Una sociedad que se pone a discutir sobre un concepto y no lo hace sobre las realidades que están detrás de él es una sociedad que ha mordido un anzuelo lingüístico de ultraderecha.
El genocidio armenio no tuvo su juicio a las juntas ni sus juicios de Núremberg. La creación de la Turquía moderna, fundada sobre la sangre de armenios, griegos, asirios y otras minorías con absoluta impunidad, sentó las bases de nuevos crímenes.
El 1 de mayo de 1886 marcó un punto de inflexión. Ese día, miles de trabajadores en Estados Unidos iniciaron una huelga masiva para exigir la jornada de ocho horas.
El proyecto contempla una inversión «público-privada» de 170 millones de euros en diez años. Suena equilibrado en plan amiguetes bien avenidos. Conviene desmenuzarlo.
Lejos de ser una víctima indefensa atrapada en el fuego cruzado, los Emiratos Árabes Unidos han desempeñado un papel crucial del lado de los agresores de Estados Unidos e Israel.
La ideología posmocapitalista abomina de la Modernidad, lo cual explica su empeño en achacarle todos los males habidos y por haber, reales o imaginarios. Pero lo que les molesta de ella se resume en tres palabras: libertad, igualdad, fraternidad.