La homosexualidad en España, antes y después de la II República | Especial Segunda República

Por Roberto Santos

Está semana en Nueva Revolución conmemoramos la II República Española y yo por mi parte creo que es importante recordar cuál fue el destino de un colectivo al que pertenezco y defiendo, la comunidad LGTBI. ¿Cómo fue esa etapa para los homosexuales en España?

Hagamos un poco de historia y vayamos mucho más atrás de la II República, durante el siglo XIX e inicios del XX, en España no existían leyes específicas que persiguieran la homosexualidad. Esto no significa que estuviese socialmente aceptada, porque nada más lejos de la realidad. Para los sectores más progresistas, como los que podía representar Carmen de Burgos, primera periodista profesional española, escritora y traductora o Rafael Cansinos entre otros, la homosexualidad se consideraba un vicio decadente propio de una aristocracia obsoleta. Para los sectores científicos era una enfermedad y la solución tampoco estaba en la persecución y para las cavernas del momento, es decir, los más conservadores, era una ofensa a la masculinidad.

En esas épocas las leyes perseguían delitos contra la moral y las buenas costumbres y las penas eran iguales tanto para heterosexuales como para homosexuales, lo que no significa que luego fuese así en la práctica porque dependía mucho de la época y del juez que dictaba sentencia. Por tanto, no era una situación idílica ni mucho menos, pero al menos no había persecución como tal hacia la comunidad LGTBI.

Con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, llegaron las restricciones y los sectores más reaccionarios que defendían unos modelos trasnochados basados en la exaltación de una España eterna, en la que la homosexualidad no tenía cabida y se volvía a los tiempos de los Reyes Católicos, tiempos que todavía hoy muchos miembros de la caverna añoran e idolatran, en los que los homosexuales eran perseguidos. De está forma Primo de Rivera incluye en su código penal la homosexualidad como delito que acarreaba multas e inhabilitación para cargos públicos.

Es importante destacar que el código penal de Miguel Primo de Rivera no perseguía a los homosexuales, sino sus actos. En determinados delitos, el hecho de ser homosexual se consideraba un agravante. Besarse en público, el exhibicionismo o la pederastia tenían diferentes sentencias si la persona declarada culpable era heterosexual u homosexual.

Muchos juristas de la época fueron reacios a dictar sentencia en esa línea, como por ejemplo Luis Jiménez de Asúa, que defendía que a los homosexuales no se les podía considerar ni viciosos, ni delincuentes, sino en todo caso, enfermos, en línea con las tesis de Gregorio Marañón.

Esas tesis más tolerantes fueron atacadas por los sectores más reaccionarios que les acusaban de hacer “apología de las aberraciones sexuales”. El autor de esta infame frase, fue Antonio San de Velilla, que publicó un libro titulado “Sodoma y Lesbos modernas. Pederastas y safistas estudiados en la clínica, en los libros y en la historia” en el que podían leerse frases como esta: “En las naciones no pervertidas, la sodomía es un delito que hace ultraje a las costumbres precisamente por ser un vicio de enfermos y anormales que contrarían en sus impulsos anti fisiológicos y anómalos las leyes naturales”. Todo un ejemplo de tolerancia que algo me dice que todavía es libro de cabecera de muchos de los miembros actuales de la caverna.

Tras la dimisión del general Miguel Primo de Rivera en enero de 1930, Alfonso XIII intentará devolver a una monarquía ya muy debilitada a la senda constitucional y parlamentaria, poniendo al mando del gobierno al general Dámaso Berenguer, el cual fracasó en su intento de volver a la “normalidad constitucional”. En febrero de 1931 el rey pone fin a la “Dictablanda” del general Berenguer y nombra nuevo presidente al almirante Juan Bautista Aznar. El nuevo gobierno propuso un calendario electoral, primero se celebrarían elecciones municipales el 12 de Abril y después elecciones a Cortes con carácter constituyente, por lo que podrían proceder a la revisión de las facultades de los Poderes del Estado.

A partir de aquí todo se precipita y ante los resultados de las municipales donde el bajo apoyo a la corona queda patente, Alfonso XIII acaba exiliándose a Francia el mismo 14 de abril de 1931.

Pocos meses después de la proclamación de la II República, que destacó por la implantación de modernos principios y valores democráticos en sus cortos 5 años de vida, el Código Penal republicano eliminó cualquier mención a la homosexualidad de entre las conductas tipificadas como delito, lo que abría una puerta hacia la igualdad y la libertad del colectivo, puerta que después Franco cerraría de un portazo durante décadas.

Ojo, a diferencia de lo que ocurrió con otras políticas como la de igualdad de género, que fue incorporada a algunos de los programas políticos republicanos, no hubo nada que defendiera o indicará tal cosa, una política o leyes dirigidas propiamente a la plena equiparación de gays y lesbianas con independencia de su orientación sexual tal y como lo conocemos hoy en día, pero sí se dieron algunos pasos importantes para acabar con su discriminación, al hacer desaparecer del Código Penal la palabra homosexual, que deja de ser un delito, salvo entre los miembros del ejército, o una conducta peligrosa.

Tampoco debemos olvidar que la equiparación de derechos entre hombres y mujeres en todos los aspectos, su igualdad material consagrada a la Constitución de 1931, el matrimonio civil y la ley de divorcio, fueron fundamentales para que empezase un cambio de mentalidad en la sociedad española.

En 1933 se crea la Ley de Vagos y Maleantes, que en ese momento no hace ninguna mención a la homosexualidad, y que se crea contra todos aquellos que son considerados antisociales, como vagabundos, nómadas o proxenetas y que fue aprobada por consenso de todos los grupos políticos de la Segunda República.

Esta ley no sancionaba delitos sino que trataba de evitar que se cometieran, por lo que tampoco incluía penas, sino medidas de alejamiento, control y retención de los individuos que eran considerados como peligrosos.

Esta permisibilidad de una buena parte de los españoles de la época, sobre todo en las grandes ciudades, en relación con la comunidad LGTBI, tiene su reflejo en la intelectualidad y la cultura de este periodo, lo que siempre se puede considerar un barómetro objetivo para medir la tolerancia existente, así como de algunos de sus miembros más destacados que nunca escondieron su homosexualidad.

En esta etapa destacaron poetas como Luis Cernuda, que escribe un maravilloso e irrepetible poema de alabanza a la belleza homosexual, “El joven marino”, o pintores como Gregorio Prieto, así como Federico García Lorca, que en sus “Sonetos de amor oscuro” escribió algunos de los poemas de amor homosexual más bellos de toda la historia de la literatura española.

Lorca, escritor de la Generación del 27, es sin duda alguna el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del Siglo XX. Era abiertamente homosexual y fue un militante del bando republicano. Durante la II República ejerció un puesto en la codirección de la compañía estatal de teatro, “La Barraca”, donde disfrutó de todos los recursos para producir, dirigir, escribir y adaptar obras teatrales del Siglo de Oro español.

Desde el punto de vista lésbico, se beneficiaron, como el resto de mujeres, de los progresos que se realizaron en pos de la igualdad. Cabe destacar la figura de Lucia Sánchez Saornil, creadora del grupo “Mujeres libres” en la CNT, en 1936 y que rápidamente se extendió por la zona republicana llegando a tener más de 20.000 afiliadas. Su objetivo principal era “liberar a las mujeres de la triple esclavitud a la que habían sido sometidas: esclavitud a la ignorancia, esclavitud como mujeres y esclavitud como trabajadoras”. Luchó también y denunció la actitud de muchos revolucionarios que defendían un papel tradicional para las mujeres y que no veían con buenos ojos que la mujer saliese del ámbito doméstico. En 1937 regresó a Valencia, donde participó en la redacción del periódico “Umbral” y donde conoció a la que fue su pareja, América Barroso. Lucia fue pionera en mostrar el deseo homosexual en la poesía española, aunque para ello usó un seudónimo masculino.

Pese a todo esto, en la época la homofobia no desaparece, sobre todo en los entornos rurales y en el ejército, aunque sí es verdad que se dan algunos pasos en esa dirección y que si no hubiera estallado la guerra civil tras el Golpe de Estado del General Francisco Franco, la historia de España y la del colectivo LGTBI, seguramente hubiera sido muy diferente, aunque eso es algo que ya nunca sabremos.

Lo que si sabemos es lo que pasó después, tras la Guerra Civil el hombre y la mujer homosexual, así como los transexuales, volvieron a considerarse delincuentes. En esa época los homosexuales estaban muertos, exiliados, condenados y encerrados en cárceles terribles o dentro del armario y aterrorizados por ser descubiertos. La dictadura franquista fue un régimen absolutamente represivo, que censuro todos los materiales de orientación sexual y que encontró a los autores homosexuales como inadecuados para España.

Los primeros años de la dictadura Franco se concentró en perseguir y eliminar cualquier tipo de resistencia o disidencia política y cuando esto dejó de ser una amenaza comenzó la persecución de personas LGTBI de forma más clara y contundente. No debemos olvidar tampoco, que los principios del régimen estaban fundamentados por la imposición de la moral católica conservadora y que tanto el ejército como la Iglesia fueron los cimientos sobre los que se sostuvo.

El 15 de julio de 1954, Franco modifica la Ley de Vagos y Maleantes para incluir en ella a los homosexuales, quedando de la siguiente forma:

«Artículo primero: (…) el número segundo del artículo segundo y el número segundo del artículo sexto de la Ley de Vagos y Maleantes, de cuatro de agosto de mil novecientos treinta y tres, queda redactados de la siguiente forma:

Artículo segundo.- Número segundo.- Los homosexuales, rufianes y proxenetas. (…).

Artículo sexto.-Número segundo.- A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos o lisiados, se les aplicarán para que las cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:

a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.

b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.

c) Sumisión a la vigilancia de los delegados.»

En 1970 fue sustituida y derogada por la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, que incluía penas de hasta 5 años en internamiento en cárceles o manicomios para que se rehabilitaran. Está ley no sería derogada por completo hasta el 23 de noviembre de 1995, aunque ya en 1979 se eliminaron varios artículos de está ley, entre ellos los que hacían referencia a la homosexualidad, justo un año después de que todavía se le aplicase, en 1978, a tres personas. Las luchas del colectivo LGBT se centraron entonces en conseguir la modificación por escándalo público, cosa que consiguieron en 1983, y luego su derogación en 1989.

En el año 2004, el Pleno del Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad una declaración en la que se reconoció el sufrimiento de gays, lesbianas y transexuales durante la dictadura fascista del general Francisco Franco.

Queda claro que la dictadura fue un atraso completo para una España que con la II República había abierto los brazos a la modernidad, la democracia y el progreso. Quién sabe si hoy no seríamos un país mucho más avanzado de no haber sufrido una dictadura fascista, de haber seguido siendo un país democrático donde personas como Federico García Lorca nunca hubieran sido asesinados por su condición homosexual, como sí ocurrió a las 4.45 de la madrugada del 18 de agosto de 1936 y del que a día de hoy todavía no se ha encontrado su cuerpo. Como Federico, miles yacen todavía en las cunetas esperando que se haga justicia, esperando un entierro digno que por alguna inentendible razón todavía hoy se les niega.

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