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Entrevistamos a la escritora Marta Estévez, que después del éxito de su primera novela “El secreto de las hermanas Asorey”, presenta “Las tercera orilla”, una historia situada en tres espacios temporales y geográficos, con la emigración y el narcotráfico como escenarios.
Por Angelo Nero | 13/04/2026
“Las tercera orilla” es el título de la nueva novela de la viguesa Marta Estévez, que vuelve a mostrar la originalidad de su narrativa tras el éxito de “Las hermanas Asorey”. Dos son los polos sobre los que gira la historia, dos polos con una atracción fatal: la emigración, la adicción a las drogas, y sus consecuencias sobre las vidas de las personas que, como miles de gallegos, cayeron en ese abismo, y arrastraron a sus familias con ellos. Ulises, el protagonista de esta historia, navega marcado por estes vientos, entre dos pasados, el de sus abuelos, emigrados a Venezuela, y el de ese otro abismo que es el paso de la niñez a la adolescencia, y un presente, el del año de la pandemia. Tres líneas temporales y tres orillas, la de la aldea, situada en una pequeña isla -que bien podría ser Cíes-, la de la ciudad -que es sin duda Vigo, aunque no se nombre-, y Venezuela -en la que también hay una ciudad y una isla-. Sobre esta adictiva novela hablamos con su creadora, Marta Estévez.
Uno de los núcleos de la novela es ese Vigo convulso de la Reconversión industrial, en la que se perdieron miles de puestos de trabajo, y donde la heroína se distribuía por los barrios obreros, como una pandemia que se llevaría por delante la vida de muchos jóvenes por sobredosis, o por el sida, como le sucede a los padres del protagonista. ¿Querías recuperar, en cierta manera, la memoria proletaria de aquellos años ochenta, o sencillamente pensaste que era un escenario atractivo para desarrollar la historia de Ulises?
El contexto socioeconómico y social es primordial para entender la realidad de los personajes. Todos somos producto de nuestras circunstancias, también Ulises. No solo fue deliberado retratar la realidad de la clase proletaria en un momento especialmente duro por motivo de la reconversión industrial, sino que fue de las primeras cosas que tuve claras con respecto a la novela, incluso antes que la historia.
El segundo de los ejes es la emigración, el drama de miles de gallegos que tuvieron que dejar a sus hijos atrás, con los abuelos, en la búsqueda de un horizonte de prosperidad que no había en su tierra. Allí van Antucho y Manuela a probar suerte, pero la suerte no siempre sonrió a los que cruzaron el charco. ¿Quisiste visibilizar también en tu novela a los que jugaron esa carta y perdieron, a los emigrantes que no retornaron como ricos indianos?
La incerteza está siempre presente en la vida del emigrante, nunca hay garantías de que vaya a salir bien, no hay emigración sin riesgo. En realidad, hay tantas experiencias migratorias como personas, pero el foco de la novela está puesto en esas parejas que decidieron emigrar solos y dejaron a sus hijos con los abuelos, a miles de kilómetros de distancia. Era una medida temporal que muchas veces se alargaba más de la cuenta, una decisión que se tomaba por el bien de la familia y que raras veces salía bien. No deja de ser una paradoja que emigres para poder darle un futuro digno a tu familia y que el propio acto de emigrar sea el que termina destruyendo a tu familia.
El tercer elemento, con el que arrancas la novela, es el del confinamiento, que hace de elemento motor de las reflexiones de Ulises, ¿querías darle un escenario propicio al protagonismo para que pudiese mirar hacia el pasado, en un momento en el que el presente parecía detenido?
Si, la circunstancia tan excepcional e inédita que vivió el mundo en 2020 resultó propicia para que Ulises reflexionara sobre su pasado. Además, estar en una isla despoblada es como mirar al mundo desde fuera del mundo, lo que viene a reforzar la idea de Ulises como un outcast del mundo en general y de su propias historia en particular.
Tu naciste en el 72 -el año de la última gran movilización obrera en Vigo-, y en el 86 tenías la misma edad que el protagonista del libro, aunque tu experiencia non tiene que ver con lo que le pasa a Ulises. ¿Como viviste eses años, y como fue meterse, de algún modo, en la piel de un chaval que, entonces, era víctima indirecta del narcotráfico?
El hecho de que en el 86 tuviera la misma edad que Ulises fue deliberado. Mi realidad fue otra, pero quise contar la historia que en el fondo creo que podía haber sido la mía y que, por suerte para mi, no lo fue. Revisitar eses años y meterme en la piel de Ulises hizo que fuera todavía más consciente de la delgada línea que separa un tipo de vida de otro, de como unas víctimas, como fueron los heroinómanos, engendraron otras víctimas, y del hecho de que, como en sociedad, parece que no siempre tenemos claro que nadie tiene mérito ni culpa por haber nacido en una determinada familia, país o época.
Hay una cierta romantización de los ochenta y, especialmente en nuestra ciudad, siempre se habla de esa época de la Movida musical, de Golpes Bajos, Siniestro Total y Resentidos, de las noches en el Kremlin, en el Trincheira o en el Ruralex, pero tu decides cambiar el foco, y situar la acción en una isla alejada de toda esta efervescencia cultural, donde tres niños, Ulises, Toya y Onehuevo, planean un asesinato. ¿Tenías que coger un poco de distancia con la ciudad para contarnos el sufrimiento de los hijos de la droga y de los nietos de la emigración?
Cuando decidí contar la historia de Ulises tuve claro que era una historia en las margenes. Para mi era importante no contribuir a romanizar una época que me da la sensación de que se romanizó de más. Es normal, puesto que había una necesidad de romper con el pasado a todos los niveles; aunque eramos una democracia nueva y moríamos de ganas de dejar el gris e incluso de ser grises nosotros también. Hubo una eclosión artística y musical innegable, esa primera generación de jóvenes de la democracia fue transgresora, irreverente, sideral… pero mi intención era poner el foco en otra realidad, que La Movida no tapase la realidad de muchas familias afectadas por la heroína y por el desempleo por motivo de la reconversión industrial. Para contar la historia de Ulises tuve que coger distancia, no solo con respecto a mis propias experiencias vitales, sino con “otra ciudad”, la más transgresora y underground.
Es una novela, en cierto modo, en la que se habla de las fronteras, de las geográficas, que se cruzan en la búsqueda de una vida mejor, y de las temporales, del paso de la infancia a la adolescencia, también cargadas de in certezas. ¿En estes saltos, geográficos, temporales, pero sobretodo emocionales, es donde se pueden esconden los pequeño o grandes dramas de la existencia?
Si. En la novela se entrelazan escenarios, líneas temporales, incluso narradores, que no es otra cosa que el pasado y el presente de una familia, de unas vidas, pero todo en la novela está al servicio de los personajes. Aunque cada linea esparzo-temporal se correspondiera con un contexto socio-económico e histórico concreto, a mi me interesan las pequeñas historias, las que no vienen en los libros pero que inevitablemente terminan contando la historia con mayúsculas.
La abuela de Ulises parece una de esas mujeres de Hurguete, el colectivo de madres que luchó contra el narcotráfico en Galicia, y que denunciaron non solo a los capos de la droga, sino que señalaron a las autoridades, que no fueron quienes de detener esta pandemia. León idas, por su parte, es uno de estos barcos sin escrúpulos que hicieron fortuna con la desgracia de muchos jóvenes. ¿Te inspiraste en algún personaje real para construir a estas dos figuras centrales del libro?
El personaje de Manuela está inspirado en un grupo de mujeres de Érguete, mujeres con una fuerza y un coraje extraordinarias, que no dudaron en salir a las calles para denunciar lo que les estaba pasando a sus hijos e hijas. Iban a las puertas de las casas de los barcos y a los puntos donde se vendía droga (ya que al mismo tiempo que sus hijos caían enganchados en la heroína, un grupo de hombres en las Rías Bajas empezó a traficar con cocaína), fueron las primeras en denunciar el problema. Hace un paralelismo con las madres de la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, que todavía siguen denunciando las desapariciones y asesinatos de sus hijos e hijas durante la dictadura de Jorge Vitela.
El personaje de León idas, por otra banda, está inspirado en ese grupo de hombres sin escrúpulos que en los ochenta dieron el salto del contrabando de tabaco al tráfico de cocaína.
“Las tercera orilla” tiene un ritmo muy cinematográfico, una banda sonora muy atractiva, y unos personajes que enganchan, ¿no tuviste ninguna oferta para convertirla en una película o en una serie?
De momento no. Estaría bien ver la historia de Ulises en audiovisual, a pesar que supongo que no sería una producción barata.
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