Rebeca Quintáns: “No se puede democratizar una institución medieval”

Entrevistamos a la periodista y escritora Rebeca Quintáns:  “Que se tensen los límites de la libertad de expresión, que se generen contradicciones, que las reivindicaciones se hagan cada vez más fuertes, es parte del recorrido revolucionario. La lucha por la República es parte de la Revolución”.

Por Angelo Nero

Cuando Rebeca Quintáns publicó, en el año 2000, “Un rey golpe a golpe”, la biografía no autorizada de Juan Carlos de Borbón, tuvo que hacerlo bajo el seudónimo de Patricia Sverlo. El libro pudo salir a la luz en la editorial de un irreductible periodista gallego, Pepe Rei, Ardi Beltza, una auténtica oveja negra que cerraría un año después el juez Garzón, enviando a mi paisano a prisión. Tuvo que esperar hasta 2014 para hacer pública su autoría, y dos años después reeditó una versión actualizada del libro con Akal, con el título de “Juan Carlos I: la biografía sin silencios”.

Te atreviste a escribir sobre Juan Carlos I, en un momento en el que todavía era impensable que nadie pudiese hacerlo en esos términos, cuando los medios de comunicación que ahora hablan sin ambages de sus negocios corruptos, cerraban filas ante el mito de la Transición. ¿Cómo surgió esa arriesgada idea de nadar contracorriente, y asumir los riesgos de publicar un libro que se atrevía a cuestionar la figura del Jefe del Estado?

La idea estaba ligada al nacimiento del proyecto editorial y periodístico Ardi Beltza. Desde antes de que empezara a salir la revista, sabíamos que íbamos a sacar este libro. Era un reto importante: el tabú informativo por excelencia. Pepe Rei tenía muy claro que había que hacerlo y yo me ofrecí para escribirlo. O sea, que fue un libro de encargo y todo muy consciente. De lo que se trataba era de forzar los límites de la libertad de expresión, actuar como si no existieran… Algo que deberían hacer todas las empresas informativas que se precien de hacer buen periodismo. Desde Pepe Rei no ha habido otro proyecto tan comprometido y valiente.

“Recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco, la legitimidad política surgida del 18 de julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos, sufrimientos, tristes, pero necesarios, para que nuestra Patria encauzase de nuevo su destino”, declaró Juan Carlos el 23 de julio de 1969, en las Cortes españolas, en la jura como sucesor en la Jefatura del Estado. ¿Con una declaración tan importante como esta, en la que invocaba la legitimidad del golpe fascista, podía haber alguna esperanza de que la monarquía fuera algún día democrática?

Claro que no. Aunque incluso a este discurso quisieron darle la vuelta con reinterpretaciones durante la Transición, diciendo que había dicho lo que había podido pero que ya estaba contenido el germen de la democracia a la que nos quería llevar (con aquella referencia a la “rebeldía de la juventud”, que en realidad iba para los falangistas que entonces le cantaban: “No queremos reyes idiotas, que nos quieren gobernar”). Sobre el alzamiento del 36 y sobre la figura de Franco, Juan Carlos nunca hizo el más mínimo comentario negativo. Y esa fue la tónica general durante toda la Transición y hasta hoy.

La clase política, los medios de comunicación, el estamento militar y la casta judicial, parecían ser los pilares visibles de la monarquía, pero detrás de eso también estaba un poder económico subterráneo, que no salía a la luz, y que ahora aflora como un magma. Sin embargo ¿crees que el rey emérito llegará a ser enjuiciado por esa trama económica en la que se hicieron negocios a expensas del estado, cobrando millonarias comisiones ilegales?

Lo veo muy difícil. En esa trama están involucrados con el rey los poderes económicos (grandes empresarios y banqueros), y también toda la casta política que tocó el poder. Una parte ya venía con curriculum del franquismo y otra era de nuevo cuño, fue medrando con el PSOE de Felipe González. Todavía están ahí unos y otros, o sus herederos y sucesores, y no van a permitir de buen grado que se hagan comisiones de investigación ni mucho que se instruyan judicialmente los casos de corrupción. Por eso es tan importante seguir peleando por conseguirlo. Por el momento, ya se ha abierto al debate en la opinión pública y, como en el caso de los crímenes del franquismo, se ha logrado que se abran procesos judiciales primero en el extranjero (en este caso en Suiza; en España también, aunque los cerrarán en falso próximamente). Está todo muy difícil, pero no es imposible. La lucha es el único camino y seguiremos avanzando.

El empresariado español que medró como cómplice de la dictadura, alimentándose de ella y alimentándola, que participó en el expolio, que se nutrió del trabajo esclavo, no parece muy distinto del que engordó con las privatizaciones, del que engulló los fondos europeos. Ahora está otra generación en el poder empresarial, pero las familias son las mismas. Antes hacían negocios con el rey Juan Carlos como intermediario, ¿ahora siguen haciéndolos con Felipe V, o ha cambiado algo en el entorno empresarial de la Casa Real?

No han cambiado ni las formas. Felipe VI sigue haciendo viajes institucionales en los que elige él qué empresarios van a acompañarle, y ni siquiera se siente obligado a informar a la prensa del listado. Sigue sin haber transparencia en este sentido, y es una cuestión de fe el creer que ya no se cometen abusos. Yo, como soy muy mal pensada, no me creo nada. Este nuevo rey, criado como un niño de papá consentido, ofrece sólo una cara y un estilo diferente en lo más superficial. No tenemos ninguna razón objetiva para pensar que nada haya cambiado en el fondo.

Mientras se reabre el debate sobre la República, otros sectores hablan de modernizar la monarquía, del mismo modo que se habla de reformar algunos aspectos de la Constitución, como la inmunidad del Rey. Aunque la monarquía esté bastante desacreditada para una parte importante de la población, todavía tiene grandes apoyos entre los seguidores de los partidos mayoritarios, y más todavía entre los que tienen como referente a Abascal y su defensa cerrada de la Corona. ¿Ha dado resultado la operación quirúrgica para limpiar de la familia real los elementos que ya están señalados por la corrupción, para mantener una imagen aceptable de Felipe VI y (lo que queda) de su familia?

Ha sido una operación más cosmética que quirúrgica. Eso ya lo hacía su padre: apartarse de los que caían en desgracia para que no le perjudicasen. Juan Carlos se distanció de su padre (que no era del gusto del régimen) y de quien hizo falta; y ahora Felipe se aparta del suyo (o lo aparta a él) por los mismos motivos de conveniencia personal. Pero como se empeñen en “limpiar” demasiado, se van a quedar solos… De hecho, la familia real ya está en mínimos.

Por otra parte, el apoyo del partido de Abascal a la monarquía lo veo muy endeble. Están muy contentos con las simpatías públicas de miembros de la familia real, como Froilan y Federica, que se dejan ver en sus mítines. Pero también aparecen demasiado como beneficiarios de tarjetas y regalos de Juan Carlos de oscura procedencia y, todo lo bien que caen a los fachas les va a a acabar estallando en la cara. El apoyo de Vox a la monarquía no sé cuánto va a durar, cuando los sobrinos caigan en desgracia y Felipe los abandone y los metan en la cárcel o algo así (que ellos no están tan protegidos como otros de la familia).

Por ahora, para modernizar la monarquía se ha hecho más bien poco. Se resisten, porque pierde su esencia. No se puede democratizar una institución medieval. Sólo hablarlo supone un primer acercamiento a planteamientos republicanos.

El cierre de filas mediático que existía en torno a Juan Carlos I, parece que no es muy distinto al que existe con Felipe VI, cuesta encontrar en la prensa española alguna voz que se atreva a cuestionar la monarquía, no digamos a investigarla. ¿No hay un cierto gatopardismo en todo esto, en que parece que han apartado al emérito, pero, en esencia, nada ha cambiado en la jefatura del estado y en sus apoyos? ¿Se atrevería alguien a publicar, ahora mismo, una biografía no autorizada de Felipe VI, o tendremos que esperar por Patricia Sverlo?

La verdad es que me asombra que incluso gente muy progresista le conceda el beneficio de la duda a Felipe. No aprendemos nada, parece; y sí, supongo que para Felipe VI tendrá que haber otra “Patricia Sverlo” que lo saque del armario y enseñe sus vergüenzas… y todos se sorprenderán mucho porque no parecía, porque creían que no era como el padre. La diferencia, creo y espero, es que va a haber muchas “Patricias Sverlos” y que no va a costar tanto esta vez, que hay muchos periodistas jóvenes con hambre de hacer buen periodismo, a la mínima oportunidad que se les deja, que son muy pocas, eso es lo malo. Los grandes medios están cerrados a eso y con los medios alternativos es difícil ganarse el pan (y los periodistas también comen). Hay que encontrar el camino.

Tú has sufrido en tus carnes de los medios de comunicación masiva, no solo para ejercer tu carrera periodística, si no para poder dar a conocer tu trabajo de investigación sobre el rey emérito, incluso creo que la Sexta, ese medio que para muchos es lo más “progre”, ha cancelado alguna intervención tuya. ¿Te has sentido señalada por atreverte a escribir “Un rey golpe a golpe”, y por continuar señalando públicamente a ese rey desnudo al que, todavía hoy, muchos medios siguen loando su papel modélico en la Transición?

Me he sentido ninguneada e ignorada. Ese ha sido mi castigo. Es verdad que en varias ocasiones, algún becario en algún programa de éxito, cuando estaba en el candelero algún escándalo del emérito, me llamó inocentemente para participar, y luego le hicieron rectificar y cancelarlo. Me hacen más caso en la prensa y las televisiones extranjeras. Me han entrevistado el New York Times, un canal de televisión ruso, la televisión suiza, la alemana… Aquí me he llegado a sentir ofendida porque gente muy progre cita mi libro con profusión sin decir que es mi libro. Hay incluso una obra de teatro que coge el final de mi libro y lo calza tal cual al final, y ni en la lista de agradecimientos aparezco. Es triste. Españistan.

Pero por otra parte, es un libro que ha gustado y eso es una satisfacción enorme. Se ha leído muchísimo y las críticas han sido  positivas. Ha sido una suerte haber acertado con algo que sí, la gente estaba necesitando leer y lo ha cogido con ganas.

La construcción del relato acerca de la Transición tiene su momento álgido en el 23F, que todavía nos siguen contando ahora, como en la novela de Javier Cercas, otorgándole a Juan Carlos el papel de salvador de la democracia. Sin embargo, tú tienes una visión diferente del papel que juzgó el monarca en el golpe de estado, ¿Qué evidencias hay de que el rey participó en el complot, que aunque fracasó fortaleció su figura?

Lo sabemos todo (o casi todo), pero lo sabemos por investigaciones periodísticas, testimonios, documentos filtrados… En los documentos oficiales (que conocemos indirectamente) están las pruebas contundentes y reales de la participación de Juan Carlos en la conjura del 23F, pero no tenemos acceso a ellos porque son “secreto de Estado”, y lo seguirán siendo al menos 30 años más. Me refiero, por ejemplo, a las grabaciones de todas las conversaciones telefónicas que se hicieron desde Zarzuela la noche de autos, realizadas de oficio por el CESID; o al Informe Jáudenes, sobre la participación de miembros del CESID en el golpe; o el informe sobre los objetivos del golpe de Alfonso Armada… En fin, un montón de cosas que se han ocultado. Así que se permiten el lujo de negar buena parte de lo que pasó aquellos días. Seguimos como con Franco: el Estado nos niega la información que pone en peligro el Régimen.

Cuarenta años después del fin de la dictadura, se sigue sin poder juzgar los crímenes de esta, por la trampa de la Ley de Amnistía, que resultó, en efecto, una ley de punto final, pero es que ni tan siquiera muchas de las muertes causadas por los cuerpos de seguridad del estado durante la transición se han juzgado, y si han sido juzgados, los culpables han sido absueltos o han cumplido condenas irrisorias. Mientras se han cerrado medios de comunicación, se han condenado a periodistas. Parece que todo quedó “atado y bien atado”…

Bueno, la ley de Amnistía se peleó mucho, para que todos los presos políticos salieran de la cárcel, y no sólo algunos. Y fue una victoria. Eso no hay que olvidarlo. Otra cosa es que se incluyera a los verdugos de rondón… Pero este aspecto de la ley de Amnistía no tendría que haberse respetado tanto porque, para empezar, hay normas internacionales de rango superior con las que se contradice. Nos quieren vender que no se puede hacer nada por la ley de Amnistía, pero la verdad es que no quieren hacer nada. Todo está muy atado y bien atado por los jueces y la casta política, creada a imagen y semejanza del Régimen del 78 para defenderlo y perpetuarlo. Un régimen que, en lo básico, mantiene las mismas estructuras de poder del franquismo; los privilegiados siguen siendo los mismos y los reprimidos, también.

En un estado que ha reprimido con tanta dureza el referéndum de Autodeterminación de Cataluña, no parece que podamos esperar que se vaya a celebrar, o por lo menos no en un medio plazo, una consulta sobre la forma del estado, ¿Qué condiciones se tendrían que dar para que pudiéramos votar, con libertad y garantías, entre monarquía y república?

Las rupturas no son nunca del todo pacíficas. Es normal que haya cierta dosis de violencia, y me refiero a protestas y manifestaciones, no necesariamente a una guerra. Que se tensen los límites de la libertad de expresión, que se generen contradicciones, que las reivindicaciones se hagan cada vez más fuertes, es parte del recorrido revolucionario. La lucha por la República es parte de la Revolución. Yo creo que el futuro no está escrito, que lo hacemos nosotros. Y el futuro de la monarquía, también. Igual hay que empezar haciendo un referéndum al estilo del que se hizo en Cataluña, por las buenas, que no puedan reprimir por las malas. Quizá porque podemos ganarlo, y lo sabe, se puso Felipe tan nervioso y a la defensiva en aquel famoso discurso después del 1 Octubre. Haría mal en crearle a su hija vanas ilusiones sobre su futuro de reina.

Participaste, junto a Pepe Rei, en la redacción de Ardi Beltza, y tras el cierre judicial de esta, en su continuadora, Kale Gorria, en un momento álgido de la represión del periodismo «sin mordaza”, con lo que sabías que, en algún momento, podías ser enjuiciada, o algo peor. A Pepe no consiguieron callarlo ni con sus continuadas entradas en la cárcel, ni con el cierre de las revistas que creo, y fue un accidente de circulación el que lo incapacitó para seguir con su titánica tarea de investigación. ¿Crees que es posible que hubiera alguna mano negra que propiciara el accidente que apartó a Pepe Rei del periodismo?

En su momento lo pensamos todos, supongo. A Pepe le tenían muchas ganas y no podían con él de ninguna manera. Como bien dices, cerraron la revista, lo metieron a él en la cárcel, y ya sólo les quedaba una cosa por hacer. Tengo que decir que se hizo un peritaje del coche y se habló con los testigos, pero no se pudo encontrar ningún indicio de que se hubiera provocado el accidente. Aun así, personalmente me quedan dudas de que algo lo asustase y obligase a dar el volantazo que lo sacó de una manera tan fatal de la carretera.


Esta entrevista fue publicada originalmente el 7 de diciembre de 2021.

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