‘La Carta de Irina’ gira en torno a la voz de su protagonista, una mujer anónima pero universal, cuya historia refleja la de miles de mujeres y niños atrapados en las redes de la trata humana.
Durante 55 minutos, en un teatral y asfixiante escenario, la ficción recrea la realidad poniendo sobre la mesa el descenso a los infiernos que supone la tortura.
El devorador de almas es también ese modelo capitalista que, desde ya hace décadas, empuja a la gente del campo hacia las ciudades, por falta de expectativas de progreso en su lugar de origen.
“Suelo definir ‘Midsommar’ como, en esencia, un drama de ruptura. Y después, no tanto un filme de terror como un cuento de hadas. Me gustaba la idea de hacer esa clase de película a la que uno acude cuando ha cortado con alguien, en busca de alguna clase de catarsis.”