El cierre del Estrecho de Ormuz no fue simplemente una disrupción del comercio energético. Fue la demostración de que el principal cuello de botella del Golfo puede ser convertido en instrumento de coerción estratégica.
Alemania aleccionó a los países del sur de Europa, Grecia en especial, sobre los peligros del déficit y la necesidad de la ortodoxia fiscal. Ahora que le toca a Berlín, no solo suspende sus propias reglas, sino que lo hace para un fin —el rearme— que en el pasado ha terminado siempre en catástrofe.
El libre comercio, que alguna vez fue el evangelio de los mercados, ha desatado fuerzas que ahora devoran a sus propios creadores. Nacionalismos agresivos, guerras comerciales perpetuas, cadenas de suministro devastadas.
La Asociación Estratégica entre Brasil y Reino Unido comporta ejercicios militares conjuntos, desarrollo de doctrina de defensa compartida y cooperación en tecnología militar.
Mientras los Estados árabes redibujaban sus mapas de transporte, al otro lado del mundo, en Asia Oriental, el bloqueo golpeaba con una violencia silenciosa pero quirúrgica.