El periodista tatuado

La piel del periodista, superficie última de lo propio, se convierte en territorio del poder: la autoridad ya no persuade, marca.

Por Lucio Martínez Pereda | 27/03/2026

Es uno de esos dóciles y paniaguados voceros que la televisión pone al servicio de Ayuso. Aquí no hay periodismo libre, sino cuerpo entregado: un periodista convertido en lienzo para que la tinta del poder no se borre.

La piel del periodista, superficie última de lo propio, se convierte en territorio del poder: la autoridad ya no persuade, marca. En los estudios de televisión, el periodista pierde su función de mediador y asume la del propagandista. Cuando el poder manda, el periodista adopta su fisonomía. Su cuerpo es el depósito de un mandato, la huella visible de una obediencia. No hay periodismo libre cuando el cuerpo del periodista pertenece al poder, ni crítica posible cuando la distancia se sustituye por la inscripción devota. El periodista tatuado no informa: se tatúa para no olvidar quién le da voz, y sobre todo, quién se la puede quitar.

* Nota para los lectores ágrafo funcionales de derechas. Considero necesario señalar que la imagen reproducida como encabezamiento de este breve hilo es un meme. Pese a ello no descarto que en un futuro ese periodista no esté dispuesto a dejarse tatuar en su cuerpo una imagen de la señora Ayuso.

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