Nadar, de Carla Subirana: bucear en el pasado familiar, para sacar a la superficie la memoria colectiva

Carla Subirana se pone en la piel de una “detective de la memoria”, y bucea en los archivos para intentar completar ese puzzle en el que las piezas, los recuerdos de su abuela y de su madre empiezan a faltar, para intentar averiguar porqué fusilaron a su abuelo

Por Angelo Nero

Todas las familias tienen secretos. Mi abuelo fue fusilado tras finalizar la guerra civil, y nunca nadie ha sabido nada. Como documentalista estoy interesada en investigar esta historia. La persona que me puede facilitar la búsqueda es mi abuela Leonor, pero sufre una enfermedad degenerativa cuyo principal síntoma es la pérdida de la memoria. Este hecho me obliga a buscar documentación en archivos, hablar con testimonios, historiadoras y sobre todo ahondar en mi historia personal, una familia de mujeres solas, para así reconstruir una vida de la que solo tengo como pista un número.

La primera sorpresa que me levanto es al descubrir que mi abuelo, Juan Arroniz, fue fusilado por cometer tres atracos a mando armado. ¿Por qué lo hizo? A los resistentes, el régimen franquista les hacía pasar por delincuentes comunes para amagar la existencia de un movimiento de resistencia. Entonces, ¿Era un anarquista convencido o simplemente era un vulgar ladrón?.

A medida que avanzo en la investigación me doy cuenta de que estas preguntas son imposibles de resolver, mi abuelo es como una pastilla de jabón que siempre acaba por escurrirse. Ha transcurrido demasiado tiempo. Una única foto de un hombre con sombrero será la recompensa. Este viaje personal me llevará a reflexionar sobre la pérdida de la memoria histórica y la búsqueda de la propia identidad. Pero sobre todo cómo afrontamos las generaciones posteriores la reconstrucción del pasado.”

Así presentaba su primera película “Nadar” Carla Subirana, estrenada en 2008, que muchos descubrimos este año gracias a la deslumbrante “Sica”. En este primer largo documental, la directora catalana se sumerge en su propia historia, a la vez que la memoria de las mujeres de su familia, su abuela Leonor y su madre, se va desvaneciendo, por lo que tiene que nadar a contra corriente, para intentar recuperar esos recuerdos que le desvelen un secreto que se ha mantenido guardado en el baúl de la memoria durante décadas, la historia de su abuelo, Juan Arroniz, fusilado en Barcelona en 1940.

Nadar” es un viaje a la memoria, un viaje que, desde lo personal, desde lo familiar, interpela a la memoria colectiva, a la de toda una generación que tuvo que refugiarse en el silencio, un silencio alimentado por el miedo a ser señalado, a llevar grabado el estigma de ser familiar, o amigo, o compañero de alguien que había sufrido la represión franquista. Y ese silencio ha convertido nuestra memoria en un queso de Gruyère, con agujeros que cada vez son más difíciles de cubrir, por eso trabajos como el de Carla Subirana siguen siendo necesarios, imprescindibles. Aunque, lamentablemente, queden muchas historias sumergidas que, a falte de alguien que las saque a la superficie, quedarán siempre en el fondo de la memoria, como si nunca hubiesen existido.

Carla se pone en la piel de una “detective de la memoria”, y bucea en los archivos para intentar completar ese puzzle en el que las piezas, los recuerdos de su abuela y de su madre empiezan a faltar, para intentar averiguar porqué fusilaron a su abuelo ¿era un atracador de bancos, un delincuente común, o en realidad era parte de la resistencia a la dictadura que acababa de instaurarse en España? Y, en medio de su investigación, nos ofrece una serie de cortes de ficción, que son puro noir, con lo que se imagina que pudo haber pasado en la historia de su abuela Leonor y Juan Arroniz, un detalle que nos ayuda a transportarnos a aquella época y a entender a sus protagonistas.

Poco a poco, tirando del hilo de la memoria, va encontrándose con corrientes subterráneas, y recuperando el ecoar de lejanas luchas, como la de los anarquistas que la historia quiso enterrar, al descubrir que su abuelo era uno de aquellos libertarios que soñaban con la revolución, y saca a la superficie la voz de los olvidados, de los que se sienten herederos de la historia de la CNT y de la FAI, a pesar del poso amargo de saber que su tiempo ha pasado.

El tiempo también juega en contra de Carla, durante toda la película, ya que intenta recuperar los restos del naufragio de la memoria de su abuela, primero, y de su madre después, asirse a ellos para no perder su propia historia, una historia que, en definitiva, es también la que legará a su propio hijo, nacido durante el rodaje de “Nadar”, una historia que nos lega también a todos los que nos acercamos a su documental, y que, al acabar de verlo nos preguntamos por nuestro abuelo, porque en todas las familias hay secretos, y en la nuestra también hay agujeros en la memoria, que nadie se atrevió a cubrir.

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