La atención pública -perezosa y voraz- prefiere el escándalo del caso Koldo al mecanismo estructural de la Kitchen. El primero indigna sin exigir comprensión. El caso Kitchen -en cambio- es corrupción gubernamental de dimensiones abrumadoras
Mientras en España se invoca el impuesto como falso culpable, en Alemania -con mayor carga fiscal- el libro resulta más accesible. La diferencia no reside en la fiscalidad, sino en la estructura del mercado y en la correlación de fuerzas entre sus actores
Vuelve el antiguo caudillismo falangista de la “dialéctica de los puños y las pistolas” pero sin armas de fuego. El Vox que pierde en las encuestas necesita tensionar y calentar al máximo las calles y el parlamento.
La violencia colonial, la Guerra Civil, la represión franquista, los conflictos religiosos y las tensiones con las minorías se desvanecen en el espectáculo.
No hay en Orbán ni en Abascal un proyecto de futuro, solo una estrategia de supervivencia emocional para un electorado al que hicieron verse protagonista de una guerra cultural.
Ya sea un musical, una serie de ficción, un festival gastronómico o una actividad turística, cada producto cultural está atravesado por narrativas sobre el éxito, la identidad, la autoridad y la nación.