
La única norma que me impuse fue mantener la libertad de expresión hasta las últimas consecuencias. Quería personajes brutalmente libres. ‘Salvajes’ es una ventana a las fronteras, nada más.
Por Angelo Nero | 20/02/2025
En la península ibérica, durante siglos se le ha perseguido, hasta casi exterminarlo. El conflicto entre el lobo y el hombre ha llegado hasta nuestros días. Pastores y ganaderos, por un lado, naturalistas, por otro, pero también guardas y furtivos, legisladores y vecinos. En Asturias, una de las tres comunidades, junto con Galicia y Castilla León, donde todavía pervive el lobo, sigue abierto un debate que, a veces, se torna violento. El director Álex Galán grabó durante dos años fragmentos de este conflicto en el escenario del Parque Natural de los Picos de Europa, con su inconfundible atmósfera de western, sin caer en la tentación de ejercer de juez, recogiendo los testimonios de aquellos que están a favor o en contra de uno de los últimos animales que no han sido domesticados en la península.
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Entre todos los temas que podías haber elegido para acercarte al mundo rural de tu Asturias natal, elegiste el más polémico, el que despierta más pasiones encontradas, ¿por qué pusiste el foco en el lobo y en las distintas visiones que se tienen de él, y como te planteaste este proyecto, sobre un guion cerrado o este se fue construyendo conforme avanzabas en el rodaje?
Vivo en la zona rural de Asturias y durante los últimos años no paramos de asistir a debates sobre el mundo rural y sus nuevas ocupaciones. Se organizan debates, charlas, coloquios… todos hablan sobre las bondades y desafíos del mundo rural, sobre el choque entre urbanitas y rurales… Me parecía un debate interesante pero a la vez estaba cansado de asistir a discusiones ligeros. Quería ver qué pasa cuando el debate se convierte en conflicto y cuando el conflicto se vuelve realmente crudo. Pienso que es en las fronteras donde las cosas se vuelven más reales. Los lugares fronterizos suelen ser espacios sin tanta parafernalia y es entonces cuando lo que queda se acerca más a la realidad. El lobo es de los pocos temas que no admite medias tintas para casi nadie y rápidamente la gente se encierra en su esquina. Así que me apetecía aportar algo al debate desde la libertad más radical: la de las fronteras.
No quise establecer un guion concreto. Nos echamos al monte a escuchar a los protagonistas del conflicto dejando que ellos marcaran el camino. La única norma que me impuse fue mantener la libertad de expresión hasta las últimas consecuencias. Quería personajes brutalmente libres. ‘Salvajes’ es una ventana a las fronteras, nada más.
En las proyecciones que has realizado del documental, imagino que habrás recogido también posturas muy diversas, pero, ¿estas varían según donde se proyecte, en Onís, en Gijón o en Madrid?
Totalmente. Y eso fue lo más interesante. Me arrepiento de no haber grabado toda la gira posterior de ‘Salvajes’ porque lo cierto es que visitamos pueblos de toda España y se organizaron proyecciones en cines comerciales de grandes ciudades y en iglesias de parroquias de montaña, ¡incluso en cuevas! Fue una gira en toda regla. El viernes teníamos un pase en los cines de Madrid y el sábado en un pueblo de la montaña leonesa, y en los espectadores siempre percibía lo mismo: una gran curiosidad por asomarse a esa frontera y ver qué opina el otro. Hubo proyecciones con debates interesantísimos entre el público, otras con un poco más de tensión… hubo de todo, y efectivamente la reacción cambiaba dependiendo de la zona. Aunque tengo que decir que en Madrid, quizá el lugar más lejano al conflicto, fue uno de los lugares donde más aceptación vi hacia el otro bando después de la película.
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El documental, lo decíamos al principio, tiene ese aire de western que es un denominador común de tus películas, por donde van desfilando personajes que no son ni buenos ni malos, cada uno tiene sus razones, y tu las recoges con igual respeto, ¿para ti era importante mantener ese equilibrio, que la película no se inclinara a favor o en contra?
Es que justamente eso es una de las cosas que más me gusta del western. Los personajes son radicalmente libres. Para hacer el bien o para hacer el mal, pero son genuinos. Llevar ese concepto al documental me interesa porque es la mejor forma de no ser condescendiente. Un documentalista no está ahí para juzgar a nadie. Tú vas con tu cámara, escuchas y tratas de reproducir la historia lo más pura posible. Y sin embargo eso no significa que no te vayas a posicionar porque siempre lo vas a hacer de una forma u otra. Yo puedo posicionarme hacia un lado u otro de la historia. Puedo opinar que matar lobos está bien o está mal. Pero lo que nunca hago es juzgar a los protagonistas porque ellos tienen su propio rasero y yo no estoy ahí para valorarlo.
Hay furtivos con pasamontañas, naturalistas acosados, guardas expedientados, pastores jóvenes y viejos, pero sobre todo hay un personaje que nos hechiza, que es el paisaje de los Picos de Europa, acogedor y agreste, calmo y violento, ¿esa naturaleza salvaje, en la que se desatan los conflictos de los hombres, es la verdadera protagonista de la película?
Sí, y eso también forma parte del western. Posiblemente es el género cinematográfico que más ensalza los espacios naturales. En la película intento que las montañas sean un personaje más con su belleza y su hostilidad. En Asturias las zonas de montaña pueden ser mucho más salvajes de lo que el visitante percibe y eso incluye a las personas. Me gusta la naturaleza en todas sus formas, si grabase un documental en la Antártida no podría ignorar a los pingüinos y seguramente las personas me importarían muy poco, en cambio cuando ruedas en lugares como Picos de Europa la naturaleza incluye personas. Tienen una fuerte presencia y me gusta retratar a esas personas tal y como es la naturaleza: pura y sin juicios. En ‘Salvajes’ miro a las personas y a la naturaleza de la misma forma.
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En “Salvajes” apenas aparece el lobo, aunque está siempre presente en todas las conversaciones, ¿es algo intencionado, o se debe a la dificultad de lograr imágenes de estos animales en los lugares donde rodasteis?
Al principio tenía la intención de incluir secuencias con lobos. Observación del animal, comportamiento, seguimientos… pero pronto me di cuenta de que era irrelevante. El conflicto del lobo no tiene que ver con el animal sino con las personas y con nuestros modelos de existir. Incluir al lobo en el documental sería estúpido porque el lobo tiene nada que decir en el debate, él hace lo que hace un lobo, no hay que pedirle explicaciones. Así que me pareció mucho más potente dejar que el lobo fuese un ente que sobrevuela la película, algo que sabes que está ahí porque ves sus rastros, deja animales muertos, deja discusiones y debates, desata conflictos… pero no lo ves. Creo que la presencia palpable genera algo más poderoso en el espectador que una imagen de las que ya hemos visto miles de veces.
En la película subyace también la denuncia del abandono del mundo rural por parte de las administraciones, de las dificultades que tienen sus habitantes para subsistir, ¿el lobo, al final, actúa como una excusa para poner sobre la mesa ese abandono?
El lobo es una excusa genial para todo lo que ocurre en el mundo rural. Y ambos bandos caen en la trampa. Por un lado los conservacionistas demonizan a los habitantes del mundo rural por querer matar lobos cuando precisamente son los habitantes del mundo rural quienes sostienen un sistema infinitamente más conservado que las ciudades. Y por el otro la gente del mundo rural demoniza al lobo cuando su principal enemigo es un mercado que los está asfixiando hasta hacerlos abandonar, pero es más fácil culpar al lobo. Por supuesto que el animal causa daños irreparables, pero la ganadería y la agricultura auténtica están desapareciendo también en zonas donde no hay lobos. Y ni siquiera es una cuestión de abandono, sino de practicidad. La autosuficiencia de los pueblos no interesa. Cuando menos autosuficiente sea un vecino más consumista será, así que ninguna administración va a tomar medidas reales para que los pueblos puedan mantenerse. Harán que llegue el turismo y el internet para poder teletrabajar, pero dejarán caer al sector primario con lobo o sin él.
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Ahora el documental puede verse en plataformas como Filmin y Movistar, pero antes ha recorrido salas de todo el país, y también ha tenido presencia en festivales, en alguno con premio incluido, ¿cuál ha sido el recorrido de la película, y la respuesta que ha tenido entre el público y la crítica?
Desde su preestreno en FICMEC ya notamos que la película conectaba con el público. Estrenar en el festival de Tenerife era una prueba de fuego porque allí el tema del lobo les queda bastante lejos, sin embargo agotamos entradas y nos llevamos el premio del público y la mención especial del jurado. Después llegaron los cines y se confirmó. Los documentales raramente llegan a las salas comerciales y ‘Salvajes’ se convirtió en uno de los 10 documentales del año, que para un proyecto independiente rodado en Asturias es algo inesperado. Hubo algún festival más, cruzamos el charco a Cuba y estuvimos nominados en la Green Film Network de Austria y en el festival cine Western de Almería.
Esos dos festivales opuestos representan un poco lo que es ‘Salvajes’.
Pero sin duda lo que más disfruté del recorrido fue esa gira por la España profunda en cuevas, iglesias, ferias ganaderas y convenciones de naturaleza. Mucho más divertido y enriquecedor que los cines.
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