Lactancia materna y malas madres

Por Olvido Contento

A pesar de que este es un tema peliagudo y que levanta ampollas, es importante tratarlo y desmitificar el entramado social que se ha creado a su alrededor.

Estamos ante un resurgimiento de la lactancia materna como hecho natural que es inherente al ser humano y deseable, además de entenderlo como una herramienta para obtener una relación casi mística con el o la recién nacido/a. Proliferan corrientes de crianza natural que la alargan hasta que el propio niño o niña quiera dejarla, despojando así a  la mujer de la toma de decisión.

Si echamos la vista atrás, veremos que no siempre la lactancia se ha entendido de este modo, que ha dependido del momento histórico y social. Tiene su propia historia. En la Antigüedad, en Egipto, Grecia, Roma y Babilonia, se consideraba imprescindible la lactancia materna prolongada hasta edad avanzada de los y las menores, pero ya en la Grecia Clásica aparecen documentos que hablan de nodrizas (Aristóteles Historia Animalium) y también en la Roma Imperial las familias nobles recurrían a las nodrizas. En Europa, desde la Edad Media, se consideraba impuro mantener relaciones sexuales con una madre lactante, puesto que se pensaba que el semen podía contaminar la leche, pero a la vez daban mucha importancia a la alimentación con leche de mujer por lo que los maridos de las clases pudientes pagaban una nodriza. En Francia llegó a regularse  desde 1284 y se creó en 1769 en París el Bureau des Nourrices, Oficina de Nodrizas, dependiente del gobierno, que entre 1770 y 1776 recluta 15.000 amas de cría, constituyendo una próspera industria que persiste hasta finales del siglo XIX.

Como hemos visto, todos estos cambios no surgen solo por la imposibilidad de la madre de dar el pecho a su hijo o hija o porque las mujeres hayan desarrollado libremente otra manera de entender la maternidad, si no porque la lactancia era considerada como algo indigno, propio de clases inferiores. Además afectaba a las relaciones sexuales (y por consiguiente a los hombres) por los mitos antes mencionados y era una forma de visibilizar el estatus social.

¿Podemos decir entonces que más que un hecho natural es un hecho cultural? Solo hace falta rastrear en nuestra historia para darnos cuenta que no solo es cultural, sino político, al estar ligado también a las diferencias entre clases sociales.

No pretendo hacer un alegato anti lactancia, no es mi intención. Simplemente quiero señalar que los que cambios en la forma de enterderla no son fortuitos ni dependen solo de investigaciones científicas que la validen en mayor o menor medida, sino que hay un trasfondo que responde a otras necesidades, y no precisamente las de las mujeres: económica, de clase y masculino-sexual.

Con la lactancia, el cuidado recae casi exclusivamente en la madre condicionando el uso de su tiempo y supeditándolo a los horarios de amamantamiento. Esto tiene que ser una decisión libre y cuando digo libre me refiero a no tener presiones, a no ser juzgada como egoísta o Mala Madre si decide no hacerlo o acotar el tiempo para retomar su vida. Por no hablar de lo traumático que puede llegar a ser para una mujer no poder amamantar si entiende que solo así tendrá un buen vínculo emocional con su bebé y que además se perderá un experiencia que parece extra sensorial y mística.

En un momento histórico en el que la lucha feminista está poniendo en la agenda política sus reivindicaciones, ¿no será una forma de devolvernos a nuestro espacio “natural”, al hogar?

Y voy más allá, en un momento histórico en el que la lucha feminista está poniendo en la agenda política sus reivindicaciones y está haciendo hincapié en nuestra liberta de elección en todos los campos, ¿no será una forma de devolvernos a nuestro espacio “natural”, al hogar? ¿No será que estas corrientes que ponen como modelo de maternidad la maternidad lactante y la revisten de necesidad biológica y de hecho natural sean una nueva herramienta patriarcal de dominación? Me recuerda a lo que les ocurrió a las mujeres de EEUU después de la II Guerra Mundial, que tras la vuelta de los soldados, para que éstos recuperaran sus puestos de trabajo, se devolvió a las mujeres al hogar utilizando para ello una mistificación de feminidad, como muy bien nos explica Betty Friedan en “La Mística de la Feminidad” en 1963. Utilizaron los medios de comunicación, el cine, la televisión y la publicidad para crear un ideal de mujer, el nuevo ángel del hogar encarnado en la dulce y adorable. Doris Day: un ama de casa feliz, perfecta madre, anfitriona y esposa que no necesita el trabajo asalariado para realizarse. Su felicidad reside en hacer felices a los demás.

El patriarcado vuelve a utilizar argumentos biologicistas y naturalistas (apoyándose en estudios supuestamente científicos) para dar valor a sus postulados desiguales. Así nos hace creer que es un hecho natural y por lo tanto inamovible que nos hará realizarnos como mujer. Y como consecuencia de esto, entendemos que la decisión la tomamos libremente.

En definitiva, lactancia sí o no dependiendo de la decisión que tome cada mujer, de su situación y de sus deseos. Ser buena madre no depende de amamantar depende de cuidar y de eso las mujeres sabemos mucho porque nos hemos dedicado a ello desde siempre.

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