Cada año, el 8 de julio, recordamos a quienes fueron asesinados y a quienes sufrieron la represión. Pero también recordamos que la historia no ha terminado.
Suárez y Martín Villa y toda esta gentuza de aquellos tiempos, dijo basta, hasta aquí hemos llegado, y lo que decidieron, porque fue algo absolutamente premeditado, fue romper las fiestas de Sanfermín.
Vallejo-Nájera no fue un excéntrico aislado, sino una pieza funcional en el engranaje de una dictadura que necesitaba dotarse de legitimidad científica para clasificar, excluir y castigar.
Manuel Luciano Pérez Gómez falleció, en todo caso, por un balazo en el pecho que salió del arma reglamentaria del guardia civil del que no llegó a trascender el nombre, ni que fuese sancionado, ni enjuiciado por esta muerte.
Pepe Viyuela tiene, más que una cara simpática, que también, cara de buena gente, de aquellos que no ocultan sus heridas, si no que las muestran para el que descubras que las tuyas son idénticas, no le importa viajar hacia el pasado para encontrarse con nosotros.