uso de niños y niñas como mano de obra barata, la explotación de los trabajadores y trabajadoras, la prostitución… Un sinfín de acciones llevadas a cabo por las empresas que no eran o son ilegales, aunque sí muy poco éticas, pero justificadas por el deseo de incrementar las ganancias económicas. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito señala que las ganancias anuales del comercio ilegal en el mundo alcanzan los 2 billones de dólares, lo que equivale al 3,6% del PIB mundial. Los delitos con mayor peso son el narcotráfico, la falsificación, el tráfico humano, el tráfico ilegal de petróleo y el tráfico de vida salvaje.

Con el paso del tiempo, una parte de las empresas comenzaron a introducir acciones de responsabilidad social en su actividad. Básicamente ha sido así porque veían en la responsabilidad social un arma de marketing muy efectiva, que les permitía mejorar su imagen ante la sociedad y en definitiva, incrementar su número de clientes y su cifra de negocios. Acciones filantrópìcas realizadas por las empresas con la finalidad de obtener suculentas desgravaciones fiscales y una imagen corporativa muy beneficiosa. La responsabilidad social es el precio que tienen que estar dispuestas a pagar las empresas por disponer de una buena imagen y reputación social, aunque esta solo sea aparente o superficial. En el caso de grandes empresas, supone aportar el 0,1% de su beneficio económico (un importe insignificante pero muy efectivo), para acciones dirigidas a paliar la pobreza en los países menos desarrollados o a patrocinar determinadas actividades deportivas, sociales o culturales del territorio en el que actuan.

En la actualidad se han puesto de moda las memorias de responsabilidad social y de sostenibilidad. Cualquier empresa que se precie, especialmente las de mayor dimensión, tienen su memoria de sostenibilidad perfectamente visible en su Web corporativa. Así, tenemos ejemplos de grandes compañías que son consideradas ejemplares en la responsabilidad social y que obtienen premios prestigiosos a la empresa más responsable o la empresa más sostenible. Multinacionales que despiden a sus trabajadores de manera ilegal pero que a la vez son ejemplares en ayudas al desarrollo, bancos que publican memorias de sostenibilidad impecables y a la vez están favoreciendo la creación de paraísos fiscales, la evasión de capitales y el blanqueo de dinero procedente de operaciones fraudulentas. Grandes empresas que están a la vanguardia de la responsabilidad social y la sostenibilidad y que sin embargo siguen utilizando energías contaminantes y sucias y que provocan el cambio climático. Grupos empresariales que contribuyen a paliar la pobreza y ofrecen dinero para hacer frente a catastrófes naturales pero a la vez pagan a sus empleados salarios indecentes y a través de la deslocalización contribuyen a mantener las injusticias sociales en los países en desarrollo. Estoy seguro que muchos de los lectores habrán pensado en empresas concretas para cada uno de los ejemplos que acabo de poner.

Desde este punto de vista, la responsabilidad social no deja de ser un engaño a través del cual se consigue mantener el enorme poder económico, social y político de determinados grupos empresariales. Dicho esto, ¿es posible compatibilizar los negocios con la ética? o formulado de otra manera, ¿existen empresas que utilizan la ética y la responsabilidad social como base de su actividad, de su manera de enfocar sus negocios, y no como un enfoque de marketing y de intereses particulares?. Aún a costa de sufrir numerosas críticas, he de decir que sí, es decir, no todas las empresas son como hemos descrito anteriormente.

Actualmente ha surgido un enfoque más avanzado de la responsabilidad social según el cual hay empresas que son socialmente responsables y éticas por naturaleza, en las que la ética forma parte del corazón de su estrategia y no está solo en su superficie o de manera aparente. Y no estoy hablando de filantropía ni de caridad. Estamos hablando de empresas viables en el mercado y de empresas rentables económicamente, que consiguen crear valor económico (generar beneficios financieros) a la vez que conservan unas pautas de comportamiento basadas en la ética y contribuyen a crear valor social y ambiental. La ética y los negocios no son incompatibles, como nos han dicho intencionadamente economistas y políticos durante mucho tiempo. No se trata de tener que elegir entre los negocios y la ética, sino que hoy en día se puede hacer negocios manteniendo un comportamiento ético. Y esto es posible, no solo en pequeñas empresas, sino también en grandes empresas e incluso en bancos, algo que puede parecer ridículo o inverosímil. Negar esto significa perpetuar una posición de privilegio de los más poderosos, de los que cada vez acaparan más riqueza. Situarse en una posición crítica frente a la ética en los negocios desde la incredulidad, el pensar que es una estrategia más de las grandes compañías para perpetuar su poder, que forma parte del sistema capitalista para que no caiga… beneficia sin duda a los de siempre e impide el cambio. El eterno debate inútil y estéril sobre el revisionismo/revolución en el que no me voy a detener.

En nuestras manos está elegir la forma inclusiva de hacer negocios y contribuir así al desarrollo económico y social de las personas y los pueblos.

Hemos de pensar que otra forma de hacer empresa es posible. Que para ganar dinero no es necesario el todo vale. Que la ética contribuye a consolidar empresas sostenible, sí, empresas que obtienen valor económico, social y medioambiental y, que por tanto, pueden asegurar su continuidad y la de las generaciones futuras. La ética no está reñida con el beneficio económico, sino al contrario; la ética contribuye a crear más beneficio económico, pero a la vez también crea más beneficio social y medioambiental, de manera que el beneficio empresarial no es exclusivo de propietarios y directivos, sino que se reparte entre éstos y el resto de grupos (trabajadores, proveedores, clientes, sociedad) de una forma más justa y equitativa. Dignidad humana, solidaridad y justicia social, sostenibilidad ecológica y transparencia y participación, han de convertirse en los valores prioritarios de las empresas. Solo así conseguiremos que la economía adquiera rostro humano y su fin sea el bienestar y la calidad de vida de las personas; solo así conseguiremos que la riqueza se reparta de manera más equitativa y justa y no sea el 1% de la población la que acapare el 90% de la riqueza.

Reconocer esto supone pensar que puede haber futuro, que el cambio es posible y que dicho cambio depende de las personas, de la manera de enfocar los negocios. Hay dos formas de hacer negocios: de manera inclusiva o de manera extractiva. En nuestras manos está elegir la forma inclusiva de hacer negocios y contribuir así al desarrollo económico y social de las personas y los pueblos. Los negocios inclusivos se caracterizan por la ética y la sostenibilidad. Pero no se trata de palabras mágicas ni rimbombantes, sino de acciones reales que requieren de un cambio de mentalidad y de un mayor esfuerzo en el trabajo. Utilizar el dinero y el crecimiento como medios para conseguir la felicidad y no como fines para contribuir al lucro de unos pocos que se imponen sobre la mayoría; esa es la clave de la ética y de la sostenibilidad. Creámosnolo y hagámoslo posible. Todo un reto.

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