Internacional | Ahed Tamimi: David contra Goliat

Por Daniel Seijo

“Somos una generación que se asienta en la tierra pero sin el casco de hierro y el cañón de fuego no podremos plantar un árbol o construir una casa”.

Moshe Dayan

“Tras 63 años de sufrimiento: basta, basta, basta. Es hora de que el pueblo palestino consiga su libertad y sus derechos. Ha llegado la hora de la primavera palestina, de la independencia”

Mahmud Abbas

 

Cerca del 20% de la población de los territorios palestinos ocupados ha pasado por las prisiones israelíes desde junio de 1967, entre ellas 15,000 palestinas, muchas menores de edad que han terminado en prisión en una región del mundo en donde acudir a clase cada mañana, comprar en el mercado o un simple movimiento sospechoso, puede ser motivo suficiente para perder la vida.

Palestina forma parte de esas regiones del mundo donde apretar el gatillo para arrebatarle el futuro a una persona –o a todo un pueblo– no levanta grandes titulares, ni tampoco provoca excesivas sanciones diplomáticas por parte de la ONU. Ahed Tamimi no ha sido portada de los grandes medios internacionales, su cara no engalanará los ayuntamientos de las ciudades europeas como sí lo hizo el rostro de Henrique Capriles, ni tampoco será tampoco en los debates políticos como ejemplo de la barbarie de un régimen antidemocrático, pero la lucha de esta joven palestina es una de las más dignas jamás libradas: la lucha por el derecho a la libertad. Cada año Israel encarcela por los más variopintos motivos a cientos de niños palestinos, pero en el caso de Ahed la maquinaria militar y mediática del sionismo no ha logrado impedir que al calor de las nuevas tecnologías, la imagen de esta joven palestina plantando cara desarmada a su ocupación diera la vuelta al mundo antes de que el pasado martes 19 de diciembre fuese detenida tras allanar su hogar. El silencio esta vez llegaba demasiado tarde.

El fiscal del tribunal militar israelí que juzga a Ahed Tamini ha pedido acusar a la menor palestina de tan solo 16 años de edad de doce delitos, poco importa para la justicia del que dice ser el pueblo de dios que media hora antes de que la menor presenciase como allanaban su propia casa, un soldado le hubiese disparado a uno de sus primos –de tan solo 14 años– en el rostro con una bala de acero recubierta de goma que lo dejaba en estado de coma. Tampoco parece importar demasiado que eso se produzca en un contesto en el que desde 1987 más de 10.200 palestinos hayan muerto –a menudo en homicidios injustificables– y en donde 50.000 viviendas y estructuras han sido demolidas durante la ocupación, hoy más de 600.000 colonos israelíes viven en tierras palestinas ocupadas. El verdadero delito cometido por Ahmed es el de haberle propinado una sonora bofetada en la cara a un estado al que España, la Unión Europea e incluso el propio Estados Unidos temen incomodar, su acción fue un golpe directo al orgullo y la prepotencia del ejercito israelí, un golpe por tanto al orgullo de un estado inmerso en una espiral de locura que lo ha llevado a someter al pueblo palestino a un confinamiento tan solo comparable con el régimen del apartheid sudafricano o con el calvario sufrido por el pueblo judío en el Gueto de Varsovia.

Los ojos de la bestia del totalitarismo y la locura militar se posan hoy sobre el pueblo palestino del mismo modo antes que se posaron sobre el pueblo judío durante la ocupación nazi de Europa

Encerrado tras un muro que pretende expulsar al pueblo palestino de su tierra –pero que sin embargo no ha conseguido otra cosa que  hacer hoy su causa más global, más abierta al mundo– ha sido precisamente el estado de Israel el que finalmente se ha visto alejado del mundo, apartado al menos de la comprensión de sus pueblos, aunque puede que no tanto de las de los gobernantes que dicen representarlos. Hace ya mucho tiempo que David tornó cruelmente en Goliat, y desde el inolvidable sufrimiento del pueblo judío durante el Holocausto vivido en Europa durante la IIGM –en donde la dictadura nazi asesinó en Campos de concentración a cerca de seis millones de judíos– hasta el arresto de Ahed Tamini en un contexto de ocupación ilegal israelí en palestina, han pasado demasiadas cosas: continuas incursiones que terminan en asesinatos impunes de ciudadanos palestinos, masacres como la de Sabra y Chatila, guerras, intifadas, usurpación, muertes, ocupación…Los ojos de la bestia del totalitarismo y la locura militar se posan hoy sobre el pueblo palestino del mismo modo que antes se posaron sobre el pueblo judío durante la ocupación nazi de Europa.

Imaginate vivir en un entorno en donde más de 4,9 millones de personas superan cada día con serias restricciones para desplazarse debido a la ocupación militar que sufre tu nación, imagina por un segundo que cualquier día, sin motivo o aviso previo, una grúa militar puede expulsarte de tu casa y derruirla, imagínate entonces que te conviertes en uno más de los millones de desplazados palestinos que han dejado atrás su vivienda, las tumbas de sus familiares, su vida, una realidad separada para siempre tras las fronteras o tras una simple valla y un control militar que puede llegar a transformar escasos metros en una distancia insalvable.

En ese marco continuo, una joven palestina de 16 años de edad perdió la calma tras enterarse de que un nuevo ataque contra su familia podía costarle la vida a un nuevo familiar, y sí, entonces uso sus manos, la única herramienta de la que disponía en ese momento para mostrar resistencia, para sublevarse ante la barbarie. Una adolescente desarmada contra dos soldados  equipados con su equipo de protección parece motivo suficiente para que el ejercito israelí decida imponer su divina justicia, después de todo, hace ya tiempo que gran parte de la población y el gobierno israelí no consideran a los palestinos como iguales, y cuando uno ve en el otro simplemente un enemigo que no es digno, cualquier falta de consideración por parte del mismo supone una buena excusa para aplicar un castigo ejemplar. Debiera comprender el pueblo israelí mejor que nadie que nunca la violencia ha logrado arrebatarle la voz a los pueblos oprimidos del mundo, que el fanatismo ciego en una raza o en un pueblo –por muy elegido que este pueblo se crea– lleva a menudo a la barbarie contra las naciones que lo rodean.

No se trata de un problema de religiones, no es un problema entre judíos y musulmanes, sino una guerra abierta entre Israel y la nación palestina por el control del territorio. El poder militar, el apoyo de Estados Unidos, y las reclamaciones históricas basadas en relatos bíblicos soportan el relato del estado de Israel, mientras que las raíces familiares con la tierra, la resistencia común como pueblo y la sangre derramaba por sus habitantes reclaman el derecho del estado Palestino. A priori la lucha puede parecer injusta, pero el puño en alto de Ahed Tamini ante la ocupación, la resonancia de su resistencia en un momento en el que el conflicto se ha agudizado durante las últimas semanas, la esperanza de su sonrisa frente al tribunal militar que la iba a juzgar, nos hablan de un pueblo que jamás renunciará a sus derechos, nos hablan de la profunda ignorancia de un estado que pretende silenciar los gritos de libertad con represión. Nos habla de piedras contra balas, de un campeón caído ante una niña.

Fawzi al JunaidiAhed TaminiMohamed Al Durrah…Son ya demasiados los  niños que han puesto rostro al dolor bajo una ocupación militar en donde la inocencia es un lujo que desde muy pronto uno no puede permitirse. Cada año según datos de la ONU, cientos de niños palestinos son detenidos por Israel, a su vez gran parte de esos niños denunciaran haber sufrido diferentes tipos de maltrato durante su cautiverio, pero en un estado donde ser palestino puede ser considerado en si mismo un delito sus testimonios nunca serán tenidos en cuenta por las autoridades israelíes. Entre los más jóvenes, también el orgullo se persigue.

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