![]()
Sin duda la de Gerardo Lizarraga fue una vida de película, y la directora, guionista, periodista navarra Blanca Oria quiso recuperar su vida y obra en un documental estrenado en 2018: “Estrellado”, y con la exposición «Gerardo Lizarraga, artista en el exilio»
Por Angelo Nero | 3/04/2026
La vida de Gerardo Lizarraga da para una película. Nacido en Pamplona a principios del siglo XX, en ese cambio de siglo que traería tantos cambios sociales, políticos y culturales, pronto se despertaron sus inquietudes artísticas, y a los veinte años comenzó a estudiar pintura en el estudio de Javier Ciga, para continuar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid con los profesores Cecilio Pla, Manuel Benedito y Julio Romero de Torres. Allí conoció a Remedios Varo, una incipiente pintora surrealista, amiga de Federico García Lorca y Salvador Dalí. Remedios y Gerardo se casaron en 1930, cuando ella contaba 22 primaveras y él, 25. Se fueron a vivir a París, donde se relacionarían con el grupo de André Bretón, para regresar un año después a Barcelona, donde participan activamente en los círculos culturales y políticos de la Cataluña republicana.
En 1935 Gerardo Lizarraga se separa de Remedios, pero continúa trabajando en proyectos como Ediciones Antifascistas, participando también en la fundación del Sindicato de Dibujantes. Sin embargo, el estallido de la guerra civil lo coge en París, trabajando como director artístico de la agencia de publicidad Walter Thompson. Lizarraga no lo duda y vuelve a Barcelona para incorporarse a las filas del ejército republicano. En plena guerra civil dirige varios documentales, y participa en la película surrealista Don Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si-Do de José Fogués en la que realizó diseños y formó parte del reparto.
Con el fin de la guerra, el pintor navarro cruzó la frontera, y en Francia fue internado en varios campos de concentración, primero en Argelès-sur-Mer, luego en Agde y Clermont-Ferrand. Durante su confinamiento realizó numerosos dibujos y caricaturas, muchos de estilo surrealista y, en sus palabras, que conforman su obra más importante. La privación de libertad fue un catalizador de su fuerza creativa, y el empeño en conservar aquellos dibujos da fe de la relevancia que tenían para él: “El campo era una playa desierta, solo arena; kilómetros y kilómetros más allá de las alambradas, sin ninguna raíz…, arena y solo arena. Tenía tiempo para pensar y poca costumbre de hacerlo. El lápiz pensó por mí”.
Gracias a unas imágenes rodadas en uno de estos campos por el fotógrafo húngaro Chiki Weisz, asistente de Robert Capa, Remedios Varo, entonces pareja del poeta surrealista Benjamin Peret -que combatió en las filas del POUM-, supo que Lizarraga continuaba vivo, y logró que en 1942 pudiera viajar a México, donde se reunió con un grupo de intelectuales exiliados de los que formaban parte también Weisz, Peret y Varo, junto con la pintora británica Leonora Carrington (esposa de Weisz), y la fotógrafa húngara Kati Horna. Junto a otros exiliados fundó el Círculo de Bellas Artes de la Ciudad de México. En 1945 se casó con la fotógrafa navarra Ikerne Cruchaga, con la que estuvo ligado hasta 1963.
Gerardo Lizarraga se dedicó a la publicidad y a la pintura durante los años siguientes: “Mi postura es la de seguir pintando lo que me apetece, y ya saldrá lo que deba salir. Hay quien ya viejo encontró su camino, pero yo me siento joven y rebelde”, escribe el artista en una carta al director de cine Miguel Luch. En 1957 tuvo el reto de reconstruir las calles de París y Pamplona en la ciudad mexicana de Morela, como director artístico de la película de Henry King, The sun also rises, basado en la novela de Ernest Hemingway, Fiesta, ambientado en los sanfermines de la capital navarra.
Una escritora que investigaba sobre Remedios Varo, su primera mujer, Asunción Lazcorreta, fue su tercer matrimonio, en 1970, con la que estuvo diez años, hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 1982.
Sin duda la de Gerardo Lizarraga fue una vida de película, y la directora, guionista, periodista navarra Blanca Oria quiso recuperar su vida y obra en un documental estrenado en 2018: “Estrellado”, y con la exposición «Gerardo Lizarraga, artista en el exilio», en el Museo de Navarra, comisariada también por Oria. En el documental la directora navarra se recrea en las historias de los personajes más allegados al pintor, recogé testimonios como el de sus hijos, Xabier y Amaia, o el de la mujer del director Miguel Lluch, la actriz sueca Maria Gustafsson, recuperando también varios documentos gráficos de la época, en un ejercicio del cine dentro del cine, investigando sobre las películas en las que participó Gerardo Lizarraga, como la surrealista Don Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si-Do, de la que no se conservan copias, el proyecto inicial de La torre de los siete jorobados, la primera cinta del cine fantástico español que acabaría dirigiendo Edgar Neville o The sun also rises, la película que Henry King rodaría en México con Tyrone Power, Ava Gardner, Mel Ferrer y Errol Flynn, y que contaría también con un cameo del propio Lizarraga.
Hay que agradecer trabajos como el de la cineasta Blanca Oria, recordando a esa galaxia de estrellados, a los que el fascismo expulsó de España, privando a varias generaciones de esa fuerza motora de la cultura, imprescindible para el avance de un país. Cineastas, pintores, fotógrafas y escritores, toda una intelectualidad que encontró refugio en lugares como México, gracias a la solidaridad de su presidente, Lázaro Cárdenas.
Se el primero en comentar