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De la mano de Steven Zillian, llega a nosotros la que, para mi, es la versión definitiva del encantador psicópata creado por la novelista texana Patricia Highsmith.
Por Angelo Nero
Confieso desde el principio mi simpatía incondicional por Tom Ripley, el personaje creado por el talento de Patricia Highsmith, al que han dado vida en la gran pantalla actores de la talla del recientemente desaparecido Alain Delon (A pleno sol, René Clement, 1960), Dennis Hopper (El amigo americano, Win Wenders, 1977), Matt Damon (El talento de Mr. Ripley, Anthony Minghella, 1999), John Malkovich (El juego de Ripley, Liliana Cavani, 2002), y Barry Pepper (Mr. Ripley el regreso, Roger Spottiswoode, 2005).
Ahora, de la mano de Steven Zillian, creador de la notable serie The Night Of, y guionista, entre otras películas, de Gangs of New York o La lista de Schindler (por el que ganó un Óscar), llega a nosotros la que, para mi, es la versión definitiva del encantador psicópata creado por la novelista texana, la que de forma más eficaz recoge la atmósfera sombría y deprimente de la saga, y los perfiles psicológicos de los personajes que la pueblan, en una miniserie de ocho capítulos titulada sencillamente Ripley.
Con una estética y un ritmo que no podrían estar más alejados de los cánones comerciales de la factoría de ficción y entretenimiento de Netfix, filmada en blanco y negro, y con una espectacular fotografía dirigida por el oscarizado Oscar Robert Elswit (Buenas noches, y buena suerte, George Clooney, 2005), que capta tanto los abrumadores paisajes italianos como los devastadores paisajes emocionales de los personajes, la serie es la más fiel adaptación, hasta el momento, del primer libro de la saga, El talento de Mr. Ripley.
En Ripley la cámara sigue al personaje -interpretado de forma magistral por Andrew Scott (conocido por sus papeles de Moriarty en Sherlock, y del cura de Fleabag)- sobreviviendo a bases de pequeños e ingeniosos fraudes en New York, hasta que un golpe de suerte le lleva a Italia, gracias al encargo de un millonario para que convenza a su hijo descarriado, Dickie Greenleaf (interpretado p0r el cantante británico Johnny Flynn), al que supone su amigo, de que regrese a casa y abandone la vida bohemia en Europa.
Tom Ripley es un criminal por necesidad, al que las circunstancias le van empujando hacia al mal, y a desarrollar su talento para el crimen, siempre al filo de ser descubierto, de perder el control de la situación, al que, a pesar de su evidente inclinación psicópata, no puedes evitar tenerle cierta simpatía, ponerse en su piel y desear que se salga con la suya. Al fin y al cabo, Ripley es uno de los nuestros, un buscavidas de clase obrera que lucha por mantenerse a flote, mientras que Dickie es un pobre niño rico, caprichoso y hedonista, que nunca ha tenido que mancharse las manos -por lo menos no de sangre, tan solo de pintura-, por eso disfrutamos tanto con el minucioso trabajo de Ripley falsificando documentos, borrando rastros o fabricando coartadas, viviendo en la impostura, a la vez que desarrolla su innata facultad para apreciar obras de arte o buenos vinos.
La serie gira entorno a Ripley, como es natural, pero también tiene una galería interesante de secundarios, víctimas de su talento, encabezados por Dakota Fanning, en el personaje de la novia de Dickie, Marge Sherwood, desconfiada con la irrupción del amigo americano en sus vidas, y por el hijo de Sting, Eliot Sumner, que encarna uno de los amigos de Dickie, Freddie Miles, y también hay que destacar al actor italiano, Maurizio Lombardi, que interpreta al inspector Pietro Ravini, sagaz sabueso que investiga la desaparición del joven millonario.
Otro de los atractivos de la serie es su banda sonora, compuesta por el compositor estadounidense Jeff Russo, responsable de haber puesto música a series como Fargo, Star Trek: Discovery/Picard, Legion, For All Mankind o Love & Death, entre otras producciones.
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