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Era un proyecto musical muy interesante porque contactaba con lo que se estaba haciendo con el rock en Inglaterra y Estados Unidos, en la vanguardia.
Por Angelo Nero | 19/07/2025
Vigo, a finales de los años setenta, era un hervidero social y cultural, y una de las expresiones artísticas en las que comenzaba a despuntar era la música, que eclosionaría en proyectos musicales que abarcarían los géneros musicales más diversos. Antes de que surgieran Bar, Golpes Bajos o Siniestro Total, en los primeros ochenta, ya había un cierto ambiente jazzero, y su templo era el Stachmo, donde, curiosamente, empezaron a ensayar los primeros Siniestro, con Julián Hernández y Germán Coppini, y donde también actuaba el Grupo Rompente, donde estaba Reixa. En ese momento previo a que la movida viguesa lo cambiara todo, surgió una original banda que fusionaba el jazz y el rock progresivo llamada Outeiro.
Outeiro estaba formado, en su origen, por un trío, y sus componentes eran el bajista Pepe Bordallo -que también tocaba la guitarra acústica-, que había tocado en Los Diávolos y Los Zuecos, una suerte de Beatles vigueses, y en Revólver -quienes llegaron a ser el grupo que acompañaba a Massiel-; el batería y percusionista Fernando Llorca; y el guitarrista Rubén Péz. A este trío inicial se les sumó a los teclados Lorenzo Cuasante, que había tocado también en Los Zuecos.
En una entrevista concedida al Faro de Vigo, Pepe Bordallo hablaba de este original proyecto musical, que nacía definitivamente en 1979: “era un proyecto musical muy interesante porque contactaba con lo que se estaba haciendo con el rock en Inglaterra y Estados Unidos, en la vanguardia. Era el bum del rock progresivo, en el que cabían ingredientes del folk, del jazz, de la música clásica, pero me parece que aquí en Galicia nos adelantamos un poco a los tiempos. Tuvimos muchas cortapisas. Grabamos solo un disco y tocamos poco, aunque he de reconocer que, entre otras razones, porque exigíamos 5.000 pesetas por barba.”
Por su parte, Lorenzo Cuasante comentaba en La Enciclopedia del Rock Sinfónico y Progresivo Español que “me pasaron una cinta que ellos habían grabado como trío con varios temas. Sonaban como un grupo de rock duro pero aquellas grabaciones tenían un toque muy original y exótico (incluso demasiado romántico) como para ponerle etiquetas. A cambio faltaba armonía y la métrica por la que se regían era bastante arbitraria (imagina un compás 3/4 seguido de un 4/4 y después un 3/8!) endiabladamente complicada y enredosa para la cuadratura de cualquier músico de rock”.
En 1980 se encierran durante dos meses en el local de ensayo para comenzar a elaborar temas propios, como señala nuevamente el teclista: “Los dos meses de ensayo en una pequeña habitación de no más de 3×3 fueron, además de «ensordecedores», unas audiciones de inspiración, readaptación e intercambio de posiciones e ideas muy enriquecedor para el grupo. Yo estaba haciendo el papel de músico de sesión, porque entonces no pertenecía «oficialmente» al grupo, pero la emocionante aventura en la que estaba sumergido hacía sugestivo colaborar en aquel proyecto donde todo parecía posible.”
Finalmente llaman la atención del sello Ruada, un sello recién nacido con la intención de crear una edición discográfica gallega, que estaba orientada, en principio, hacia el folk. En Ruada acababa de salir el primer trabajo de DOA, “O son da estrela escura”, con una inequívoca dirección hacia la música celta, pero donde había pinceladas también de rock progresivo y de jazz. Finalmente Outeiro graba un disco, “Ollos de marzal”, en los estudios madrileños de Audiofilm, con Luis F. Soria como técnico de sonido, y con la aportación de Alfonso Correia en la percusión y flauta dulce. En el disco se haría patente la influencia de Return to Forever, de Chick Corea y Al Di Meola, o de Camel, pero también de grupos progresivos españoles como Iceberg.
A pesar del éxito de crítica y de acompañar el lanzamiento del disco con conciertos por toda Galicia, no le acompañaron las ventas, y el mismo año de su debut discográfico se separan. El vinilo, que no ha sido reeditado en CD, es ahora un preciado objeto de coleccionistas.
Los integrantes de Outeiro tendrían variadas trayectorias musicales. Pepe Bordallo se unió a DOA, y después se retiró de la primera línea, para hacer colaboraciones ocasionales, mientras que Fernando Llorca formó junto al contrabajista Baldo Martínez y al pianista Nani García, la banda más internacional del jazz gallego, Clunia Jazz, formando parte de multitud de proyectos y trabando con destacados músicos de jazz.
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