La Furia, la soledad de las víctimas

‘La Furia’ nos cuenta la historia de una joven actriz, Alex, que sufre una brutal agresión sexual en Nochevieja, en un entorno aparentemente seguro, la casa de su mejor amiga, donde se celebra una fiesta para despedir el año.

Por Angelo Nero | 9/08/2025

“Yo misma me muevo entre mi parte dominante, una razón y unas ideas sociales y políticas que me alejan de la violencia, del punitivismo, y me llevan a la mediación, a la palabra, a la comprensión. Pero me pregunto si realmente lo siento así o es que así me lo han inculcado. Creo firmemente que la violencia solo genera más violencia, a mí me abruma y me paraliza, pero a veces mi instinto fantasea con salir a quemarlo todo, a pegar a los agresores de mis amigas y a gritar muy fuerte. Creo que la película habla de esto y nace de aquí, de aprovecharme del cine y de la ficción para hacer todo eso que en la vida real ni me atrevería a hacer, ni creo en ello.” Declaraba la realizadora catalana Gemma Blasco en el portal Cineuropa, a propósito de su último largometraje, “La Furia”, estrenada este año en el SXSW de Austin y en el Festival de Málaga.

La Furia nos cuenta la historia de una joven actriz, Alex (interpretada por Ángeles Cervantes), que sufre una brutal agresión sexual en Nochevieja, en un entorno aparentemente seguro, la casa de su mejor amiga, donde se celebra una fiesta para despedir el año. Conmocionada, abandona el lugar sin decir nada a nadie. En los días siguientes arrastra el dolor, la vergüenza, el miedo, la culpa, pero sobretodo, en ese cóctel del shock post traumático, la soledad de la víctima, retorcida como un alambre de espino en su propio silencio. Finalmente decide contárselo a su hermano Adrián (Alex Monner), que reacciona enloquecido, pensando solo en la venganza, pero sin ofrecerle lo que más necesita: comprensión y acompañamiento.

Alex busca refugio en el teatro, donde consigue un papel principal, para interpretar a Medea, la tragedia griega de Eurípides, y canalizar sus emociones desde ese personaje, para buscar una vía de escape para la tragedia que está viviendo y que es incapaz de verbalizar, y allí encuentra también un faro en medio de la oscuridad, representado por su mentora, una actriz reconocida, interpretada por Ana Torrent. Mientras, los entornos seguros desaparecen, todo se convierte en zonas de sombras, las relaciones con la familia se vuelven pesadas como losas. Aunque se nos abra, precisamente en el entorno familiar, en el campo, un camino de salida, quizás no el más racional, pero si el más instintivo, el que genera la ira y el deseo de que el dolor termine en forma de una epifanía violenta.

Hay una desgarradora cartografía de las emociones por las que cabalga la protagonista, registradas con una sensibilidad exquisita -tanto como la escena de la violación, donde menos es más-, pero también un amplia muestra de metáforas, aunque algunas pretendan engañarnos y prever un final distinto.

Y devastador es también ese fragmento de Medea, que eleva el tono dramático de la película, cuando Alex hurga en sus adentros y grita al coro: “Hay quien no conociendo bien la entraña del prójimo, le contempla con odio sin que haya habido ofensa. Pero a mí, a mí, que este suceso inesperado me vino, me ha destrozado el ánimo. Perdida estoy, ¿vale? Quiero morir, amigas, amigas, quiero morir. De todas las criaturas que tienen mente y alma no hay especie más mísera que la de las mujeres.”

La directora Gemma Blasco reveló que la idea de La Furia surgió de una experiencia traumática que sufrió en sus propias carnes, cuando sufrió una agresión sexual en la calle, cuando tenía 18 años. Sobre la película declaraba también al portal Cineuropa: “La protagonista transita distintas fases del shock post traumático, y me interesaba mucho poner el foco en la soledad de las víctimas y en la dificultad de contarlo. Y dar una respuesta a esa dificultad, en este caso, la reacción del hermano. Sigo alucinando con cómo se cuestiona a las víctimas cada vez que sale un caso, con los “Si tan víctima es, ¿por qué no ha denunciado?” “¿Por qué ha tardado años en contarlo?”. La película responde un poco a estos cuestionamientos. Todavía no estamos bien preparadas para acompañar a una víctima. He tratado de que mi aportación fuera un retrato del proceso traumático, sin llegar a la superación, precisamente para intentar conseguir que quienes todavía no son conscientes de lo difícil, solitario, oscuro y doloroso que es el proceso, puedan serlo un poco más. Y, por qué no, que una víctima que vea la película y nunca lo haya contado, pueda sentir que otras también lo hemos sentido, y que está un poco menos sola de lo que se pensaba. Yo lo tengo muy claro: no denunciar, no contarlo, no te hace menos víctima. No invalida tu dolor.”

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.