La cara oculta de Onlyfans

Miguel Moneo

La pandemia de Covid-19 ha servido para ensanchar, en el peor de los sentidos, muchas de las grietas del sistema. Durante el período de reclusión social forzada, la explotación sexual de menores se ha visto incrementada debido a que muchos niños se han encontrado encerrados en sus casas con  su posible abusador o explotador. En paralelo, el tráfico en la dark web de sitios enfocados a pedófilos se ha disparado en los últimos meses. Sin ir más lejos, esta misma semana, en España, tenían lugar un operativo policial que se saldaba con la detención a un pedófilo en Castellón.

Mientras tanto, en el ámbito de la pornografía, la gallina de los huevos de oro de las “camgirls” ha registrado a su vez un notable incremento de usuarios durante los peores meses del Covid-19, que no viene sino a confirmar una tendencia en el aumento de visitas que viene siendo la tónica general durante los últimos años. No obstante, pese a la falsa apariencia de libertad y emancipación que ofrecen los negocios de webcam, tras este tipo de páginas, no resulta extraño encontrarnos con auténticas redes de prostitución. En contra de lo que suele afirmar el mantra neoliberal, más que empoderar, la prostitución conduce a una esclavitud sexual en aras de un lucrativo negocio, en el que no existen reparos a la hora de tratar con menores.

Entre el modelaje, las “camgirls”, el porno y la prostitución, hay finas líneas que se cruzan fácilmente a medida que el “producto”, representado en este caso en el cuerpo de una mujer o de un hombre, se va haciendo demasiado común en el mercado para lograr propiciar la suficiente rentabilidad. Son habituales las noticias en las que los sectores de “trabajadores del sexo” se vinculan y la trata ocupa el mundo de las aparentemente inofensivas “camgirls”.

Los visitantes de Onlyfans pagan entre 5 y 50 dólares por suscripción para obtener contenido e interacción.

Estos agujeros negros de explotación sexual suelen ir aún más allá y conglomerar redes de pederastia y de tráfico de menores. De hecho, esta situación no ha hecho más que agravarse durante la pandemia.

Uno de los mayores caladeros de este tipo de contenido explícitamente sexual y que goza de gran popularidad entre los menores, es Onlyfans: una plataforma que ha logrado implantarse definitivamente durante la pandemia como líder en su sector, principalmente debido a que los llamados influencers, han acudido a la misma como vía para garantizarse nuevas formas de ingresos.

¿Qué es Onlyfans?

Onlyfans es una plataforma web británica creada en 2016 por Tom Stokely. Se trata de una red social destinada a potenciar la creación de contenidos de todo tipo. Aquí encontramos a monitores de fitness, artistas, modelos… Los usuarios, o fans, pagan a dichos creadores por un contenido y una atención personalizada. De esas ganancias el 80% de los beneficios va para los creadores y el 20% para la empresa.

Sin embargo, la web es más conocida a raíz de su contenido pornográfico, muchas actrices y modelos de la “industria del sexo” han encontrado en este sistema una alternativa a las grandes casas pornográficas como Pornhub, cuyos rodajes se han visto pausados por la cuarentena. Una oportunidad idónea para poder manejar los vídeos e imágenes que suben y a su vez lograr administrar su flujo de ingresos.

Como veníamos apuntando, la fama de este portal se disparó durante la cuarentena y alcanzó los 30 millones de usuarios en mayo de 2020. La web encuentra en redes sociales como Twitter e Instagram sus dos grandes tablones de anuncios, pese a que Twitter es restrictiva con sus contenidos publicados, es muy común toparse enlaces de Onlyfans. La web aplica un filtro restrictivo para menores de edad, pero estos nunca han servido de mucho. En esta ocasión, la cosa no es muy distinta.

Las fallas de seguridad del portal y la inseguridad de muchos de esos contenidos íntimos, entre los que se encuentra claro contenido sexual, se vieron de nuevo expuestas cuando en febrero de 2020 unos hackers consiguieron filtrar 4 TB de imágenes y vídeos generados por los usuarios de Onlyfans.

Para tener acceso a todo este contenido, los usuarios pagan entre 5 y 50 dólares por suscripción en un modelo que se asemeja a tantos otros como Patreon, una suerte de pago digital por contenido e interacción, aunque también se pueden dar propinas de manera libre.

La diferencia con el porno al uso es la customización del producto, el porno gratuito es prácticamente infinito en internet y muy accesible, lo que Onlyfans ofrece a sus usuarios es un producto más individual, en el que las modelos buscan optimizar el engagement al máximo.

Onlyfans ofrece una falsa sensación de empoderamiento, pero tiene un trasfondo de explotación que es muy común en el mundo del porno.

Dinero fácil a cambio de un trato personalizado, una suerte de «novia digital» que en algunos casos exige prestar atención absoluta al usuario. Onlyfans incita a este comportamiento y a que mantenga un flujo constante de post. Una vuelta de tuerca a un sistema de explotación capitalista.

El aparente empoderamiento, no es más que una capa de transgresión para sectores más privilegiados que cubre un trasfondo de explotación que es muy común en el mundo del porno, aunque toda esta explotación siga siendo a día de hoy una faceta desconocida de esa industria. El contexto de social y económico de muchas personas, hace que tenga que acudir a soluciones como Onlyfans al no encontrar otras alternativas laborales. Pero, ¿es esto realmente una decisión libre? Habrá quienes tengan el apoyo suficiente para entrar o salir del agujero en cualquier momento y estos serán los casos que nos vendan como empoderantes. Pero cómo sabemos, la línea entre pornografía y explotación es muy fina. Una línea que en demasiados casos viene marcada por la clase social y las necesidades materiales.

Onlyfans no es más que otro paso en la tendencia individualista de “personalización de contenidos” y ahí reside su éxito: ofrece una “experiencia pornográfica personalizada” a los usuarios, oferta algo que las plataformas de porno en internet no pueden ofrecer: una especie de «novia online«, el control sobre la intimidad de la otra persona.

La falsa sensación de empoderamiento que funciona como un Caballo de Troya para muchas personas, especialmente mujeres cada vez más jóvenes, no es más que una perpetuación de los roles de género patriarcales: la mujer es el objeto de deseo y el hombre el sujeto a complacer.

A cambio de este dominio sobre la realidad de «las modelos», los fans pagan una cuota. Las creadoras de contenido en este caso conocen aspectos sobre la persona que se encuentra al otro lado, todo en pos de la “customización”. Los hay que llegan a dejar propinas de 300 euros al mes. Bienvenidos a la servidumbre de clase.

Algunas actrices y modelos llegan a ganar unas decenas de miles de dólares al mes. Según el documental Nudes4sale de la BBC, la chica que más cobraba ganaba unos 45 al mes. Sueldos que mejoran progresivamente con el tiempo junto con un contenido que se va haciendo más explícito bajo demanda de los suscriptores. Una manera de atraer a grandes porcentajes de menores de edad que entran en círculos peligrosos relacionados con la prostitución.

Tim Stokely, conocido como “el Mark Zuckerbeg del porno”, es el CEO de Fenix International Ltd, sociedad que administra Onlyfan».

En redes sociales, OnlyFans promociona todo tipo de contenidos. En Instagram aparecen comediantes y actores, djs y cantantes, pero lo cierto es que su contenido más abundante es el de mujeres vendiendo su cuerpo.

Actualmente, existen varias formas de sucedáneos de OnlyFans: Snapchat Premium, Admire.me, Justfor.fans; son solo algunos de ellos.

¿Quién está tras onlyfans?

Tim Stokely, es un empresario británico que cumple el patrón de emprendedor hecho a sí mismo. Con la ayuda de su padre, Guy Stokely, inversor en Barclays. Tim Stokely, conocido como “el Mark Zuckerbeg del porno”, ya había probado fortuna en 2011 con la web Glamgirls y más tarde con Custom4u, web que precisamente sería la beta de Onlyfans.

Stokely hijo, es el CEO de Fenix International Ltd, sociedad que administra Onlyfan» y que por no tener, no tiene ni web. Esta empresa reparte las ganancias con los creadores quedándose con un 20%. Actualmente esta sociedad es propiedad de Leo Radvisnky, un personaje opaco cuya figura tiene un peso importante en el mundo del porno. Este empresario de Chicago, es el dueño de Cybertania, compañía que se encuentra detrás MyFreeCams, una web de pornografía en vivo que ha “reclutado” a mujeres en EE.UU., Europa, Asia, África y Sudamérica.

Su rastro es esquivo, medios como la CNBC le situaban en 2015 como uno de los magnates del mundo del porno. Pese a ello, o quizás por este mismo motivo, Radvisnky apenas concede entrevistas. Lo más personal que hemos podido encontrar acerca de él, es su perfil en Linkedin. Siguiendo esta pista hemos podido averiguar que se graduó en Económicas en 2003 y tan solo un año después fue denunciado por Microsoft por realizar spam y phishing mandando mails a usuarios de MSN bajo la identidad de Amazon.

Radvisnky gestiona una empresa, Leo.com, con la que se dedica a invertir en compañías de tecnología. En su opulencia y ostentosidad, en su día llegó a pagar 120 000 dólares por el sitio web que lleva su nombre. Más allá de ciertas anécdotas, el nombre de Radvinsky aparece vinculado a numerosos sitios –siempre con el término free incluido, aunque no fuesen páginas gratuitas– de contenido pornográfico. Por ejemplo, MyFreeNubilestube.com, web destinada a adultos con especial interés en el sexo hardcore con menores y adolescentes (teens). Dicha web, junto con tantas otras, desapareció entorno a 2016.

Como podemos observar, la intrincada red que sustenta el nicho de mercado de las camgirls, hunde sus raíces en el secretismo, los suculentos beneficios económicos y un falso decorado de transgresión sexual y empoderamiento, que paso a paso arrastra a muchos de nuestros jóvenes, especialmente mujeres, a un mundo en el que las líneas que separan la pornografía, la pornografía infantil y el porno, suele diluirse a medida que la perversión y el continuo flujo de dinero logran comprar voluntades sustentándose en una salida fácil que más a menudo de lo que parece, termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla para quienes acuden a estos portales en busca de ingresos económicos rápidos y aparentemente sencillos.


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