Péguense un tiro

Daniel Seixo
Subdirector de Nueva Revolución


Hoy os hablo a vosotros, a los cobardes.

Os hablo no por un interés particular en perder mi tiempo, intercambiando opiniones con meros despojos de todo aquello que debería representar la humanidad, ni tampoco por una firme y sincera convicción de poder cambiar algo en el seno de vuestro carácter con unas palabras que os dedico con total repulsa y absoluto desprecio.

Mi determinación a la hora de escribir este pequeño artículo de opinión, tiene por tanto su único origen en el absoluto pragmatismo, ese que dicta que carece de sentido un acto de ira en el que ustedes, cobardes y demenciales despojos aparentemente humanos, deciden arrebatarle la vida a su pareja, su capricho sexual, su ex pareja o cualquier otra mujer que tenga la desgracia de cruzarse en su camino. No voy ya a intentar razonar lo insensato del machismo que caracteriza estos actos, ni a dialogar acerca de los efectos que una educación y una sociedad patriarcal han tenido sobre la figura de los terroristas machistas… No pienso perder el tiempo escuchando argumentarios de  Vox, sermones de viejos machirulos de la izquierda cultureta o a ningún otro paria de la sociedad democrática, que pretenda con sus palabras justificar o al menos proporcionar un escudo ideológico o legal a toda una horda de machistas, que en manada están dispuestos a imponer el reino del terror a las mujeres. Permítanme que me niegue a tal desperdicio de tiempo y directamente les pida a ustedes asesinos o potenciales asesinos machistas que se peguen un tiro.

No me refiero concretamente a que se peguen un tiro, sino que pueden degollarse, prenderse fuego, pueden propiciarse ustedes mismos una paliza antes de tirarse por la ventana, estrellarse con su coche contra una pared o incluso violar su cuerpo, vejarse, destruirse día a día psicológicamente y tras años de tortura, terminar con su vida sin piedad alguna. Pueden ustedes hacer lo que quieran con sus vidas, pero si por algún motivo su instinto primitivo y animal los llamase a asesinar o maltratar a una mujer, por favor, péguense un tiro o acaben con su vida de la forma que les plaza.

Debería pedirles que no tomen estas palabras como un aliento para llevar a cabo  el abandono de esta nuestra existencia, sino que lo hagan simplemente como una reflexión en voz alta. Ya saben, esto lo digo por la justicia de este país, esa que en demasiadas ocasiones otorga manga ancha ante el terrorismo machista, pero  que no duda ni por un momento en castigar a las simples plumas cuando se atreven a denunciar el terror estructural que viven muchas mujeres de nuestro estado. Vamos, que no es que los anime activa, pública y mucho menos legalmente, pero que lo hagan ustedes: quítense del medio sin víctimas colaterales.

Estoy seguro de que las al menos mil mujeres asesinadas por hombres en los últimos dieciséis años, sus hijos e hijas, su familia, sus amigos, el conjunto de la sociedad civilizada, pero muy especialmente todas y cada una de las mujeres que a día de hoy todavía sufren la posibilidad de toparse en su camino con alguno de ustedes, malditos bastardos, se lo agradecerán.

Y sino piensen en la mierda de vida que les espera en prisión, señalados por la sociedad o en un mundo en el que la mujer cada día despierta ante las injusticias y se rebela pidiendo respeto e igualdad. Piensen en que para nosotros, el resto de hombres, el machismo ya no es algo tolerable o tolerado, que ya no encajan y que si por sus cabezas pasa siempre antes la violencia que la educación y la expiación, mejor usar esa violencia en su contra para terminar con esta lenta agonía que les afecta, esa enfermedad social llamada machismo.

Si tienen que salir mañana en todas las noticias, mejor que al titular de «Un hombre se quita la vida«, no le tenga que anteceder siempre la frase de «tras acabar con su pareja». Os lo pido con sinceridad, al menos por una vez, demostrar algo escasamente cercano a la valentía o el pragmatismo y moriros solos.

A ellas, las queremos vivas.

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