
Entrevistamos al escritor Mikel Guerendiain, autor de la novela ‘Mauro’, ambientada en la famosa fuga de presos republicanos del penal de San Cristóbal, en el monte Ezkaba, muy cerca de Pamplona.
Por Angelo Nero | 11/05/2026
La primera novela del profesor de Geografía e Historia, Mikel Guerendiain Azpiroz (Ziaurritz, en el municipio navarro de Odieta), nos remite a la mayor fuga de una cárcel en la historia de Europa, producida el 22 de mayo de 1938, cuando un grupo de cerca de ochocientos presos republicanos, se fugaron del penal de San Cristóbal, en el monte Ezkaba, a las afueras de Pamplona, donde estaban recluidos en condiciones inhumanas, tanto es así que muchos le denominaron el Mauthausen español, ya que más que un campo de concentración, era un campo de exterminio. La fuga fue abortada en los días siguientes, la mayoría fueron asesinados o apresados por la guardia civil y los falangistas, otros regresaron voluntariamente al penal, incapaces de continuar. Solo un puñado de ellos continuaron su camino hacia la libertad, hacia la frontera francesa. En “Mauro”, Mikel Guerendiain novela esta fuga, dibujando un fresco de personajes inolvidables.
Esta es tu primera novela, pero ya has escrito varias obras teatrales, de hecho, en una de ellas, “Algoritmos”, ya abordabas la fuga de Ezkaba, ¿qué fue lo que te atrajo de esta historia para animarte a escribir sobre ella?
Yo vivo en Ziaurritz, un pequeño pueblo de Odieta, a unos quince kilómetros de Iruña, y desde pequeño he sabido que en un sitio concreto de mi pueblo, a la entrada, por donde paso siempre, había enterrados cuatro asesinados en la guerra civil, aunque a mi nadie me dijo nada, porque ese tema era tabú, yo creo que en los dos bandos, pero en el vencido con más motivo, por miedo a represalias. Pero yo que soy nieto de vencedores, además, en el norte de Navarra, con una fuerte tradición carlista, pero yo me imagino que vivir una guerra, la ganes o la pierdas, tiene que ser traumático, más aún si la pierdes.
El caso es que fui creciendo, estudié historia, y ya había oído algo que esos cuatro asesinados procedían de una fuga. Tenía claro que esos cuatro hombres no eran de mi pueblo, ni de la zona, porque allí no había habido rojos, en el sur de Navarra si, pero donde yo vivo no había tradición anarquista, ni sindicatos, ni reivindicaciones de tierras.
Entonces llegó a mis manos un libro, “Los fugados del fuerte de Ezkaba”, de Fermín Ezkieta, que lo compré porque aparecía una vecina y amiga mía, que había sido entrevistada por la fuga, y me enteré de la historia, y de la de los cuatro asesinados, cuyos nombres no sabemos, porque no se ha conseguido exhumar los cuerpos, que habían escapado de Ezkaba e intentando llegar a Francia, fueron asesinados en mi pueblo.
Esto fue hace quince años, y fue un shock. Había convivido con esto toda mi vida, y de repente me doy cuenta de que ni siquiera sabemos quienes son, y que a lo mejor sus nietos o bisnietos los estarán reclamando. Me obsesioné un poco con eso y me dije que había que reparar esto de alguna manera. Empecé pensando en escribir una obra de teatro, por eso apareció en Algoritmos una escena muy salvaje sobre este acontecimiento, pero al final me decanté por la novela.
¿Por qué elegiste el nombre de Mauro para titularlo, hay algún homenaje oculto?
La novela estuvo diez años en mi cabeza, y no sabía como afrontarla, y cuando me di cuenta de como quería escribir el libro, de como estructurarlo, cuando me puse a redactar, yo sabía que el libro tenía que tener el nombre de un hombre, y Mauro es un homenaje a Almudena Grandes. Cuando me puse con él era 2022 y Almudena, una autora para mi imprescindible, y que no debe olvidarse, murió unos meses antes, y releyendo sus libros, como El corazón helado que es primero que leí, un libro impresionante sobre la historia del siglo XX en España, dedicado a su marido y a su primer hijo, Mauro, de una relación anterior, y me gusta porque cumple todos los requisitos, porque no hay muchos Mauros, no quería que fuera un nombre común, pero sobre todo porque era un homenaje a Almudena Grandes. Con esto no quiero decir que mis novelas se parezcan a las de ella porque es imposible, y es que ella hizo un gran ejercicio de recuperación, lo que ella llamó Episodios de una Guerra Interminable, el quinto quedó sin escribir, Mariano en el Bidasoa, que son buenísimos. Yo estaba recuperando un pequeño episodio, y me cuadraba este nombre.
Autor de teatro, librero y profesor, ¿qué hay de todas estas capas de tu propia experiencia vital en las líneas de tu novela?
La gente piensa, por ejemplo, que Inocencio, que es profesor de cultura clásica, en la Universidad de Salamanca, se parece un poco a mí. Es verdad que elegí un profesor porque quería que hubiera una persona culta, para contraponer a otros personajes, y es verdad que yo soy licenciado en Historia, y me apetecía hablar un poco de Grecia, pero no se si hay algo de mi en él. Yo soy un amante de los libros no porque empezara a trabajar de librero, sino que empecé a trabajar de librero porque soy un amante de los libros. Creo que mis facetas de autor de teatro, librero y profesor, es porque soy yo, y por eso he tenido que escribir esta novela. Es verdad que en la estructura se nota que he escrito obras de teatro, aunque no era una cosa premeditada, y esta novela se puede leer de una forma teatral también.
Crear una novela como esta exige un trabajo de documentación previo, imagino que te habrás apoyado en el trabajo de otros historiadores ¿qué libros has tenido de referencia para construir ‘Mauro’, y cual es el enfoque que querías darle para diferenciarlo de otras novelas en las que salía reflejada la fuga?
El libro con el que di con esta historia, cuando era librero, fue “Los fugados del fuerte de Ezkaba”, de Fermín Ezkieta, donde aparecía una entrevista con mi vecina, que recorría un poco las zonas por donde habían pasado. Fue el primero y el que me llevo a otros libros. El segundo más importante, y que es fundamental, es de un profesor que fue el primero en investigar esto, en los años noventa, se llama Félix Sierra, ahora está jubilado, me acompañó en la presentación de Valladolid, era profesor de filosofía, y por un tema casual dio con esta historia, empezó a investigar, y conoció, en aquella época muchos estaban vivos, a muchos presos, y publicó “La fuga de San Cristóbal”, en los noventa, y ese fue el pionero. Lo bueno de este libro es que recoge docenas y docenas de entrevistas, a presos supervivientes. Se ve los motivos por los que fueron capturaros, hechos presos en sus respectivas provincias, por rojos, como se vivía en el fuerte, la decisión que tomaron cuando se encontraron las celdas abiertas, y los gritos de sois libres. Y los que se fugaron, como fue su fuga. Este libro para mi era importantísimo, muchas cosas que cuento en la novela, aunque es ficción, son hechos que ocurrieron y que están rescatados de estas conversaciones.
Luego para la estructura de la novela, me vino a la cabeza una novela que había leído con veinte años que es “Mientras agonizo”, del escritor norteamericano William Faulkner, y me acordé, no quise volver a leerlo para que no me influyera más, y habla sobre una mujer que va a morir y le pide a su marido y a sus hijos que la lleven en el carro, moribunda, a la ciudad donde nació para ser enterrada allí. Es una novela coral, y cada persona va contando como es el trayecto. Y me di cuenta que yo lo que quería narrar me venía muy bien esta estructura.
¿Había intención de hacer una novela histórica o más bien en construir una narrativa que, aunque apoyándose en hechos reales, tuviera más libertad para ficcionar?
Porque sea licenciado en Historia no es que sepa más, y aunque haya leído muchas novelas históricas en mi adolescencia y juventud, tenía muy claro que no quería una novela histórica al uso, y yo que he sido librero me refiero a estas novelas de quinientas o seiscientas páginas, que muchas son por encargo, donde hay mucha paja y mucha descripción innecesaria. Si un autor lo que quiere es escribir una página de como era una alcoba en el Renacimiento, muy bien pues que escriba un ensayo, pero yo quiero saber que pasa, como sienten los personajes, que le lleva a un personaje a hacer tal cosa, eso es lo que me interesa de la narrativa, de la ficción, también del cine, del arte en general, yo quería huir de todo eso, entonces, en mi novela hay muy poca descripción.
Y luego, como son los personajes en sus propios monólogos, o en las conversaciones que tienen con otros personajes, yo ahí quería describir un poco a los personajes, y no quería mucha descripción, quería rescatar la historia de la fuga, pero no me apetecía narrar solo la fuga, me di cuenta que me apetecía narrar también, aprovechando que los fugados pasaron por una zona que apoyó abiertamente el alzamiento, como es el norte de Navarra, una zona de tradición carlista, aunque esto no aparezca en mi novela, pueblos donde los hombres estaban luchando en el frente apoyando a las tropas de Franco, y me apetecía narrar también como se vivía en la retaguardia del bando franquista.
Hombres y mujeres que les había tocado vivir allí, el cura, Basilisa, León el Cojo, Agustín el de la cerda, pero que vivían un poco en la periferia de esa sociedad tan impregnada de catolicismo, y me apetecía narrar la vida de la gente que vivía en los pueblos que hay entre Pamplona y la frontera francesa, que no vivían tan bien como quieren darnos a entender. Me di cuenta que ahí estaba mi novela, mezclar la fuga con la vida en los pueblos, y ahí me tomé más libertad, hay más ficción, los personajes son inventados, pero es verosímil lo que cuento, pudo ocurrir.
No cabe duda de que fue una gesta heroica, ni más ni menos que la mayor fuga carcelaria de Europa, pero, sin embargo, es también la historia de una derrota, ya que solo tres presos alcanzaron la frontera, ¿es importante tratar de escuchar sus voces, para saber que empujó a estos hombres a una fuga tan desesperada?
Cruzaron tres, que tienen nombres y apellidos, pero parece ser que hubo un cuarto. En la frontera siempre hubo gente que sabía caminos, que se dedicaba al contrabando, y se sabe que cruzaron a un cuarto hombre, que nunca quiso revelar su identidad, se supone que por miedo a represalias. Para mi es importante, y por eso quería utilizar el monólogo, porque hay que entender porque llegaron esos hombre ahí y que decisión tomaron y como fue esa aventura, o desventura, por los montes.
He tenido comentarios de que habían cometido algún delito. Mira, los hombres que estaban ahí el delito que habían cometido, y además lo dicen los informes, era no apoyar el alzamiento, estaban presos por rebelarse, cuando había sido absolutamente al revés, estaban intentando manipular la historia, pero el golpe lo dio quien lo dio, había una legalidad vigente que era la republicana, que ahora intentan desprestigiar. Habían cometido errores, por supuesto, pero es incomparable las cosas positivas con las negativas. Tenía que insistir en que eran hombres que no habían cometido delitos de sangre, habían estado en manifestaciones, habían reclamado derechos, eran hombres que se habían librado del fusilamiento en sus respectivas provincias, y quería narrar como eran las cárceles franquistas, porque eran malas, pero esta se llevaba el premio.
Y luego me interesaba que de los casi 2500 presos, la fuga la organizaron entre 25 hombres, casi ninguno sabía que se iba a producir, y ese dilema de que hacemos ahora. Y poner a uno frente a otro, a Isidro, que es un joven que quiere vivir, que tiene muy claro que quiere llegar a Francia, y luego a Inocencio, que tiene más años, que fue profesor de universidad, que le dice es que vais a salir de la cárcel pero es que toda Navarra es una cárcel. Y si, escuchar estas voces era fundamental, y para mi narrar en tercera persona hubiera sido menos verosímil, y en primera persona es la manera de creerse a esos personajes.
La historia está nucleada en torno a cinco partes: El penal, La huida, El pueblo, El bosque y La frontera. ¿Cuál es el motivo de esta estructura en la novela?
La verdad es que no fue premeditado. Las cinco partes, son los cinco escenarios. Y los títulos no son muy rebuscados, como no iba a haber muchas descripciones, quería que cada capítulo llevara el título de donde iba a transcurrir la novela. En el capítulo de la huida no quise poner fuga, porque la fuga casi no la narro, y me parecía más literario que darle muchas vueltas a como se organizó, que eso ya no me interesaba. En el capítulo del pueblo, hay una novela dentro de la novela, con todos los personajes que lo habitan. Parece un poco teatral, pero no era premeditado.
Durante el franquismo imperó la ley del silencio, y durante la transición la ley del olvido, sin embargo, ¿la memoria de Ezkaba permaneció en los pueblos limítrofes donde fueron enterrados muchos de los que murieron en la fuga? ¿hubo una memoria oral que guardó la huella de aquellos días?
No, para nada, es más bien al revés. Hay que recordar que esto fue una vergüenza para el franquismo, hubo un juicio contra el director, el subdirector y el administrador del penal, aunque no les cayó ninguna condena y acabaron dirigiendo otros penales, como ocurre con los obispos con los abusos, que en vez de juzgarlos los envían a otro lado. Supongo que en aquella época también se les avisó, los rojos eran comunistas, quema iglesias, matacuras, y en muchos pueblos se asesinó a estos fugados. Yo quiero pensar que con los años, la gente que delató, o que asesinó, sobre todo, se habría arrepentido, porque fue una auténtica salvajada, esa gente solo quería llegar a la frontera, que daño te iban a hacer. Juzgar el pasado con la mente actual es muy complicado.
En Navarra esto se está recordando desde hace unos quince años, ahora hay un movimiento de recuperación de Memoria con esto, se hacen rutas, se sube al fuerte, se hacen homenajes. Yo siempre cuento que El Drogas, que es de la Txantrea, uno de los barrios de la periferia de Pamplona, que está en la loma del monte Ezkaba, que subían al monte a jugar, hasta el año 2005 no conocía la historia de la fuga, y por eso sacó el disco con Barricada de “La tierra está sorda”, donde hay dos canciones sobre el tema.
En ‘Mauro’ hay muchas voces, como si cada personaje escribiera su propia historia, es, por tanto una novela coral, en la que indagas en las distintas formas de pensar y de sentir de los protagonistas, ¿por qué decidiste sumergirte en la complejidad de cada una de esas voces, en vez de primar la acción de la fuga?
Por eso mismo, porque aunque es ficción, y eso tiene cierto desprestigio frente al ensayo, creo que hay que poner en valor a la ficción como herramienta para reparar heridas, a poner en conocimiento ideas o acontecimientos del pasado. Si una novela es honesta también puede trasladar un mensaje, pero sin maniqueísmos, por eso mis personajes son un poco más complejos. Pero la narrativa puede difundir ideas importantes. A mi me obsesionaba una cosa, y es que este libro no resultara muy local, y que lo pudiera entender un gallego, un murciano o un japonés. Y eso creo que lo he conseguido. Yo quería que hubiera una disparidad de voces para hacerla creíble, y es verdad que narrar con tantas voces en primera persona era complicado. Pero asumí el riesgo.
¿Te inspiraste en personas reales para construir estos personajes? Y dentro de esta variedad de protagonistas de diferente extracción social y de ideas diversas, ¿cuál es tu preferido?
El nombre de Basilisa, es porque existió una mujer que tenía ese nombre en mi pueblo, aunque no tenga nada que ver con el personaje. No me basé en nadie. Pero yo le tengo cariño a todos, incluso a Tomasito, que es un amargado, no porque me caiga bien, sino porque he convivido muchas horas, días y meses con ellos. He estado dos años escribiendo el libro, y al final sufres con ellos. Sin duda, el personaje que más ha gustado ha sido Basilisa, que es una loca que empiece a aparecer en el pueblo en la parte central de la novela, a la que le hacen bullying, y tiene una relación un poco particular con el cura, y al final es la menos loca de la historia. No entiende porque la gente se mata, y si tuviera que elegir, la elegiría a ella.
Mucha gente, ya sabemos quienes, dirán que a que viene hablar otra vez de la guerra civil, de eso tan manido de abrir heridas, sin embargo, en Navarra no hubo guerra, ya que quedó en manos de los sublevados en los primeros días del golpe de estado, lo que si hubo fue una gran represión, ¿no es cierto?
En Navarra, como en Galicia, y en otras zonas no hubo guerra, lo que hubo fue una limpieza ideológica, mataron a miles de personas, solo en Navarra entorno a mil quinientos, muchísimos de ellos en la Ribera. En el sur había pocos propietarios que tenían muchas tierras, terratenientes, y ahí había germinado un sindicalismo a principios del siglo veinte, y cuando se produce el golpe de estado, en las primeras semanas mataron a muchísimos hombres y mujeres por pertenecer a cualquier partido de izquierdas o a un sindicato. No hubo batallas, no hubo trincheras, pero si que se sufrieron las consecuencias de la guerra civil.
Por último, ¿cómo podemos combatir a aquellos que, cada vez que un libro como este asoma a los escaparates de las librerías, vuelve a acusarnos de intentar abrir heridas? ¿crees que la literatura, los libros en general, siguen siendo armas efectivas contra el fascismo?
Es un mito falso, que haya tantos libros y tantas películas sobre la guerra civil. Desde que tengo uso del razón, se habla mal del cine español, que a mi me parece fantástico, porque se hacían películas sobre la guerra civil, y también de la literatura, pero esto no es verdad. Generalmente los que critican los libros sobre la guerra civil, no han leído ninguno. Lo que quieren es que no se escriba, que no se hable del tema. Hace unos meses en el parlamento lo dijo una mujer descendiente de un represaliado, que hay heridas que no se han cerrado.
Yo no tengo familiares que sufrieran directamente la represión, pero quien soy yo para hablar de esas heridas, lo que hay es que empatizar con las familias de esas víctimas y ayudar a rehabilitar, aunque sea moralmente, a toda aquella gente que murió por defender la legalidad republicana. Esta ola reaccionaria, que nos dice que en el franquismo se vivía mejor, miente, porque se vivía muy mal, excepto las capas más altas, los terratenientes, o los familiares de los altos mandos del ejército, y esto es así para los vencidos, pero también para los vencedores. Mis padres, aunque venían de una familia que estaba en el bando que ganó la guerra, fueron víctimas de la represión cultural, religiosa, social, el miedo con el que han vivido toda su vida, y eso es consecuencia del franquismo. Creo que nuestros abuelos eran más abiertos de mente que nuestros padres, porque habían vivido la República. Y por eso la literatura y la cultura, es fundamental para luchar contra el fascismo, que tendría que estar alejado de nuestra realidad social y política, aquí y en Europa.
Me ha pasado en presentaciones de libros, que se me ha acercado gente, y me ha dicho al leer la sinopsis del libro: “Mejor que hablaras de ETA”, y me quedé paralizado, y le dije, “¿en que momento estamos uniendo una cosa con otra? También podemos hablar de las mujeres afganas, o de Palestina, o del Congo”. Primero, yo escribo de lo que me da la gana, y después, una cosa que estoy narrando en mi libro no niegan otras barbaridades que están sucediendo. Esta mujer no quería que se hablara de la guerra civil.
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