Forneo: «En Rumanía hay nostalgia por el socialismo porque se sufre la terapia de choque neoliberal.»

Por Oriol Sabata

José Luís Forneo es un profesor madrileño que vive y trabaja en Bucarest. En su blog Un vallekano en Rumanía, publica información histórica de la República Socialista de Rumanía (1965-1989) y reflexiones sobre la cultura rumana. También nos habla sobre la situación que vive actualmente la clase trabajadora del país después de, como afirma en su sitio web, “más de 30 años de saqueo capitalista”, en referencia al golpe de Estado contrarrevolucionario de 1989 que asesinó al Jefe de Estado Nicolae Ceausescu y restauró el régimen de mercado.

José Luís, en una entrevista afirmas que actualmente en Rumanía existe una brutal y continua propaganda desde los medios de comunicación para criminalizar la etapa comunista. Esta ofensiva mediática, a pesar de ser global, se recrudece de manera especial en aquellos países ex-socialistas que habían formado parte del Bloque del Este. ¿A qué crees que es debido?

La razón principal es que todavía existe una gran base de nostalgia de la época socialista, algo lógico porque se está viviendo en carne propia la terapia de choque neoliberal impuesta desde el golpe de Estado de diciembre de 1989, lo que ha provocado un desastre económico para la clase trabajadora que, a grandes rasgos, se puede resumir en algunos datos como por ejemplo que de casi 9 millones de puestos de trabajo existentes en 1990 quince años después quedaban apenas cinco, o que Rumanía sea el país con mayor porcentaje de población huida del país por motivos económicos (un 20% de los rumanos se han visto obligados a emigrar desde 1990) , o que el 73% de los rumanos ganen menos de 500 euros brutos al mes, con los que tienen que sobrevivir con las condiciones de una escasa producción local y gran importación de productos manufacturados de las potencias de la Unión Europea (es decir, con precios bastante altos).

En definitiva, con estas condiciones, es lógico que sea necesaria una propaganda anticomunista brutal para evitar que las masas que apenas pueden llegar a final de mes no echen la vista atrás. Por otro lado, es esencial el papel de la socialdemocracia, el PSD (Partidul Social Democrat) rumano, que ha sido hasta ahora el partido más votado en cada una de las elecciones parlamentarias. Su papel es esencial como amortiguador del descontento, ofreciendo migajas de reforma social para los más desfavorecidos, pero frenando al mismo tiempo cualquier cambio real. De hecho, la propaganda mediática suele identificar a este partido con el Partido Comunista Rumano, como si se tratara de su heredero, con el fin de que todo el descontento actual con el régimen capitalista sea amortiguado por este partido.

Durante el período comunista, Rumanía experimentó un notable desarrollo económico y social. ¿Cuáles fueron las medidas que se tomaron que hicieron posible este progreso?

Es una pregunta complicada y muy amplia. Podría decirte que se cumplieron los cuatro puntos definitorios de la política social y económica de un sistema comunista, como describe en La estructura de la sociedad socialista L. Degtiar: mejorar las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores, hacer cada vez más plena los principios de justicia social, fomentar la paz entre las naciones y terminar con el imperialismo y fortalecer la amistad entre los diferentes pueblos del país.

El primer punto se cumplió con creces, puesto que de un país casi feudal, la Rumanía de 1940, en el que las condiciones de los campesinos eran medievales, la industria era muy pequeña y en manos de potencias extranjeras, y apenas existía la posibilidad de sanidad o educación para los rumanos, se alcanzó en poco tiempo el pleno empleo, se desarrolló la producción nacional, convirtiéndose Rumanía en los años 80 en un país prácticamente autosuficiente, potencia exportadora de productos industriales, y con la posibilidad de cada rumano de acceder, gratis o a un precio irrisible, a la educación superior, a la sanidad de calidad, al ocio y a la cultura. Igualmente, se dice que la Casa del Pueblo, la obra dejada inacabada en 1990 y hoy sede del Senado y del Parlamento rumanos, entre otras instituciones, además de ser el edificio más visitado de Rumanía, fue construido con herramientas y materiales exclusivamente rumanos.

Rumanía se convirtió, además, como parte de su política exterior, en líder del movimiento de los países en desarrollo, como ejemplo de solidaridad entre las naciones, y aplicó políticas para acabar con las desigualdades económicas y sociales entre los pueblos y etnias locales. Por ejemplo, la República Popular Rumana fue una de las pioneras, como en realidad todos los países socialistas, en intentar resolver de una vez por todas la discriminación a los gitanos, algo que después de 1990 se ha convertido de nuevo en un problema creciente de segregación y exclusión, con la complacencia de las autoridades públicas. Por último, la República Popular Rumana se esforzó en otorgar autonomía regional a las diferentes etnias o naciones, como es el caso de la Región Autónoma Húngara, en Transilvania, de nuevo un conflicto permanente y creciente desde la reinstauración del capitalismo.

En definitiva, toda la política del Partido Comunista Rumano, del sistema político de Rumanía, se dedicó a acabar con toda explotación y a seguir las consignas de “cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. Los trabajadores no solo eran considerados fuerza productiva, como en los regímenes capitalistas, sino que se tenía como objetivo el reparto de la riqueza. Lógicamente, no fue un camino fácil y tampoco se consiguió al 100%. Lo cierto es que en las tablas del crecimiento industrial y de la renta nacional de los años 60 a 90 se puede comprobar como la riqueza en los países socialistas se incrementó a un ritmo más acelerado que en los capitalistas, aunque lógicamente no había grandes fortunas porque el beneficio tenía un carácter social y se repartía entre los que eran productores y, finalmente, destinatarios de la producción, y además tras el golpe de 1989 la pobreza se incrementó gravemente, como se ve en los datos del mismísimo Banco Mundial, para nada sospechoso de apetencias socialistas.

Es cierto que al final la advertencia de Stalin sobre el pernicioso distanciamiento entre el pueblo y el partido, con su famosa referencia a Anteo, acabó creando una brecha que provocó que las embestidas del capitalismo en los años ochenta acabaran derrumbando todo el edificio socialista. Un edificio que, treinta años después, sigue siendo un objetivo lejano tras la aplicación de las terapias de choque neoliberales en todo el mundo socialista. Algo que también pasó en Rumanía, cuando el golpe de Estado de 1989 fue ejecutado desde la élite política, con la ayuda exterior, y sin que los trabajadores tuvieran apenas capacidad de resistir el ataque.

¿Cuál es el balance que haces tras más de tres décadas de restauración capitalista en Rumanía? ¿Qué impacto ha tenido la vuelta del liberalismo en los derechos y las condiciones de vida de la clase trabajadora del país?

Aunque la propaganda repita una y otra vez que los rumanos viven mejor, lo que se puede aplicar ciertamente a una minoría, en realidad hoy los rumanos disfrutan de menos derechos básicos que en la época socialista. En especial, aunque tengan el tan mediatizado derecho a viajar fuera del país (como turistas pero, sobre todo, como mano de obra barata), el acceso a la vivienda, antes garantizado, hoy es cada vez más difícil para los jóvenes, suponiendo en general la compra o el alquiler de un apartamento gran parte de sus bajos salarios. En la época socialista la cultura y el deporte, por ejemplo, estaban presentes, como derecho, en todas las etapas de la vida de una persona, favoreciendo las instituciones su acceso y disfrute.

Por supuesto, la clase trabajadora rumana también sufre las mismas consecuencias que el resto de los trabajadores del mundo desde la caída de la Unión Soviética: el proceso de recortes continuo de los derechos conquistados, salariales, laborales o relativos a la salud o a la educación. Por supuesto, hoy día la jornada de ocho horas es un mito para la mayoría de los rumanos, y las horas extras, no pagadas, son el pan nuestro de cada día. El desempleo, que antes de 1990 era tema de conversación entre los rumanos para intentar entender qué era tal cosa extraña, debido a que en Rumanía no existía, hoy está presente en la vida cotidiana de la sociedad y ha obligado a millones de rumanos a huir del país por motivos económicos (por supuesto, la propaganda dice que ha sido una elección libre).

En 2007 Rumanía entró en la Unión Europea. A menudo desde los círculos políticos y mediáticos capitalistas se lanza la idea de que la UE es sinónimo de modernidad, democracia y libertad. Sin embargo, el ingreso de Rumanía estaba condicionado a la imposición de un conjunto de reformas de carácter neoliberal. ¿Cómo ha afectado esto a la clase trabajadora?

Todos sabemos cuales son los principios fundamentales de la Unión Europea, que no es más que una unión al servicio del mercado y, por lo tanto, de la explotación de sus trabajadores. La modernidad consiste en poder comprar, si tienes dinero suficiente, productos variados y que, en gran parte de los casos, no sirve para nada útil. La democracia se reduce a votar cada cierto tiempo y, por supuesto, sin que se ponga en riesgo al sacrosanto mercado. Y la libertad es la de hacer lo que te venga en gana siempre que no pongas en peligro el sistema. La propaganda repite una y otra vez que los rumanos eran vigilados por la policía durante la época comunista, pero obvia apenas decir que hoy el espionaje telefónico y mediante las redes sociales a los ciudadanos es continuo y masivo. Recientemente la Unión Europea tuvo un rifirrafe por este motivo con Facebook o lo tuvo con la CIA, pero no porque esté empeñada en dejar de espiar a los ciudadanos, sino porque le molesta que sean otros los que lo hacen (más o menos lo que sucede también con las acusaciones hacia Huawei). Una noticia del año pasado, sobre la que la propaganda corrió un tupido velo, fue que millones de rumanos eran victimas de escuchas telefónicas por el propio servicio secreto (actual) rumano, el SRI espió en 10 años a más de seis millones de rumanos mediante escuchas telefónicas, noticia ofrecida por el propio gobierno. Por supuesto, en este caso, la noticia fue empujada hacia el olvido y jamás se harán películas al respecto.

De hecho, la integración en la UE sirvió, principalmente, para que Rumanía perdiera totalmente su soberanía, pues las políticas aplicadas y aprobadas por los órganos “representativos” del pueblo rumano se ajustan, a pies juntillas, con los dictados de Bruselas, y en el caso de que en algún caso, por error o intencionalmente, se alejen unos milímetros de la línea marcada, la UE da un golpe sobre la mesa. Todo esto no hace más que perjudicar a los rumanos, pues todos los tímidos intentos de mejorar las políticas sociales, en vez de continuar con los recortes obligados, son cortados radicalmente por Europa, con la inestimable ayuda de los medios de propaganda rumanos (periódicos y televisiones).

La principal ventaja obtenida por los rumanos por la integración fue su facilidad para viajar y, por lo tanto, también para que se intengren como mano de obra barata en el mercado europeo, quedando el mercado interno rumano para que las multinacionales extranjeras puedan ahorrar costes trasladándose aquí desde su país de origen (muchos call-center, talleres textiles especializados en pequeñas partes de productos alemanes o españoles – Inditex tiene cierta presencia también aquí -, o fabricación de piezas de los vehículos de las grandes automovilísticas de Europa). Por ejemplo, Rumanía es, según datos de Eurostat, el país de la UE con mayor porcentaje de trabajadores pobres (un 15,3%), el 57% de los jubilados rumanos sobrevivía, según los datos de 2019, con menos de 220 euros mensuales y, en general, se puede decir que la realidad es que, tras 13 años de integración en la UE, los rumanos viven hoy peor. Las estadísticas muestran que Rumanía ha entrado en una etapa de subdesarrollo estructural después de la adhesión (aunque lo cierto es que en los 10 años previos, tras el golpe de Estado de 1989, ya se había destruido la industria nacional y la mitad de los puestos de trabajo para allanar el camino). Si se quiere leer más sobre los datos, se puede consultar mi blog, Un vallekano en Rumanía.

En tu último artículo denuncias que tras tres décadas de capitalismo Rumanía se ha convertido en el paraíso europeo del tráfico de mujeres. ¿Era esta la libertad que tanto pregonaba el capital?

La libertad ahora es la de venderse al mejor postor. Siendo el país más pobre de Europa (salarios, pensiones, trabajo), es normal que la gente solo pueda pensar en sobrevivir y, la minoría privilegiada o los que tienen una posición intermedia, se dediquen prácticamente a seguir ganando más dinero sin ningún escrúpulo. La ideología impuesta es la de la ley del más fuerte. Por eso no hay apenas movilización social, entre otras cosas por la falta de sindicatos de clase, que se han destruido literalmente desde el golpe de Estado, existiendo hoy día tan solo algún que otro sindicato gremial. Es habitual, por cierto, que en las empresas se diga a los empleados directamente que no se permite sindicarse, sin que nadie se esfuerce en hacer nada para denunciarlo y, por supuesto, con el conocimiento y complicidad de las autoridades.

Todo lo anterior también sucede por la ideología individualista que poco a poco, por el bombardeo mediático específico, pero también por la publicidad o las películas, se introduce en la mentalidad de los atomizados rumanos. De hecho, las únicas movilizaciones han sido contra las políticas de izquierda, contra los pocos intentos del PSD de frenar un poco el ataque contra el pueblo (es decir, las típicas migajas socialdemócratas), en manifestaciones voceadas sin ningún tapujo desde las portadas de los diarios y con la participación de directores de grandes corporaciones.

Así que libertad se identifica, con desvergüenza, con el hecho de poder comprar un Ferrari o viajar a otro país aunque sea a trabajar como mano de obra barata para empresas locales. Todo lo que sea participación política colectiva, organización sindical o protesta social se criminaliza. De hecho, las cosas van mucho más allá, puesto que después de 30 años de propaganda anti-socialista, se ha provocado una atomización brutal que hace que cualquier idea de solidaridad o colaboración parezca un pecado. Entre otras cosas, las cooperativas, tan habituales durante la época socialista, hoy día no existen prácticamente en el país.

En cuanto a la información que se cita en la pregunta, la explotación de mujeres en Rumanía, después de tres décadas de destrucción de las conquistas del socialismo en el país, basta con compartir los demoledores datos de que hoy día Rumanía ocupa el puesto 11 en el mundo en términos de prostitución de mujeres: 80 por cada 10.000 habitantes, es decir, alrededor de 158.000, siendo el primer suministrador de prostitución en la UE y, en casos específicos, siendo el 35% de las prostitutas que ejercen en Alemania procedentes de Rumanía (el 22% en Italia y entre el 35-50% en España). En resumen, tres décadas de capitalismo han convertido a Rumanía en el paraíso europeo del tráfico de mujeres.

En 2014, un estudio del Instituto Rumano de Evaluación y Estrategia (IRES) arrojaba que un 69 por ciento de los rumanos considera que se vivía mejor con el comunismo. ¿Existe nostalgia por el período comunista?

Hay mas encuestas y más recientes. En diciembre del año pasado, 2019, una encuesta del Centro Urbano y Regional de Sociología (CURS, en rumano)confirmaba que un 80% de los rumanos cree que la ejecución de Ceausescu fue un crimen y que el 60% de los jóvenes piensa que con comunismo se viviría mejor. El 30 de mayo de 2019 otro estudio en este caso del INSCOP Research, por encargo de la Academia Rumana, concluyó que dos tercios de los rumanos, el 61%, consideraban que el comunismo fue más positivo que negativo para Rumanía. Otra de 2016 que preguntaba qué opinaban los rumanos sobre el Partido Comunista Rumano en comparación con los partidos del régimen capitalista volvió a dar un resultado a favor del socialismo, respondiendo  un 52% que preferían sin duda al Partido Comunista, y solo un 18% contestó lo contrario.

Hay una anécdota que te cuentan los taxistas a la primera de cambio, cuando se habla del tema, que, en resumen, se puede traducir algo así como que “si miras alrededor durante el trayecto no verás más que cosas construidas por Ceausescu”. Y es que durante estos 30 años la actividad principal ha sido destruir toda la riqueza y todos los derechos conquistados por los rumanos en los años de socialismo. En los últimos 30 años pocas cosas en servicio del pueblo se han construido en Rumanía y eso, incluso los más anticomunistas, acaban reconociéndolo en muchas discusiones.

No solo se echa de menos al socialismo por motivos ideológicos, por supuesto, sino principalmente por causas prácticas. Después de 30 años de recortes y destrucción, la gente recuerda con nostalgia una época en la que el trabajo era seguro, no había apenas pobreza, se tenía acceso a la salud, a la educación o a la sanidad sin ningún problema ni gasto, y existía una sensación de estabilidad y bienestar que, si bien muchos no podían apreciar del todo entonces, después del desastre sufrido por el país durante tres décadas no pueden más que echar de menos.

No obstante, todo el mundo, cuando le cuentas esto, termina preguntándose sobre las razones de que no voten a un partido comunista en las elecciones. Es cierto, pero ya sabemos como funciona y se sostiene el capital: solo se vota a lo que se conoce, y las opciones políticas son las que salen en los grandes medios de propaganda del capital, es decir, propiedad de aquellos que se esfuerzan día a día por hacer olvidar la memoria de la época socialista. Por otro lado, y como he dicho antes, el Partido Socialdemócrata es un amortiguador muy eficaz para absorber toda la rabia de los trabajadores y los patriotas rumanos, pues muchos, todavía, siguen creyendo la propaganda oficial de que este partido es el heredero de los comunistas, a pesar de que el 95% de sus políticas gubernamentales sean neoliberales.

¿Cuál es la actual correlación de fuerzas en el terreno político rumano? ¿Existe un partido capaz de organizar a la clase trabajadora con el objetivo de una verdadera transformación social?

Como he dicho en alguna pregunta anterior, el descontento social y el recuerdo del comunismo (que en cada encuesta realizada aparece como un sistema deseado y al que a la mayoría le gustaría volver) están muy atenuados por la propaganda continua y la atomización social. Todo lo que antes era colectivo ahora es brutalmente individual, así que el sálvese quien pueda se ha instaurado como mantra de comportamiento. Existen pequeños grupúsculos muy desorganizados y sin una organización clara, de duración fugaz y con poca actividad en las calles, por no decir ninguna.

Por otro lado, el artículo 3 de la Ley de Seguridad Nacional de Rumanía (Ley 51-1991), dice que “constituye una amenaza a la seguridad nacional de Rumania la iniciación, organización, ejecución o apoyo en cualquier modo a acciones totalitarias o extremistas de origen comunista, fascista, legionaria o de cualquier otra naturaleza racista, antisemita, revisionista, separatista que ponga en peligro la unidad e integridad territorial de Rumania como la incitación a hechos que pongan en peligro el orden del estado de derecho”. Esta ley, que en efecto prohíbe cualquier intento de organizar o constituir un partido comunista legal, fue creada exprofeso para cortar de raíz el problema de los intentos, tras el golpe de Estado de diciembre de 1989 y la reinstauración del capitalismo, de reconstituir el Partido Comunista, que amenazaba en lps primeros años con poner en jaque el triunfo de los golpistas. De hecho se llegó a asesinar al líder de los comunistas rumanos, empeñado en presentar al partido a las elecciones, Virgil Zbaganu (por cierto tiene un interesante libro que ha sido editado en formato blog en castellano, El siglo XXI será comunista o no será).

En resumen, se ha prohibido ya en varias ocasiones el intento de registrar un partido político que llevara en su nombre la palabra “comunista” o defendiera un sistema realmente democrático, es decir, socialista. De hecho durante años ha existido un pequeño grupo llamado Plataforma de reconstrucción del PCR y ha intentado varias veces participar en las elecciones y nunca lo han conseguido.


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