Pablo González Larrazábal, víctima de la reconversión naval en Euskalduna

Paralelo a la reconversión industrial de Solchaga, Barrionuevo ponía en marcha, un año antes de los sucesos de Euskalduna, el plan ZEN (Zona Especial Norte) para “frenar la situación insurrecional y de fuerte conflictividad social que vivía el País Vasco”

Por Angelo Nero

Un muerto de infarto y un herido de bala al tomar la policía el astillero Euskalduna”, era uno de los titulares del diario madrileño El País, el sábado, 23 de noviembre de 1984, que subtitulaba: “Los agentes entraron en la factoría bilbaina disparando con fuego real de metralleta”. Unos días antes, el 17 de noviembre, el mismo periódico del grupo PRISA, convertido en el vocero oficial de la Transición, publicaba otro artículo con el titular de “Euskalduna: una violencia desesperada”, para continuar más abajo: “los trabajadores libran diariamente una batalla con la policía para conseguir la continuidad del astillero”. Claro que, donde se cargaba las tintas era en la violencia proletaria, no en la policial, que, cinco días más tarde, dejaría una víctima mortal en el suelo de la factoría, y un herido de bala, defendiendo su puesto de trabajo frente a los planes de otro González, de nombre Felipe, que había puesto en marcha una durísima reconversión industrial.

Volvamos a la crónica de El País: “El conflicto en el astillero bilbaino Euskalduna, dentro de la reconversión naval, que dura ya semanas, alcanzó ayer el grado máximo de violencia. Pablo González Larrazábal, trabajador del astillero, falleció víctima de un infarto que le sobrevino cuando trataba de protegerse en el casco de un buque en construcción de una carga efectuada por fuerzas policiales antidisturbios. La policía entró en la factoría disparando con fuego real y protagonizó actos de gran dureza.”

Trabajaban entonces en Euskalduna 2.471 obreros, y eran muchos miles más los operarios de las empresas auxiliares que dependían del astillero, muchas familias de Bilbao veían en el cierre que el ministro de Industria y Energía, el socialista Carlos Solchaga acarreaba a “la falta de pedidos y al exceso de mano de obra”. Solchaga, el gran impulsor de la reconversión industrial que golpeó no solo al tejido proletario de Bilbao, si no también al de otras zonas como Vigo, Gijón o Sagunto, y que más tarde sería ministro de Economía, no tuvo los problemas de las obreros a los que dejó sin empleo. En 1991 pasó a formar parte del comité interino del FMI, pasando por numerosos cargos en fundaciones publicas y como consejero y consultor de grandes corporaciones hasta el consejo de administración de CIE Automotive, cargo que ocupó hasta el año pasado.

Continua la noticia de aquel 23 de noviembre de 1984 en El País: “Otro trabajador, Vicente Carril, resultó herido de bala, y varios más, con heridas de diversa consideración a consecuencia de los golpes. Una persona hubo de ser atendida en un centro hospitalario después de recibir una fuerte paliza de miembros de la fuerza pública, que utilizaron sus porras reglamentarias y las culatas de sus fusiles.

Varios policías resultaron heridos y contusionados, y un obrero resultó con quemaduras graves en el 22% de su cuerpo. A diferencia de la moderación de que dieron muestras los agentes que intervinieron durante las primeras semanas del largo conflicto de Euskalduna, los que actuaron ayer se comportaron con una violencia extrema. Testigos presenciales afirman que los incidentes se iniciaron poco antes de las siete de la mañana, cuando los trabajadores iban a entrar en el astillero. Sin previo aviso, la policía cargó contra los obreros, que corrieron a refugiarse dentro de la factoría.”

El ministro del Interior, a cargo del que estaba la policía, era entonces José Barrionuevo, que posteriormente ocuparía el puesto de ministro de Transportes, cargo en el que estaría hasta 1991. Paralelo a la reconversión industrial de Solchaga, Barrionuevo ponía en marcha, un año antes de los sucesos de Euskalduna, el plan ZEN (Zona Especial Norte) para “frenar la situación insurrecional y de fuerte conflictividad social que vivía el País Vasco”, pero también los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), una banda parapolicial compuesta por mercenarios, por lo que sería condenado en 1998, aunque solo pasó tres meses en prisión. Indultado por el gobierno se reincorporó a su puesto de inspector de trabajo, hasta su feliz jubilación.

Barrionuevo visitaría al día siguiente la factoría bilbaina, para asegurar, sin que hubiera ninguna investigación previa que “no existen elementos para hablar de actuación incorrecta de la policía”, justificando su actuación por la “utilización de cócteles molotov, tácticas más propias de una guerrilla urbana que de una legítima protesta obrera”, para afirmar que en su opinión «el umbral entre la discrepancia legítima y la actuación delictiva se traspasó, en este conflicto, hace tiempo». También entonces estaba traspasando el ministro socialista los límites de lo que es admisible en una democracia, creando una organización terrorista, al servicio de las cloacas del estado, y utilizando fondos reservados de su ministerio, pero esa ya es otra historia.

La crónica del periódico que dirigía Juan Luís Cebrián sigue siendo ilustrativa del momento que se vivía: “El fallecimiento de González Larrazábal se produjo poco después de que, tras escucharse una primera ráfaga de metralleta, varios cientos de trabajadores se replegasen hacia la zona de diques, tratando de refugiarse en el interior de un buque en construcción. Para entonces ya había resultado herido Vicente Carril, alcanzado por una bala en el costado. La muerte del trabajador bilbaíno es la segunda que se produce en relación con la reconversión naval. La primera fue la de un estudiante de Gijón, cuando resultó alcanzado por los disparos de un joyero que trataba de evitar la utilización de su automóvil en una barricada.”

El estudiante asesinado en Gijón, era un joven de 18 años, estudiante de Formación Profesional, llamado Raúl Losa García, que se había sumado a las manifestaciones en defensa del sector naval, el 28 de octubre de ese mismo año, en solidaridad con los obreros de los astilleros gijonenses.

Volviendo a Euskalduna, según el artículo de El País, “decenas de policías, pertenecientes a la compañía número 11 de la reserva general, con base en Miranda de Ebro (Burgos), asaltaban el edificio que alberga las sedes de las secciones sindicales, así como los comedores y biblioteca de la empresa. Los policías arrancaron de cuajo lavabos, inodoros, tuberías, y arrasaron cuanto encontraron a su paso, incluidos los libros de la biblioteca, que arrojaron al suelo, y las botellas guardadas en un almacén contiguo a los comedores. Las sedes sindicales resultaron seriamente dañadas, con excepción de la correspondiente a la UGT, en la que no llegaron a penetrar.” Este último dato mereció ser reseñado en un editorial publicado por el mismo diario, al día siguiente: “Las circunstancias añadidas de que la sede sindical de UGT fuera respetada por estos piquetes uniformados infunde la tenebrosa sospecha de que la Policía Nacional discriminó por su cuenta y riesgo quiénes debían ser castigados con su azote y quiénes no.”

Al día siguiente se convoca una huelga general en el sector naval en todo el estado. El funeral de Pablo González Larrazábal convoca a miles de personas, que corean gritos contra la policía, que mantiene ocupado el astillero Euskalduna, y contra el PSOE, responsable de la reconversión naval y de la represión de los obreros bilbainos. El 8 de diciembre también se llamó a la huelga general en Bizkaia, secundada por todos los sindicatos vascos, a excepción de UGT, que ya había suscrito acuerdos sobre el futuro del astillero con la Administración. Euskalduna cerraría definitivamente, a pesar de la titánica lucha de sus trabajadores, tres años más tarde.

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