Tom Ripley es un criminal por necesidad, al que las circunstancias le van empujando hacia al mal, y a desarrollar su talento para el crimen, al que no puedes evitar tenerle cierta simpatía, ponerse en su piel y desear que se salga con la suya.
Aileen se tiene que enfrentar a un dilema: mentir para proporcionarle una coartada a su hijo, sin saber si es culpable o no, o dejar que sobre él caiga el peso de la ley.
“Josep” es una excelente muestra de cómo se pueden airear los propios fantasmas a través del arte, reflejando a la vez la brutalidad y la ternura, la derrota y la esperanza, como en esos dibujos, instantáneas de la barbarie, del dibujante catalán.
La medida de los tiempos y de los silencios, la habilidad para buscar el ángulo en el que meternos en la escena, son las armas que utiliza este director que bebe directamente de las fuentes de Tarantino, para mantenernos en vilo durante los noventa minutos del metraje.
Mientras el maestro intenta detener lo inevitable, que la ira arrastre al joven Adam y lo lleve por un camino sin retorno, tiene que enfrentarse a sus propias decisiones, a su compromiso con la causa y a sus consecuencias.
La directora busca sus raíces a través de su amistad con el joven deportista, bucea en sus recuerdos familiares, reflexiona sobre el exilio, sobre la identidad, mientras se suceden la imágenes de niños gazatís atrapando fragmentos de libertad en acrobacias imposibles.