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Estimular el miedo y el odio al otro distinto y diferente es un rasgo común a todos los fascismos que en la década de los años 30 destruyeron las democracias.
Por Lucio Martínez Pereda | 21/03/2025
Las sociedades abiertas viven sin miedos y son ricas. Las sociedades cerradas se empobrecen por sus miedos. La xenofobia encoje a las sociedades: haciéndolas temerosas las envejece y las inhabilita para la creatividad. Además, la xenofobia históricamente siempre va asociada a formas políticas autoritarias que buscan imponer identidades colectivas encerradas en sí mismas.
La preocupación por preservar una identidad homogénea afecta negativamente a la cohesión social al promover la discriminación y el miedo hacia los grupos minoritarios, especialmente inmigrantes. La obsesión por la pureza cultural asociada a las xenofobia vigoriza los discursos partidarios de promover la desigualdad y revertir avances en políticas públicas destinadas a reducir la exclusión y las desigualdades sociales
Estimular el miedo y el odio al otro distinto y diferente es un rasgo común a todos los fascismos que en la década de los años 30 destruyeron las democracias: el otro podía adoptar distintas formas, podía ser el judío, el gitano, el homosexual, ahora puede ser el musulmán, la feminista que lucha por los derechos de la mujer, el que habla una lengua minorizada, el que tiene una auto percepción de género que no coincide con la mayoritaria, el independentista que reclama del derecho a la autodeterminación …
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