¿Qué hace a un hombre? Aliados y opresores

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Por Paula Albornoz

El pasado 12 de noviembre el cantautor británico Harry Styles se convirtió en el primer hombre en ocupar la portada de la legendaria revista de moda estadounidense “Vogue”. No solo eso, sino que también lo hizo con un variado vestuario atravesado por un concepto en común: la feminidad. Vestidos, polleras, escotes y colores pasteles fueron algunas de las prendas más presentes en la sesión de fotos del joven artista. Styles viene experimentando con su guardarropas desde finales de 2015 cuando la boyband de la que era parte, One Direction, anunció que “se tomaba un descanso” por un tiempo indeterminado. Desde entonces, se transformó en un ícono de la moda sin género, participando incluso en campañas unisex de la reconocida marca Gucci. Así, ha logrado inspirar a muchísimas jóvenes y más aún a varones que no se sienten cómodos en lo que el patriarcado establece en cuanto a cómo un hombre debe verse, expresarse y ser.

Por supuesto que esto le ha valido un aluvión de críticas desde los sectores más conservadores de la sociedad, en general bastante alejados de la juventud cada vez más libre y abierta de mente de estos tiempos. Sin ir más lejos, recientemente la comentarista pro-Trump norteamericana Candace Owens twitteó, citando un tweet de Vogue con las fotografías de Styles y un pequeño texto acerca de cómo disfruta jugar y crear con su ropa: “No hay sociedad que pueda sobrevivir sin hombres fuertes. El Este lo sabe. En el Oeste, la feminización constante de nuestros hombres al mismo tiempo que se enseña Marxismo a nuestros hijos no es una coincidencia. Devuelvan a los hombres varoniles”. Harry Styles no ha respondido, pero sí lo han hecho sus fans.

Sin embargo, esto va mucho más allá de un varón rico, blanco y privilegiado vistiendo ropas que, según el machismo, “no corresponden” a su sexo. De hecho, es algo que ya muchos han hecho antes: David Bowie, Prince, Ezra Miller y muchos más, y se va haciendo cada vez más común en la actualidad (incluso, varios de ellos, bastante machistas y predadores en lo personal). La representación es muy importante y puede ayudar a que la juventud toda empiece a romper las barreras impuestas de lo que, supuestamente, es de hombre o de mujer, pero ¿alcanza aquello para deconstruir qué es ser un hombre en este mundo patriarcal y capitalista? ¿es suficiente con animarse a vestir nuevas cosas?

Me parece de suma importancia que los varones desde la más tierna edad sepan que deben ser libres para expresarse y ser como lo deseen: que ni la ropa que usen, los colores o juguetes que les gusten ni su forma de expresar sus sentimientos los invalida como varones o los hace menos. La educación es sin dudas la pieza fundamental para que esto suceda y se normalice. Pero no debe terminar ahí; los varones deben saber también que no son más que las mujeres, que no deben golpear, que no deben violar, que no deben matar. El auge de representantes famosos que difunden mensajes de amabilidad y respeto hacia las minorías es importante; la lucha de las mujeres no tiene sentido si nosotras somos las únicas en aprender y cambiar y los hombres no se mueven de su lugar privilegiado.

Los sectores más conservadores y machistas de la sociedad van a resistir el cambio a toda costa. No obstante, lo que puede ser una crítica hacia un varón por usar vestidos, puede convertirse en violencia física o psicológica  hacia una mujer que no cumple con su “rol” en la sociedad, puede terminar con sus carreras si denuncian públicamente una violación o transformarla en un objeto de odio y críticas masivas simplemente por no cumplir con ciertos estereotipos de belleza, por ejemplo. Pues, como bien sabrán, la sociedad jamás trata de la misma manera a hombres y mujeres. De eso se trata esta jerarquía entre opresores y oprimidas.

El género es la herramienta más poderosa y a la vez sutil del patriarcado para posicionarnos a donde nos quieren: abajo.

El varón no deja de ser opresor por usar vestidos, pero seguramente colabora, aunque sea mínimamente, a empezar a deconstruir la idea tan rraigada en las personas acerca de qué hace a un hombre o a una mujer. ¿Acaso hace al hombre el usar pantalones largos, ser fuerte, no controlar sus impulsos sexuales y no hablar de sus sentimientos? ¿Es que lo que hace a una mujer es usar polleras, ser débiles, limpiar y querer ser madre? Basta con analizarlo un poco para saber que la respuesta es no, y que todo  aquello es socialmente aprendido. Más bien, socialmente impuesto. El género es la herramienta más poderosa y a la vez sutil del patriarcado para posicionarnos a donde nos quieren: abajo.

Entonces, ¿qué es ser hombre? ¿qué es ser mujer?

Esa pregunta ha despertado muchas peleas y odios en los últimos tiempos, tanto fuera como dentro del feminismo. Pero aunque haya un sector que prefiera ignorarlo y no decirlo, tengo la certeza de que todas las feministas sabemos bien la respuesta. Todas predicamos constantemente que queremos mujeres, niñas y niños libres, que sepan que ni la ropa, ni los colores, ni los juguetes, ni los trabajos, ni los talentos ni nada, realmente, tiene género. Es decir, que tanto hombres como mujeres tenemos las mismas capacidades y por ende, deberíamos tener las mismas oportunidades y derechos. Tan simple y complejo como eso. Todo lo demás es cultural, social e impuesto desde que nacemos; que el rosa, que la cocina, que limpiar, que los bebés. No somos eso. Somos lo que queramos ser. No depilarte no te hace menos mujer tanto como usar vestidos no te hace menos hombre (y ni una ni la otra te hacen menos oprimida u opresor).

También la semana pasada la cantante y actriz argentina Ángela Torres subió un video a sus redes sociales dirigido directamente a todos los varones: “Necesitamos que empiecen a levantar la voz. Háganse cargo del lugar que ocupan en la sociedad y decidan transformarlo. No sé cómo no se sienten incómodos con nuestra incomodidad, con lo que tenemos que vivir todo el tiempo”. Este mensaje llegó días después de que un hombre, Sebastián Villarreal, apuñalara a una profesora de baile a la que venía acosando. La víctima está en grave estado, y todas las mujeres estamos hartas de enterarnos de noticias similares (y con peores desenlaces) todos los días. Parece que las únicas en tomar consciencia de la gravedad de la violencia cotidiana hacia las mujeres somos nosotras. Esto es cierto en todos los ámbitos sociales, incluso el del espectáculo. Por eso, la existencia de ciertos representantes positivos que manifiestan activamente apoyar la lucha feminista es importante, mientras sea desde un lugar de respeto y de reconocimiento de sus privilegios.

No es hablar por nosotras, sino escucharnos y luego cambiar en consecuencia.

El cambio del hombre es fundamental para la caída del patriarcado. Necesitamos que reconozcan sus privilegios y usen su lugar en la sociedad para, desde donde estén, ir tirándolos abajo. Necesitamos que reconozcan nuestra lucha y la respeten, no inmiscuyéndose en ella y nuestros espacios de mujeres sino hablando y debatiendo con amigos y familiares, deteniendo conductas abusivas y violentas de otros hombres, rompiendo estereotipos, escuchándonos. Necesitamos que colaboren para que cada vez sea más normal que tanto hombres como mujeres se vistan como quieran, sin reglas, tanto como para que el femicidio deje de ser moneda corriente. Vamos desde lo más pequeño a lo más grande, pues son todas diferentes piezas que ponen en pie al patriarcado. Distintos niveles de un mismo sistema; el sistema que luchamos por derrocar. Más no podemos hacerlo si ustedes, varones, no deciden cambiar también.


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