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Entrevistamos a Sergio Rodrigo, periodista especializado en procesos migratorios y fronterizos en el mar Mediterráneo, y autor del documental ‘Jornaleros. El mal patrón’.
Por Angelo Nero | 25/04/2026
“Jornaleros. El mal patrón”, es un documental que recoge una intensa investigación en torno a la desaparición del temporero de origen senegalés Ibrahima Diouf, en 2021, y de otro jornalero, Tidiany Coulibaly, nacido en Malí, y desaparecido en 2013. Ambos trabajaban para el empresario Ginés Valiente, en Villacarrillo, una pequeña localidad olivarera de Jaén. En una excelente película, se intentan buscar las claves de la desaparición de los dos migrantes, recogiendo numerosos testimonios de familiares, guardias civiles, jueces y abogados que participaron en la investigación y en el posterior juicio al empresario jienense, así como a al entorno social, desde el alcalde al sacerdote del pueblo, así como periodistas que cubrieron los casos, cuidando no solo el ritmo narrativo del film, sino la puesta en escena y la fotografía, lo que convierte a este documental en un artefacto visual de una gran calidad, tanto por el fondo del tema que se trata, como por la calidad con la que se filma. Hablamos con su director, Sergio Rodrigo, al que ya entrevistamos a propósito de otra interesantísima película, “Paralelo 35º50”, en la que se ponía el foco en el drama de la migración a través del Estrecho.
En “Paralelo 35º50” ya abordabas el tema de las fronteras, físicas y culturales, con una narrativa muy atractiva para el espectador, que además de ayudar a visualizar la problemática, le incitaba a hacerse sus propias preguntas. En “Jornaleros. El mal patrón”, además creas una atmósfera de true crimen, en el que, a través de la investigación sobre las desapariciones de estos dos jóvenes, nos introduces en otros temas, como el de la explotación laboral de los migrantes. ¿Es importante innovar en las narrativas audiovisuales para llegar a otros públicos que, a priori, quizás no están tan interesados en estas temáticas?
Apostar por nuevas narrativas, sobre todo aquellos que apostamos por un periodismo más social, más combativo, es una estrategia básica para llegar a grandes audiencias, y nosotros en Entre Fronteras hemos tratado de buscar y adaptar diferentes investigaciones periodísticas escritas a un lenguaje que puedan alcanzar a otro público. “Jornaleros. El mal patrón” es un ejemplo de como adaptar un suceso o una investigación sobre explotación laboral severa, llevarla al caso como el de la desaparición de estos dos jornaleros, que está vinculado a la acusación a un patrón del olivar, y tratamos de narrar a través de todas estas historias y sufrimientos que se viven de forma prácticamente diaria en los campos de Andalucía, pero que se reproduce como modelo estructural en otras partes del territorio del estado español.
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El nexo de la historia de estos dos desaparecidos, es el empresario Ginés Valiente, el mal patrón, que afrontó varios juicios y tuvo varias condenas, una por explotación laboral, y otra por desaparición forzosa. ¿Cómo llegas a esta historia, y en que momento decides que hay que contarla en una película, y cuales son los temas en los que te parecía importante incidir a la hora de rodarla?
El actual investigado fue el patrón que solo tuvo un juicio y fue condenado por explotación laboral y otras cosas, y finalmente no fue condenado por delitos más graves, como el de la desaparición forzada de Tidiany Coulibaly, al que la familia sigue buscando a día de hoy. En esta historia, cuando nosotros accedimos a la documentación, a las estructuras del sumario, así como al primero de los juicios, nos dimos cuenta que era uno de los casos más representativos de la investigación que veníamos haciendo sobre la explotación en el campo, y es verdad que nos habíamos topado con muchos casos, muchos sucesos estrepitosos, pero este cumplía muchos de los problemas que había en el campo, porque además sus familiares estaban dispuestos a contarlo, y era una deuda también con esas familias que seguían buscándolos, contar la historia de Ibrahima, contar la historia de Tidiany, sobre la vivienda, sobre la contratación laboral, sobre la falta de respeto a los convenios laborales en el campo, y como estas personas migrantes, sobre todo cuando se encontraban en situación administrativa irregular, como la vulnerabilidad aumentaba, y la explotación sobre ellos también crecía. Era una historia en la que creíamos que era muy importante llevarla a la pantalla y sobre todo conquistar audiencias no solo en el marco del periodismo especializado, que a veces conoces y reproduces, pero esto no se podía quedar en un reportaje o en varias noticias, esto tenía que ir mucho más allá y llegar a las audiencias que no les interesaba nada o poco el documental y sobre todo las migraciones y la problemática de los temporeros en Andalucía.
En la película has recabado numerosos testimonios de personas cercanas, de un modo u otro, a Ibrahima y Tidiany, a la instrucción o a la investigación de los casos de sus desapariciones, incluso recreando la búsqueda de la guardia civil. ¿Cómo ha sido el trabajo de documentación y de conseguir tantas entrevistas, necesarias para construir una historia que hubiera quedado menguada sin ellas?
Nosotros somos periodistas de investigación, y el equipo que conforma Entre Fronteras, en el que está también nuestra compañera Lucía Muñoz, estamos especializados en esto, y en todo ese trabajo de documentación, de investigación, dar con los protagonistas no ha sido fácil, ha sido un trabajo arduo, de muchas pre entrevistas, en la que nos hemos reunido con todas las partes, tratando de encajar y cerrar a estos personajes para poder contar esta historia lo más transversal posible. Creo que contar con la participación de los principales implicados en estos sucesos, le da sobre todo veracidad a los hechos ocurridos. Participa la familia, fiscales, jueces, abogados, la guardia civil, y aparte de eso el espectador puede ver, como si estuviese en el juicio, como se comportaba el acusado, que al final también es parte de esta historia. Uniendo todas estas partes hemos conseguido este true crimen que trata sobre todo de visibilizar la situación de los temporeros. Además, me podría atrever a decir que estamos ante el primer true crimen social en España, porque hasta el momento no ha habido este tipo de enfoques tan sociales en el que se denuncia algo mucho más allá de un simple suceso, que en muchos casos es de lo que peca el true crimen tradicional, y que aleja también a muchos espectadores.
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Cuando abrimos una botella de aceite de oliva no pensamos en las manos de esos jornaleros, a menudo migrantes, que recogen las aceitunas, no siempre bien pagados y a veces con condiciones laborales tan precarias como las que se denuncian en la película, ¿nos falta ponernos en la piel del otro, aunque sea de otro color, para darnos cuenta de cual es el precio real de ese aceite de oliva?
Esta es la clave del documental. Nosotros cuando nos enfrentamos a la investigación sobre el caso de los dos desaparecidos en Villacarrillo, donde hay una industria poderosa que es la del aceite de oliva, que es sin duda la joya de la corona de Andalucía, el producto más importante, el que más exportamos, el que más usamos y disfrutamos, porque son muchos los que cada mañana en su mesa mojan el pan en el aceite de oliva, un aceite de oliva que además es Marca España y que dentro de esta investigación nos dimos cuenta que, efectivamente, quienes recolectan el olivar, este preciado fruto del olivo, son las personas migrantes que llegan a nuestro territorio. Y además en esta caso se da en un territorio, Villacarrillo, donde estamos hablando del primer exportador mundial de aceite de oliva, estamos hablando de un territorio basto, lleno de olivos al que cada año van miles de temporeros, cuadrillas, principalmente del África Subsahariana, a trabajar, recolectar, para que cada mañana, en nuestros hogares, tengamos el aceite de oliva. No solo aquí, sino en el resto del mundo, porque este aceite viaja por todo el mundo, y lo que es de justicia también es que esa joya de la corona, ese aceite de oliva del que tanto pecho sacamos se ponga de relieve la necesidad de que las personas que trabajan en el campo se les dote de derechos, al menos básicos y esenciales, para poder recolectar la aceituna.
En tu productora, Entre Fronteras, has apostado por un cine social en el que se combina el periodismo de investigación con esas nuevas formas narrativas de las que hablábamos al principio, ¿qué balance haces del camino recorrido hasta ahora en el mundo audiovisual, y como está siendo la respuesta del público a documentales como ‘Jornaleros’?
Hacer este tipo de periodismo y de documental es difícil para sobrevivir en un sector en el que, cada vez más, es una industria en la que vivimos el centralismo que asfixia a las periferias del estado, y en el caso de Andalucía es muy complicado poder llevar a cabo grandes proyectos, sobre todo para grandes audiencias estatales. Pero aún así peleamos, convencidos de que se pueden contar las historias de otra manera, que hay una responsabilidad por parte de los periodistas, y también reivindicamos que los periodistas debemos tomar un territorio en el que siempre ha estado del lado de la cultura y creemos que no debe alejarse de esto, pero si hay un espacio en el documental en el que los periodistas pueden aportar muchas más experiencia y profesionalidad que quizás otros ámbitos de la cultura, y ahí me refiero al archivo, a la documentación, y el ejemplo son estos documentales que estamos haciendo, como el docuthriller de la activista saharaui, Aminetu, que ha dirigido Lucía Muñoz y se ha estrenado recientemente. Son historias comprometidas, historias que marcaron la vida de la ciudadanía, y el espectador se enfrenta a ellas, les remueve, y además les puede mantener entretenidos o enganchados, que al final es lo que quieren las grandes audiencias, o quienes controlan los grandes medios de comunicación o explotación audiovisual.
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En una sociedad tan polarizada como la nuestra, los mensajes de odio se propagan rápidamente por las redes, alentando a manifestaciones como la que aparece en la película, ¿busca con este trabajo, en cierto modo, combatir ese relato que intenta criminalizar a los migrantes?
En el caso concreto de la manifestación de la película, era de justicia para demostrar al pueblo que todos nos equivocamos. A veces pensamos de una manera, y cuando indagamos más, investigamos, escuchamos al otro, nos acercamos más a las historias, la realidad va cambiando. Ponerse del lado del verdugo frente a la víctima, genera un rechazo. En el caso del pueblo la primera se la pudieron colar, la segunda la opinión pública ya no piensa lo mismo. Y sobre los discursos de odio, y esa hegemonía del mensaje contra el otro, sobre todo contra el vecino, lo que genera es un desapego, un desarraigo, y luego una cosa muy importante, en estos territorios del campo andaluz, cuando estos mensajes calan, calan en poblaciones que necesitan también de esta población. Y no quiero caer en los discursos economistas, de que los necesitamos por nuestra propia economía, creo que va mucho más allá: sin estas personas que vienen a recolectar el campo, no habría nada que comer. Por suerte o por desgracia, el campo se ha convertido en un trabajo duro y no todo el mundo quiere hacerlo. Y estas personas, que además no se les dota de derechos, ahí es donde pervive la injusticia, y en la que algunos sectores, que por cierto predican esos discursos de odio, quieren mantener a estas personas. Pero mantener en la exclusión, en el exilio del entorno rural, a estas personas que vienen a dar el pecho para que nosotros mojemos el pan, es sin duda el ejemplo de que la estructura del país, es una estructura de odio hacia aquellos que vienen a trabajar, que en su mayoría son personas migrantes, y también en su mayoría personas racializadas.
En nuestra anterior entrevista hablábamos de las políticas en materia de migración de las autoridades españolas, y entonces ya eras muy crítico, ¿se ha avanzado en las políticas migratorias en estos últimos años o, por lo contrario, sigue siendo una asignatura pendiente para nuestros gobernantes?
La Ley de Extranjería es la misma, es una ley que está sesgada por nacionalidades o por el origen, solo hay que darse cuenta que en la agricultura, en el campo, está destinada a las personas racializadas, negras, y en algunos casos, del norte de África, el sector servicios sigue estando vinculado a los migrantes que vienen de América Latina, y luego tenemos el sector de la industria alimentaria, que está vinculado principalmente a personas de la Europa del Este. La ley no ha cambiado, la discriminación sigue igual. Hoy sacamos pecho por regularizar a seiscientas mil personas, que es una deuda por el derecho de esas personas, pero todo lo que han sufrido durante todos estos años es tremendo. Y han ocurrido otras cosas además de la Ley de Extranjería estos años, las políticas migratorias del estado español han sido el modelo de la ultraderecha europea. La España del Partido Socialista, de Marlaska, con el apoyo de la coalición de Sumar, está siendo una de las más restrictivas con la emigración, y le ha costado la vida a miles de personas, por cerrar el paralelo, aquí en el Mediterráneo, y también ha provocado grandes tragedias, como la de Melilla, y la presión contra los migrantes sigue siendo tremenda, hemos visto como se abren centros en Mauritania, y ahora Meloni quiere abrir centros en Albania. Somos exportadores de un modelo de política migratoria que convence y atrae a la ultraderecha de toda Europa, y ese el modelo del estado español, y no ha ido a menos, sino todo lo contrario.
Por último, nos gustaría saber cuales son los proyectos en los que ahora mismo está trabajando Entre Fronteras…
Ahora mismo el proyecto que tenemos en Entre Fronteras es el proyecto de Aminetu Haidar, como sabes se cumplen 50 años de la invasión del Sáhara Occidental, tras el abandono del régimen español del territorio, y creímos que era una oportunidad importante para contar una de las historias más importantes del Sáhara Occidental, que la vincula con España, que es la huelga de hambre de Aminetu Haidar. Creo que es un caso que aborda el pacifismo, la lucha pacífica, los derechos de las mujeres, los derechos de los saharauis, y aborda también la labor de la cultura en su compromiso social y pone de relieve un hecho histórico que fue la huelga de hambre de Aminetu, que puso en jaque al gobierno del Partido Socialista de la época, y además puso también a nivel internacional la causa del Sáhara Occidental, que sigue esperando una resolución, un referéndum, y pese a que el alto el fuego se rompió en el año 2020, todavía hay un pueblo que lleva 50 años en el exilio y que está pidiendo esa libertad, y hemos abordado en un docu-thriller esta historia.
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