El viejo repertorio del imaginario español se reactualiza como “carácter nacional”. Y la audiencia , en lugar de interrogarse sobre su objetivo político. lo celebra como elemento identitario.
En esa economía del “todo se puede decir riendo”, la ultraderecha logra ejercer una didáctica del conformismo y la risa común crea comunidad identitaria.
Zapatero también es una vieja obsesión que se reactiva cada vez que el PSOE articula mayorías progresistas con apoyos a su izquierda o en el terreno nacionalista.
Donald Trump no representa solo a un mandatario que desprecia a la región, sino a una idea que muchos de sus dirigentes comparten sin admitirlo: la de que el éxito justifica la desigualdad, y que la fuerza económica es la medida última de la verdad histórica.
En ese sentido, la “intervención” no derribó al chavismo, pero sí desfondó moral y políticamente a su adversario, consumando una extraña inversión del poder: el derrotado no fue el régimen, sino su alternativa.
En la larga cronología de los autoritarismos, los ataques a la legalidad internacional rara vez se inician con estridencia; comienzan con una infracción calculada, un acto menor cuya impunidad mide la temperatura moral del adversario.