Pedro Pastor, defendiendo la trinchera de los olvidados con sus locos descalzos en el Rebullón

Crónica del concierto de Pedro Pastor y los Locos Descalzos en la Sala Rebullón, en el Centro Social As Pedriñas, en Mos, celebrado el 29 de marzo

Por Angelo Nero | 15/04/2026

Creo que en este siglo los músicos hemos dejado de ser agentes claves para la política. Hay que asumirlo. La cultura del entretenimiento triunfa y campa a sus anchas. No verlo y no admitirlo sería un error. La gente, cada vez más, usa la cultura para evadirse, no para concienciarse o reflexionar. Pero la tendencia nunca nos ha modelado y no lo va a hacer. Cada uno en su trinchera, la que sea, el éxito pasa por no dejar de ser uno mismo por moda o por negocio.

Así de claro contestaba el músico Pedro Pastor a la pregunta de nuestra compañera Isabel Ginés, sobre el papel del artista en la lucha por causas sociales y políticas, cuando le entrevistó con motivo de la salida a la luz de “10 locos años descalzos”, el disco en el que recoge una década de camino, de cantarle al amor y a la memoria, a la amistad y a las trincheras.

Ya había pasado varias veces por la comarca, pero siempre me encontró apagando algún fuego o rescatando los restos de un naufragio, así que no quise desperdiciar una nueva ocasión, en uno de eses focos de resistencia cultural que es el Centro Social As Pedriñas, en Mos, donde, por pura carambola, había estado en la víspera asistiendo al inolvidable concierto de Villagers of Ioannina City, una banda griega de stoner y psicodélia que mezcla con el folclore heleno.

En Vigo celebraban la Reconquista, pero aún así la Sala Rebullón estaba a rebosar aquella tarde de domingo, a pesar de lo temprano de la cita musical, cuando salieron al escenario los teloneros, el grupo ferrolano Zavala, liderado por Carla Romalde, que nos sorprendió gratamente con su mezcla de electrónica, música tradicional y pop.

Pedro Pastor y Los Locos Descalzos -Chobby Santoro (bajo), Álvaro Navarro (guitarra) y Guillem Arnau (batería)- salieron al escenario con la sala ya caldeada por la actuación de Zavala, y después de agradecer a los de Ferrol su labor para calentar al público, arrancaron con su contundente manifiesto, “Viva la libertad”, que compuso y grabó con el poeta Suso Sudón: “Ayer era ayer, hoy es hoy, que va / El amor viene y va, las cosas buenas se quedan / Pensar no es de locos, pecar no es de tontos / Amar es de gente normal / Amo la libertad, amo a la gente normal.” Con un ritmo de folk-rock que animaba a no dejar de mover los pies, la banda creo una atmósfera cómplice y convirtió el Rebullón, a unos pasos del antiguo psiquiátrico de la ciudad, en una bendita locura colectiva.

Bajó decibelios para entonar “Verde selva”, un canto al amor sin vergüenzas y sin reproches, como un viaje a través de las locuras cotidianas, un derroche de ternura en cada verso, que en el disco rezuma tropicalidad gracias a la voz de Chico César, y que animó a abrazarse a las parejas (y tal vez a algunos que no lo eran): “Amarte con creces, quererte a veces / Pintarte la cara color verde selva / Llevarte a la guerra de mi intimidad / Besarte a destajo, llevarte al trabajo / Echarte de menos toda la madrugada”.

Pedro Pastor ya nos había metido la mano bajo la camiseta para acariciarnos el corazón, y con él en la mano cantó la preciosa “Amar”, uno de esos contratos que firmaríamos con los ojos cerrados: “Que amar sea amistad brutal entendimiento / Confesión de libertad, espacio y tiempo / Que amar sea ternura no amargura / Derroche no reproche / Que amar sea apertura / La cura y la locura.” Hermosa declaración de amor sin ataduras que en el disco tiene la colaboración de la banda argentina de rock psicodélico El Plan de la Mariposa, con los que grabaron también un videoclip delicioso.

Sé que me vas a doler y no me importa / porque sé que me vas a enseñar si me dejo aprender. / Sé que no voy a saber y no importa / si me dejo querer. / Sé que me vas a partir, aún así deshago los miedos, / desarmarás mis esquemas y así aprenderé.” Así comienza “El baile”, otra invitación al abrazo, al aprendizaje, a dejarse llevar, a pesar de las dudas y de los miedos. Esta canción formó parte del álbum “Vulnerables” (2019), donde contó con la colaboración vocal de Lola Membrillo, integrante de Perotá Chingó, para confirmar que Pedro Pastor si sabe elegir las parejas de baile.

Con una mención al pueblo cubano, nos llevó de la mano a la isla rebelde, con “Quererte”, una canción que grabó junto al gran Silvio Rodríguez, para su último disco. “Te quiero y no todo el día / A ratos se me congela / Se me apaga la candela / Se calla la poesía”. Tal vez ahora el cantautor cubano estaría acariciando su AK-47, y soñando con serpientes, pero yo no pude evitar un rapto de nostalgia, pensando en aquel concierto a finales de los ochenta en el parque de Castrelos.

Junto a la cantante colombiana Isabel Rámirez, La Muchacha, grabó en 2021 “Sacar la rabia”, una canción sanadora para combatir ese sentimiento que nos daña: “ Me visita de a ratos con cara e perro, / se apodera del aire de alrededor. / Me hace daño, me ahoga, se instala adentro / y no puedo matarlo porque soy yo.” Una suerte de catarsis a ritmo de chacarera, que se enlazó con “Huapango”, que en su último trabajo grabó con el malagueño El Kanka, y que anima otra vez a bailar con el ritmo huasteco, y un sabroso estribillo: “Que nadie te apague el vuelo, que nada te ate a la silla / Que no pisen tu semilla, que no te ciegue el señuelo / Que no piques el anzuelo, puedas explorar tus dones / Que todo el campo lo abones hasta que nazca tu fruto / Para que cada minuto parezca que son millones.”

El público empezaba a sudar el piso de la sala Rebullón, así que Pedro Pastor y sus Locos Descalzos, nos quisieron dar un respiro, pero sin aflojar en sus letras, con un tema dedicado a nuestra Memoria, “Sin flor”: “No recuerdan qué pasó / Y si recuerdan no lo cuentan bien / No se acuerdan de lo que pasó / Y si se acuerdan mienten / No hay heridas por abrir / Solo heridas ya abiertas / Y este hambre de verdad las alimenta”. Una canción que no habla del pasado, sino del presente, donde impugna la historia oficial: “Una transición a ninguna parte / Nos olvidó, selló el espacio entre nosotros / Una transacción de poder en balde / Colocó a los mismos en cara de otros.

Escorpiano” da título a su álbum anterior, un tema sarcástico sobre la gente que nos pregunta por nuestro horóscopo: “Siempre me preguntan: «¿vos, de qué signo sos?» / Y yo les respondo con el aguijón / Lo que no intuyen es que en verdad / A mí ni fu ni fa lo de la carta astral”, en el que parte desde el escepticismo para acabar pensando que quizás haya algo.

Átame de pies y manos a la cama / Que la tarde te reclama y tengo ganas de verte bailar / Llueve el caos en las aceras, la utopía por bandera / Y la libertad como forma de amar” canta a ritmo de reagge Pedro Pastor en el tema “En Braille”, que cierra su último disco, donde cuenta con la colaboración de los canarios Rupatrupa. “La primera buena canción que escribí en mi vida”, según el propio Pedro, y realmente es pura poesía, una sucesión de versos afortunados que rezuman buenos deseos. Y para dejarnos el corazón todavía más blandito, enlazó este temazo con “Vulnerables”, el mascarón de proa del disco publicado con el mismo título en 2019: “Somos polvo, aunque nos creamos dioses / Somos dioses, si respetamos la vida / Somos vida en cada nota, en cada acorde / Una gota entre millones de partículas.

La banda volvió a animarnos el baile con el ritmo frenético de “Ejercito mi escritura”, una canción que rezuma buen rollo donde reivindica el oficio del compositor: “Escribir es contrariarse / Ponerse en duda a uno mismo / Es frecuentar el abismo / Y aceptarse vulnerable / Para que la verdad hable / Que escribir sea activismo.” En la sala se había decretado la primavera y sobraban ropas y vergüenzas, ya movían las patas hasta las sillas que habían arrinconado en las esquinas. A punto estuvo de incendiarse con “En busca y captura”, que formó parte de su álbum «SoloLuna» (2017), y que Pedro compuso en Colombia, una tierra que respira en cada uno de sus acordes: “Sembrar tu semilla en tierra de nadie / La tierra de nadie que es tierra de todos / La tierra de todas es polvo y cristales / Desde que unos pocos la pueden comprar.”

Desnudémonos / Retomemos el principio / Donde brota la vida / Como semilla sin cáscara / Desnudémonos / Para salvarnos del tiempo / Y que sea la vida / Un manantial sin máscaras”, cantó a continuación Pedro Pastor en “Desnudémonos”, la canción que abría el álbum “Vulnerables”, que nos invitaba a ritmo de cumbia a arrancarnos la ropa y los miedos, a dejar atrás los complejos y a desnudarnos emocionalmente. Un tema reflexivo y bailable, como buena parte de su repertorio.

Con ritmo lento comienza “La puerta abierta”, casi susurrando: “Miro, salvajemente a la gente a la cara, por si una cara, / me cambia salvajemente la vida, sigo, / constelaciones de besos perdidos, por si algún beso, / quisiera quedarse a cenar conmigo.” Pero el tema acelera hasta llevarnos a un ska que celebramos volviendo a poner a prueba el piso del Rebullón. Una montaña rusa de melodías que nos dejaba el corazón galopando como este fuera nuestro último concierto.

Para que non paráramos de mover los pies, Pedro Pastor y los Locos Descalzos, entonaron “Bailando”, con uno de esos ritmos caribeños que parecen sembrarte hormigas bajo las ropas: “Baila, baila, baila / Como si lo fueran a prohibir / Como si no importara / Lo que fueran a decir / Como si no importara / Nada”. A mi ya me dolían los pies, me apetecía tomar una cerveza, pero allí seguía hipnotizado, bailando en aquel aquelarre de buen rollo.

Comenzaba la recta final del concierto, pero la locura no remitía en el Rebullón, y los músicos decidieron, sin salir del Caribe, dar otra vuelta de tuerca con “Sapiens”, una radiografía de la estupidez humana, la frivolidad y la sociedad contemporánea: “Qué poco sapiens / El homo sapiens / Confundiendo el poder con el amor / Acumulando en vano tanta nada / Ignorando que al final todos iremos al cajón / Cuando nos suene la última llamada.

Desde lo perdido, por los apartados, / por los desaparecidos del Estado, / porque no siempre estuvimos a la altura / y puede ser que mereciéramos lo que votamos.” Desacelerando, Pedro recitó “Desaprendiendo”, un largo manifiesto que cuestiona la realidad y nos anima a despojarnos de conductas y pensamientos impuestos, una de las mejores letras del variado repertorio de canciones del hijo de Lourdes Guerra y Luis Pastor, donde se hace notar la herencia de la sangre: “Por las liberadas, por las poderosas, / empoderadas rosas con espinas preparadas / para quien se atreva a opinar sobre sus cosas, / para quienes solo quieran ver esposas.”

Original hasta en los bises, anunció que quedaban tres canciones y cantaron tres más. Hicieron un breve mutis por el foro, y Pedro Pastor volvió a salir antes de que tuviéramos tiempo de llamarlo. Se sentó al borde del escenario, y todo el público le imitó, sentándose en el suelo, y solo acompañado de un pequeño teclado canto “El poder de un beso”, tal vez el tema más intimo de la noche: “Y afuera el mundo no acompaña / todas mirando la pantalla / la guerra que es televisada / y no podemos hacer nada / y yo aquí pensando en tu boca / en tu aliento caliente / la fuerza de tus manos / el imán de tu mente / mientras el mundo gira / y ya casi ni eso / no lo logro explicar / es el poder de un beso.”

Todavía nos mantuvo un rato pegados al suelo, el grupo se sentó junto a él, y continuó con ese arranque de melancolía que es “Mi anarquía” a ritmo lento, como entonando un adiós inevitable, que tenía mucho de hasta siempre: “Y se marchó, y por supuesto no hubo despedida / Y ya no se llevó esperando más de media vida / Y nunca más oiré: «venga, coño», detrás mía / Y se me caen los ojos, piensan en cuando dormía”.

Y entonces llegó, para mí, la más esperada de la noche, “Los olvidados”, uno de esos temas que se te graban en la piel, y que descubrí en la voz de Luís Pastor y Antía Muíño, en el documental “Acordamos”, dirigido por Uxía Senlle, un ejercicio de Memoria a través de las canciones que se materializó gracias a la labor del Departamento de Memoria Histórica de la Diputación de Pontevedra. Y por esas curiosas vueltas que da la vida, Pedro Pastor llamaba al escenario a Uxía, para cantar: “Los olvidados / Los que retumban en la memoria, los perseguidos / De anochecida en mitad del cerro, los exiliados / Los que jamás volvieron a ver correr a sus hijos / Las olvidadas / Las que escondían pan en el mimbre, las perseguidas / Y señaladas en todo el pueblo, las exiliadas / Las que jamás volvieron a ver correr a sus hijas.” Tal vez si hubiese llamado a Rozalén, con quién grabó este tema para su ultimo disco, no hubiese tanta magia, y es que al final hasta Pedro Pastor se atrevía a cantar, como nuestra Uxía, alguna estrofa en gallego.

Para mi habría sido un buen broche de oro para finalizar el recital pero todavía quedaba algunas “Vueltas”, el que da título al quinto álbum de Pedro Pastor, otra invitación a mover el esqueleto, entre la rumba y el vallenato, una canción vacilona y desenfadada, para deshacernos el nudo que nos dejó en el corazón el tema anterior. “Siempre dando vueltas, vueltas por el mundo / Es tan superficial que parece profundo / Siempre dando vueltas, vueltas por la vida / Es todo tan profundo que parece de mentira.”

Y para terminar aquel derroche de buenas melodías y de mejores letras, aquel decálogo de amores y de luchas, nos quiso regalar “Un lugar mejor”, la joya escondida de su último disco, donde a ritmo de salsa cantaba: “Te conozco desde siempre / Desde niños, desde el parque / Te recuerdo incandescente / Me recuerdo a mí cobarde / Te conozco desde antes / De saber que me gustabas / Nunca hubiera imaginado / Lo que el destino guardaba.” Así que tocó gastar lo que quedaba de las suelas, sudar como en un partido la camiseta, regalar sonrisas a los extraños, y esperar que, cuando se encendieran las luces, hubiera algún rostro amigo que quisiera celebrar con una cerveza.

 

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