Durante décadas, la inviolabilidad se ha entendido de manera maximalista como una cobertura general de todo lo que el Rey haga mientras ejerce el cargo.
Considero muy grave cualquier justificación de actuaciones ilícitas y mezquinas como las que se vienen produciendo en las llamadas “cloacas del Estado”, vengan de quién vengan y cuyo objetivo es mantener un beneficio oculto para alguien.
Cuando el Orden Público desplaza al Orden Ciudadano se acaba imponiendo una lectura de la protesta como perturbación, y no como expresión legítima de una sociedad democrática.