Rojipardismo, el montaje definitivo (II)

«Debemos tener siempre en cuenta que el delicado proyecto españolista reposa bajo la contradicción de un estado que se muestra intransigente, brutal y represivo contra los movimientos nacionales de los pueblos que forzosamente el componen, pero que a su vez se muestra sumiso, impotente y servil frente a los designios de la esfera de la OTAN bajo la que apenas puede actuar libremente»

Por Daniel Seixo

«El proletariado debe reivindicar la libertad de separación política para las colonias y naciones oprimidas por «su» nación. En caso contrario, el internacionalismo del proletariado quedará en un concepto huero y verbal; resultarán imposibles la confianza y la solidaridad de clase entre los obreros de la nación opresora y los de la nación oprimida.»

 «Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase.»

Lenin

«Vamos a visualizar el hombre seguro, y por este término, me refiero a un hombre que ha establecido como meta en su vida la seguridad financiera y personal. En general, es un hombre que ha empujado a un lado la ambición y la iniciativa y se instaló, por así decirlo, en una aburrida rutina, pero seguro y cómodo para el resto de su vida. Su futuro no es más que una extensión de su presente, y él lo acepta como tal con un encogimiento de hombros complaciente. Sus ideas e ideales son los de la sociedad en general y que se acepta como un hombre respetable, pero la media es prosaica.»

«El objetivo ya no es para el «cambio» o para el «progreso» o para la «revolución», sino simplemente para escapar, para vivir en el perímetro más alejado de un mundo que podría haber sido.»

Hunter S. Thompson

«Pelayo, huyendo de una patrulla musulmana, remonta el valle fluvial hasta su final en el monte Auseva y se refugia en el entorno de la cueva natural, la cova dominica o Covadonga….»

 

 

Posmodernismo. El montaje definitivo (I)

Todos los pueblos tienen sus mitos, sus relatos compartidos, basados en cierta forma en pulsiones meramente sentimentales, sobre los que nos albores de su propia historia paulatinamente dan comienzo al indispensable proceso de intentar articular un cierto sentido de pertenencia y solidaridad, con el que poder cimentar, no sin prolongadas dificultades, las bases de un proyecto que arroje luz sobre los intereses comunes y de ese modo iniciar el proceso de estructuración de la producción de la vida material, el proceso de vida social, política e intelectual de la naciente colectividad.

De ninguna forma esto debería estrañarnos, ni por tanto debería tampoco resultar llamativo o representable en posibles análisis, si no fuese porque en este preciso momento histórico, nos encontramos de nuevo inexplicablemente sobre el tablero político de este estado, con una parte de ese mismo fantasioso, rancio y arcaico proyecto españolista, basado comúnmente en extravagantes demencias historiográficas aparentemente inmutables al paso del tiempo, acompañadas en esta ocasión –como fiel escudero de la alienación mental y figura típicamente novelesca de la llamada piel de toro– por una facción de la supuesta izquierda española tragicamente inserta en un frente amplio del chauvinismo castellano de siempre, enmascarado en esta nueva aventura quijotesca mediante claros tintes de la ideología izquierdista y una praxis cultural netamente integrada en postulados marcadamente reaccionarios. A este experimento con Coca-Cola y Mentos algunos quisieron denominarlo tradicionalmente como fascismo de izquierdas, otros prefirieron optar por los términos más folclóricos de “ nazbol” o “ rojipardismo“, permítanme que personalmente simplemente lo defina  como la inacabable rabieta de una clase media que ve nuevamente frustradas sus aspiraciones vitales por las siempre tortuosas vicisitudes estructurales de un sistema capitalista. Un sistema capitalista al que curiosamente esa misma clase inconclusa e indefinida nunca ha querido hacerle frente desde posiciones realmente revolucionarias.

Intentaré evitar en la medida del posible en este texto ponerme excesivamente serio o enmarcar mis reflexiones en un supuesto debate en el seno de la izquierda o las posibles preocupaciones de la clase trabajadora del estado español. Evitaré tal formalidad dado que sin duda sería esto un generoso presente para los restos de UPyD, hoy conocidos como Jacobinos, los trileros del Frente hoxhista de Twitch o los últimos fracasos filosóficos del buenismo. Engendros estos que a día de hoy dedican su “participación política” a festejar las efemérides de las numerosas conquistas o masacres de su añorado imperio español sobre diversos pueblos indefensos, al tiempo que comparten espacios y publicaciones con miembros de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES). Todo eso, mientras aseguran ferventemente que en la ilegalización de los partidos y sindicatos de la izquierda soberanista vasca, gallega, andaluza o catalana, se encuentra la verdadera esencia de la futura revolución socialista Hispana.

No podemos por tanto tomarnos en serio esta trasnochada comparsa. No podemos hacerlo, porque si no fuese por la oportuna promoción y difusión de sus postulados por parte de periodistas y medios de comunicación, sin duda cómplices de tal despropósito, estas castizas sandeces no encontrarían acomodo alguno en la seriedad y serenidad del papel. A no ser, claro, que este se tradujera únicamente en un nuevo guión para alguna chabacana y despreciable obra de la filmografía Santiago Segura. En tal caso, todo encajaría seguro de forma más natural. No en vano, obviando el disfraz marxista y las ínfulas intelectuales de estos curiosos personajes, tal desarrollo de españolismo rancio, vacuas consignas y misoginia interiorizada y desaforada entre litros de testosterona y estupidez inusitada, encuentran con certeza mayor acomodo entre los clubes de alterne y las tabernas propias del universo torrentiano, que entre los argumentos de cualquier foro de debate político que pretenda tenerse a sí mismo en la más mínima estima. Aunque como precisamente señalo al inicio de esta exposición del sainete trágico que nos ocupa, a pesar del absurdo del asunto, no son pocos los profesionales de la pluma que a estas alturas parecen empeñados en obviar tal despropósito político ante el que se encuentran, para inexplicablemente prestar su oportuno y oportunista auxilio a tan berlanguiana aventura. Sin duda, sus intereses particulares tendrán para ello.

Resulta con todo «curioso» que toda esta tropa de españolazos y arribistas sin rumbo fijo participes a su modo de la herencia del “atado y bien atado“, basen hoy el amanecer –y a su vez más que posible ocaso– de su andadura política, sin vergüenza alguna y con altas dosis de cinismo, en una supuesta unidad sin privilegios dentro de la nación española y la apasionada oposición acérrima a todo tipo de nacionalismos. Del evidente absurdo de pregonar un supuesto antinacionalismo desde una especie de programa político, basado exclusivamente en enarbolar la rojigualda y el “Una, grande y libre” contra la degeneración progresista y después ya se verá, sinceramente prefiero no tener que vertir opinión alguna en este texto. Contempla una larga trayectoria al reaccionario nacionalismo español y a todas luces este se niega de forma alguna a identificar sus propias miserias. Por tanto, no va a ser el que aquí escribe quien pierda el tiempo intentando hacer ver estos patriotas de Hacendado la prisión y el proyecto nacional fallido que representa la bandera que políticamente los arropa.

En cuanto al engañoso argumento de la unidad sin privilegios, parecen olvidar estos trileros sin talento, que es el abuso económico de Madrid sobre pueblos como el gallego, lo que precisamente da pie a los movimientos de reconstrucción económica y moral de las naciones colonizadas. No se trata esta relación de sometimiento simplemente de una discriminación político-cultural, sino que se basa a su vez en una explotación económica que resulta fundamental comprender de cara a poder  identificar mínimamente el potencial revolucionario de los movimientos soberanistas del estado. A todas luces resulta por tanto imposible lograr la igualdad real que este españolismo proclama, si esta declaración de equidad no viene acompañada por el apoyo directo de los diferentes partidos proletarios a la lucha de liberación de los pueblos oprimidos. Resulta imposible obtener la igualdad entre los pueblos que componen actualmente el estado español, sin liquidar previamente el efecto de la superestructura política y las instituciones culturales de Castilla sobre las naciones sin estado a las que subyuga bajo el actual régimen de la monarquía borbónica.

Imperialismo político y explotación económica, resultan indisociables y es solo mediante la liberación del yugo que somete a los pueblos oprimidos del estado español que podremos establecer una relación de verdadera confianza entre el conjunto de la clase trabajadora de las diferentes nacionalidades. La cuestión de la liberación nacional nunca puede suponer una parte independiente de la cuestión general de la revolución proletaria y solo mediante lo reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos, se podrá en un futuro establecer una justa relación de cooperación entre ellos. Pretender someter al designio arbitrario de un país dominante al resto de pueblos, no es otra cosa que un claro gesto de chauvinismo imperialista. Aderezado en el caso español con los traumas y las parafilias propias de un dominio global exánime, que parece desatarse contra los reos internos su proyecto nacional fallido.

Un grupúsculo de arribistas de la aristocracia obrera, que movidos por el profundo temor a perder sus exiguos privilegios, decidieron movilizar a los mecanismos mediáticos y a sus siempre presentes alianzas entre parte de la burguesía nacional, para intentar engañar la diferentes capas de la clase trabajadora en un proyecto sin duda suicida y irreflexivo

Debemos tener siempre en cuenta que el delicado proyecto españolista reposa bajo la contradicción de un estado que se muestra intransigente, brutal y represivo contra los movimientos nacionales de los pueblos que forzosamente el componen, pero que a su vez se muestra sumiso, impotente y servil frente a los designios de la esfera de la OTAN bajo la que apenas puede actuar libremente. Así Madrid nunca dudará a la hora de embarcar a sus tropas en aventuras bélicas en Yugoslavia, Libia o Afganistán, aplicar cruentas sanciones contra Siria o Cuba, perseguir al gobierno venezolano o incluso traicionar a la causa saharaui, palestina o a su propio pueblo, siempre y cuando las altas esferas militares estadounidenses o los consejos de administración del verdadero poder oculto tras las multinacionales así se lo indiquen. En última instancia, parece que el estado español carece absolutamente de poder o capacidad de decisión alguna fuera de sus fronteras y es quizás debido a eso, que en un rasgo característico del arquetipo de maltratador, decide pagar sus frustraciones imperiales de puertas para adentro.

A poco que se repare en esto, resulta ciertamente ridículo contemplar la sumisión política ante los británicos por Gibraltar, el dominio que Rabat logra ejercer sobre la política migratoria o las alianzas políticas del estado español o como tras aceptar submisamente jugar un partido oficial contra el narcoestado de Kosovo, el búnker hipernacionalista español continúa reaccionando con virulentos aspavientos frente a la más mínima propuesta de libertad para nuestros pueblos, incluso cuando simplemente se pone sobre la mesa la posibilidad de que Galicia, Euskadi o Catalunya, puedan disputar competiciones deportivas internacionales bajo su propia bandera. Resultaría sumamente ridícula e incomprensible tal muestra de bipolaridad e incoherencia, si no fuese porque se trata del errado y lógico discurrir histórico de un viejo imperio encarando la clara recta final de su absoluta decadencia.

No es de extrañar, por tanto, que la estructura política de este torticero españolismo se cimente hoy sobre una falsa historiográfica que recuerda tiempos más gloriosos y la permanente añoranza de lugares mejores que no son sino una clara muestra de la incapacidad de transformación social de la que a día de hoy sigue adoleciendo la izquierda española. Mientras el entorno del 15 M decidió abandonar la vía de transformación social propia del marxismo para centrarse en luchas parciales que pretendían ilusoriamente disputar terreno al capitalismo en el campo de la diversidad, algo claramente contraproducente y que finalizó con diferentes militancias políticas y activismos totalmente asimilados por el sistema, el rojipardismo españolista o más concretamente la clase media nunca culminada y más apegada a una identidad nacional fuertemente definida, decidió a su vez ejecutar un All in en este mismo mercadeo identitario, para dedicarse con exasperación y empeño a defender unos supuestos valores tradicionales aparentemente propios del pueblo español y que sin embargo nunca han resultado apenas reconocibles como propios más allá de Madrid y su periferia.

Hablan en sus supuestos argumentarios estos gurús de lo cañí de un pasado en el que nuestros padres podían acceder cómodamente al mercado inmobiliario, épocas económicamente sin duda más estables y una lucha obrera unida y lejana de las tentaciones posmodernas y los cantos de sirena identitarios de Washington. Hablan de todo eso obviando las barriadas de Barcelona previas a los Juegos Olímpicos, la desesperación del rural frente a prolongada falta de expectativas y el abandono paulatino y efervescente de las nuevas generaciones de su tierra natal. Deciden con eso obviar la reconversión industrial, las horas extra sin remunerar, las constantes privatizaciones, la siniestralidad laboral, la inmigración forzada, los efectos de la heroína entre la clase trabajadora y los inusitados esfuerzos de los hogares obreros para llenar sus paredes con un televisor, un par de muebles y una enciclopedia destinada la que los hijos de la clase obrera pudieran al fin acceder a la universidad.

Olvidan a su vez que un tal Carrillo traicionó al marxismo- leninismo en plena visita al Imperio, la posterior renuncia al marxismo y la poca dignidad restante del comunismo español o la degeneración de un eurocomunismo, que siendo totalmente sinceros, no fue mejor para la clase trabajadora que toda el veneno posmoderno que hoy nos ocupa en extraños y quizás superfluos debates. Añoran un tiempo y una realidad inexistente, unas condiciones de vida supuestamente idílicas que nunca fueron las de la mayoría de la clase trabajadora y lo hacen porque hoy ellos no sufren por los ERE, ni se encuentran tampoco sus códigos postales muy alejados del centro de la capital o esos locales de moda en los que el proletariado pasa a ser simplemente un sujeto social con el que experimentar y con algo de fortuna quizás poder rescatar para mayor gloria académica y profesional de los que alegremente pretender redimilo en sus tesis doctorales. El 15 M o el españolismo izquierdista surgido tras Colón, tan sólo son dos identidades de la misma socialdemocracia impotente y embaucadora de siempre. Dos expresiones de un miedo compartido a abrazar la revolución socialista como arma fundamental para la clase trabajadora.

Y resultan ciertamente peligrosos estos cantos de sirena para la clase trabajadora, no lo son menos para las minorías que según sus criterios no terminan de encajan en la definición tradicional de la sociedad que pretender redimir desde sus caprichosas iniciativas. Quedan así totalmente retirados de sus espurios planteamientos diferentes colectivos que, independientemente de su acierto o desacierto político a la hora de organizarse, nunca deberían verse expulsados a la periferia social o incluso tratados como entes ilegítimos de este tejido comunitario. Referirse al multiculturalismo o el progresismo como enemigos acérrimos al tiempo que son considerados la verdadera cara del capitalismo financiero y no consecuencias o dinámicas propias de esta estructura que nos engloba, simplemente demuestra la estrechez de miras de aquellos que pretenden encontrar en el diferente un chivo expiatorio contra el que cargar la su clasista bilis, la mediocridad de sus postulados políticos y su anodina existencia vital.

Se antoja, por ejemplo, bochornoso y preocupante contemplar como la izquierda de un país con un pasado muy reciente como emisor de migrantes, acepta, adapta y perfecciona en su propio argumentario político, los postulados racistas, xenófobos e intransigentes propios de la más inepta ultraderecha en materia migratoria. Mientras el genocidio del Mediterráneo, los campos de concentración de los CIE’ s o los crímenes de estado como el sucedido en el Tarajal son contemplados con indiferencia o interés menguante y transitorio por gran parte de la izquierda española, esos mismos reductos políticos estructuran sin apenas recato un argumentario en el que el migrante es visto simplemente como un competidor en el mercado laboral o una poderosa arma del capital para regular a la baja los salarios o las condiciones laborales de una clase obrera autóctona. En esa disputa entre oprimidos, en ese enfrentamiento entre facciones de una misma realidad, basa curiosamente el españolismo rojipardo toda su actuación política a día de hoy en materia migratoria.

Resulta indecente ver a los mismos cretinos que acusan a Castelao o al soberanismo gallego de etnicista, enarbolando sin recato alguno la nacionalidad española como supuesto garante del acceso a unas condiciones laborales dignas. Todo eso al mismo tiempo que deslizan la necesidad de levantar mayores muros, dotar a las fuerzas armadas de mejores medios de represión y en definitiva fortalecer sus fronteras para lograr evitar que la puerta por la que diariamente acceden los recursos espoliados a los pueblos africanos, puedan acceder a su vez los hijos e hijas del África negra desheredada por la política imperialista europea. “Building a big, beautiful wall” que diría Trump, para eso han quedado los rescoldos de la socialdemocracia española. Y es que aunque el racismo lo quieran pintar de rojo, no existe en este caso suficiente maquillaje para lograr ocultar las miserias de estos cretinos envueltos en la rojigualda española.

No menos llamativo resulta observar entre los amigos y amigas de tan selecto club chauvinista a diferentes caras del feminismo español o la supuesta lucha anticolonialista residente en este estado. Llamativa porque no todos los días uno puede observar en la misma trinchera a quién considera al feminismo una aberración burguesa nociva para las masas proletarias y a aquellas personas que por lo menos hasta hace poco se definían en sus perfiles como feministas. Ni tampoco del todo común observar al imperialista abrazarse al colonizado, especialmente cuando el colonialista favorece a Rabat en una guerra que masacara a su pueblo. Pero aquí sucede, sucede porque las serpientes del españolismo han utilizado la argucia de sumarse al supuesto combate a la Ley trans, para de este modo lograr atraer a su entorno a una pequeña parte del feminismo que decidió perdonar la misoginia tradicional y el desprecio masculino a la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, para sumar supuestos aliados a la causa contra deríva queer. Abrazadas a la bandera de España y la disputa identitaria, el morado y la racionalidad dieron paso a una travesía incierta en la que una irrisoria parte del feminismo teñido de rojigualdo, ha decidido cruzar el río de la lucha por la igualdad cargado con dos escorpións falócratas peleándose sobre su costado. Aquellos que se niegan a aceptar al sujeto político del feminismo o niegan que la violencia machista exista, pueden envolverse en una u otra bandera, pero sin duda alguna siempre deberían ser considerados enemigos acérrimos de la lucha de la mujer contra la estructura patriarcal. Quien se muestra incapaces de ver tan evidente realidad ante los cantos de sirena de un renacer imperial y una posible aventura parlamentaria, deja claro el interés individual que siempre ha estado agazapado tras sus soflamas colectivas.

Poco podría decir a su vez sobre aquellos que deciden apoyar o directamente sumarse a un proyecto con áurea imperial desde la anticolonialidad y la lucha antiimperialista. Tal despropósito resulta complicado de entender, incluso de lograr encarar sin un sabio diagnóstico profesional y quizás un par de recetas salvadoras para quien se suma inocentemente a tal disparate disociativo. Solo aquel individuo ciego o manipulado por las promesas de repercusión social y mediática puede obviar la clara deriva a la islamofobia y el racismo más cruel y peligroso en unos argumentos que aún en el inicio de su andadura, ya señalan claramente al “otro” como claro enemigo de las tradiciones y la convivencia en el ámbito de una supuesta hispanidad. No se engañen, no es el hiyab lo que combaten estos patriotas españoles, es directamente al extranjero.

El combate al fundamentalismo, sea de la vertiente que sea, solo se puede encuadrar en una reflexión racional, una comprensión profunda y sincera de las causas subyacentes en el mismo y una posterior propuesta seria y activa de políticas y actuaciones sociales destinadas a la integración en una sociedad de iguales en la diversidad. Nunca debemos  compadrear con ideas que buscan ver en el diferente un enemigo, una rareza para asimilar o en última instancia expulsar. Sin lograr atajar las causas del fundamentalismo, sin lanzar luz sobre las disfunciones sociales de tradiciones arcaicas y métodos de convivencia social jerárquicos y autoritarios, jamás lograremos poner fin al problema. Tan sólo estaremos encarando una nueva cruzada sin una solución sencilla. Pero todos conocemos que históricamente siempre le ha gustado al españolismo iniciar una buena cruzada en la que siempre existen intereses particulares que crecen con el sonido de la guerra y el discurrir de sangre inocente. No en vano, la bandera española aún vierte en sus colores la sangre de pueblos inocentes, entre ellos la más reciente la de los pueblos de Irak, Yemen o Libia.

Contempla una larga trayectoria al reaccionario nacionalismo español y a todas luces este se niega de forma alguna a identificar sus propias miserias

En definitiva, para no alargarnos más en una empresa tan despreciable: esta nueva aventura españolista hija de Colón, no es otra cosa que el fanatismo tradicional de la piel de toro desatado en tiempos convulsos. Otra expedición de la irracionalidad, cínicamente bajo la supuesta bandera de la ilustración. Un grupúsculo de arribistas de la aristocracia obrera que movidos por el profundo temor a perder sus exiguos privilegios, han decidido movilizar a los mecanismos mediáticos y a sus siempre presentes alianzas entre parte de la burguesía nacional, para intentar engañar la diferentes capas de la clase trabajadora con un proyecto suicida e irreflexivo. Algo que ante su patente falta de formación y talento, tan sólo pueden lograr mediante un intento de enfrentamiento desatado contra un enemigo externo.

En esta definición de enemigo externo, encontrarán acomodo las remesas de migrantes que, como hicieron nuestros padres, abuelos y gran parte de nuestros amigos, simplemente han escapado y escapan de la miseria del sistema capitalista y la falta de oportunidades fruto de la agenda neoliberal, el colectivo LGTB, los progresistas, las feministas, los soberanistas y poco a poco todos aquellos que se salgan de los estrechos parámetros del que ellos consideran el orden natural de las cosas y la tradición en el estado español. Siempre fue este reino bubónico muy propicio a abandonar el más mínimo conato de revolución social en aras del fragor de las llamas, fruto de cualquier proceso inquisitorial de medio pelo. Y pese al paso del tiempo, en esta misma vicisitud nos encontramos hoy. Seamos cautos y decididos a la hora de impedir el avance de esta falsa izquierda del “ España, una, grande y libre“. Por mera decencia y por el futuro de los nuestros.

… una india enferma, viendo que no podía huir de los perros, que no la hiciesen pedazos como hacían a los otros, tomó una soga y atose al pie un niño que tenía de un año y ahorcóse de una viga, e no lo hizo tan presto que no llegaran los perros y despedazaron el niño, aunque antes que acabase de morir lo bautizó un fraile.

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