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La etapa con Lawton al frente se caracterizó por un cierto alejamiento de las coordenadas hard rock y progresivas de los principios de la banda británica, para adentrarse en territorios cercanos al AOR
Por Angelo Nero | 21/04/2025
Uriah Heep es una de las bandas británicas de hard rock más longevas, con más de medio siglo de historia a sus espaldas. Formada en 1969 con el vocalista David Byron -la banda ha tenido hasta cinco cantantes diferentes-, el guitarrista Mick Box -el único que permanece en la formación actual-, Ken Hensley a los teclados y a la guitarra, Paul Newton al bajo y Alex Napier a la batería. En 1976, después de haber grabado nueve discos -algunas obras maestras como “Demons And Wizards” o “The Magician’s Birthday”- David Byron abandona Uriah Heep por sus problemas de alcoholismo (que le llevarían a la tumba diez años más tarde) y es sustituido por John Lawton, cantante de Lucifer’s Friend, que grabaría los tres discos siguientes, y también se incorpora al bajo Trevor Bolder, proveniente de la banda de David Bowie, y que sería el bajista que más tiempo estuvo en activo en la banda. Completaba la formación Lee Kerslake a la batería. En 1978 graban el tercero de los discos con John Lawton como frontman, “Fallen Angel”, uno de los primeros elepés que, no se muy bien cómo, formaron parte de mi discografía adolescente.
La etapa con Lawton al frente se caracterizó por un cierto alejamiento de las coordenadas hard rock y progresivas de los principios de la banda británica, para adentrarse en territorios cercanos al AOR, dando lugar a una propuestas más melódica, tal vez más comercial, aunque la dirección musical del grupo seguía en manos del teclista Ken Hensley, en el que residía el sonido característico de Urianh Heep.
“Fallen Angel” arranca con un tema pegadizo, hipnótico, ideal para que John Lawton mostrase sus facultades vocales, con unos coros geniales acompañando a mitad del tema, un solo de guitarra de Mick Box en estado de gracia, y un sonido compacto, de banda consolidada. “Woman of the Night” es una invitación a entrar en ese territorio melódico en el que, por otra parte, se abandona la temática fantástica que caracterizaba al grupo, y las letras giran entorno a las relaciones amorosas: “Fallen angel / Everyone I see reminds me of you / I keep turnin’ round / Expectin’ you to be there / I keep seein’ our past / Through my looking glass / But fallen angel / Where are you now.”
“Falling in Love” es un épico tema de menos de tres minutos, con una melodía pegadiza, otra vez para mayor lucimiento de mister Lawton y con una capa de voces acompañándolo que se hacían legión en los directos gritando: “If the only thing / Wrong with rock and roll / Is that I keep on falling / Keep on falling / Keep on falling in love”. La línea del teclado de Hensley es brillante, como la vía láctea, y la percusión rítmica de Lee Kerslake te acelera el corazón, o al menos a ese corazón adolescente que, a principios de los ochenta, escuchaba este tema en bucle.
“One More Night” tiene un ritmo de rockabilly, con John Lawton poniéndose la piel de Elvis, con un protagonismo de la guitarra de Mick Box, con una letra que anima hacia una huida, como la que emprendíamos cada noche que salíamos a patear la ciudad: “Pick up the pieces, let’s do it now / Let’s say our last farewell / Tomorrow may be too late / As far as I can tell.”
El álbum continúa con un ritmo medio, donde dialogan las guitarras eléctricas y acústicas, “Put Your Lovin on Me”, unas voces azucaradas, especialmente en los coros, conforme a la temática dulzona de la canción: “Lady oh lady you’re driving me crazy / You brought out the devil in me / You turned on my fire / With words of desire / You sure put the lovin’ / Sure put the lovin’ on me”. Este es uno de los dos temas que escribió Lawton en solitario para este disco, donde Hensley firma seis de las diez canciones que forman “Fallen Angel”.
Cierra la Cara A, “Come Back to Me”, compuesta por Hensley y Lee Kerslake es una tema romántico con atmósfera de country rock sobre la ruptura matrimonial del batería, y que resultaría una de las mejores baladas de la discografía de Uriah Heep. Lawton vuelve a estar inmenso, poniendole voz a la imploración de Kerslake para que su amor regrese: “Everything I had has gone, everything is gone / Loneliness still lingering on / Everything I thought was mine / Come back to me can’t we try it one more time / Come back to me.”
La cara A se abre con el sorprendente “What ‘Ya Say” en el que los Uriah Heep se echan a la pista de baile. Si, aquí non hay huella de hard rock, ni de AOR, lo que hay es música disco, como la del “Dinasty” de Kiss. Con una buena melodía, unos teclados galácticos y unos coros celestiales, pero, al fin y al cabo, son tres minutos cuarenta de mover el esqueleto, y la letra no es otra cosa que una clásica historia de amor: “Whad’ya say… / Lady you’re tyin’ me down / Turning my heart to stone / And I can’t help feeling / I’d be better off / Back out in the streets alone.”
Continúa la segunda mitad del disco con un rock & roll, “Save it”, un desmadre de los británicos que derrocha energía, con un potente riff de blues, y donde cuenta con la colaboración de Chris Mercer, saxofonista de las bandas John Mayall & the Bluesbreakers, y está compuesto por Trevor Bolder y el cantante Pete McDonald, con quien había coincidido en Spiders From Mars, la banda de acompañamiento de David Bowie.
Otra canción suave, creada por Ken Hensley, “Love Or Nothing”, con mucho coro, pero dejando también protagonismo a las guitarras, se abre paso en la pista con menos de tres minutos de duración, con una de las letras más empalagosas del álbum: “It’s gotta be love or nothing / You gotta make up your mind / ‘cause you’re running out of time / You know it’s your game / And the winner takes all / It’s time for you to realize / There’s gonna be no compromise.” Menos mal que mi conocimiento del inglés entonces (y ahora) no era mucho, aunque la melodía ya me daba muchas pistas.
Otra cosa es “I’m Alive”, un tema potente, con guitarras musculadas y una percusión acelerada, de esos que levantaban una columna de humo en el Boston o en el Faros, en los ochenta, y que lleva la firma de John Lawton, creando una de las canciones más buenas de todo el disco. Se comentó que Lawton dejó el grupo después de este álbum porque no le dejaban incluir más temas compuestos por él, una pena, visto el decepcionante resultado de “Conquest” en el que fue sustituido por John Sloman, de Lone Star, y en el que también abandonaría la banda el batería Lee Kerslake, para grabar con Ozzy los discos “Blizzard of Ozz” y “Diary of a Madman”. Incluso la letra de este tema sobresale con respecto al resto del disco: “Let’s leave our past behind / The love can make us blind / But now we know / That we’re alive.”
Y como broche final, el tema que da título al álbum, “Fallen Angel”, que tiene un toque de folk-rock, con pinceladas de progresivo, una guitarra acústica que dibuja una buena melodía y unos teclados brillantes -el tema lo firma otra vez Hensley- , y donde la voz sedosa de John Lawton nos va llevando poco a poco hacia un final apoteósico: “After all these years / I remember the tears / When we parted you said / Don’t forget me / You were ridin’ so high / Now they’re passin’ you by / Girl I’ve never forgot you / Please come and get me”.
No se si John Lawton fue un ángel caído, pero su nombre siempre estuvo ligado a Uriah Heep, a pesar de haber firmado solo tres discos con la banda, y a Lucifer’s Friend, también tuvo una discreta carrera en solitario y, finalmente, en 2008, se convirtió en una figura de la televisión búlgara, donde llegó a tener su propio programa.
La portada de “Fallen Angel” es del artista chipriota Chris Achilleos, con una guerrera enseñando carne que no hubiera pasado hoy en día los filtros de lo políticamente correcto. El mismo dibujante diseñó la portada del álbum “Lovehunter” de Whitesnake un año después.
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