En un Estado que se presume aconfesional y democrático, la existencia de un «coto privado» eclesiástico sobre el patrimonio común no es solo una anomalía, es un asalto a la soberanía ciudadana.
La intromisión de la jerarquía eclesiástica no se limita a la soberanía territorial, se extiende de forma violenta al propio marco legislativo y de derechos civiles del Estado.
La prensa de ciertos medios afines al Gobierno llegó a publicar que Sánchez y el Papa habían convertido el Estado español en la capital mundial de la lucha contra el tecnofascismo. No es una parodia. Es un titular real.
Tenemos que unir filas en la lucha contra los ataques que los sectores reaccionarios del país, parapetados tras las palabras papales, empezaran a plantear.
La entidad considera que el discurso papal traspasó los límites de la cortesía diplomática para convertirse en una injerencia directa en la potestad legislativa.
En los últimos años, aficionados del Rayo Vallecano —especialmente del colectivo Bukaneros y otros grupos— han impulsado iniciativas para recuperar esta memoria.