‘Cuando acecha la maldad’, terror con acento argentino

‘Cuando acecha la maldad’ no es para todos los públicos, incluso para aquellos acostumbrados a las películas de terror más sangrientas, porque en la cinta de Demián Rugna no hay protagonistas atractivos y decorados apocalípticos.

Por Angelo Nero | 5/11/2025

El director y músico argentino Demián Rugna logró, con su quinto largometraje, Cuando acecha la maldad, tres grandes éxitos. El primero el reconocimiento de la crítica: logró el premio a Mejor Película en la edición de 2023 del Festival de Cine Fantástico de Sitges, y el Premio Sur, también a la Mejor Película, otorgado por la Academia de Cine Argentino. El segundo, y no menos importante: el batir el récord de salas comerciales, 670, que proyectaron una cinta argentina en Estados Unidos, que hasta ahora tenía Relatos Salvajes, de Damián Szifron, con 200. Y el tercero; convertirse en la segunda película argentina más taquillera en su país, en el año del estreno, superando incluso a grandes superproducciones norteamericanas como The Marvels. Y no estamos hablando de una película comercial al uso, porque Cuando acecha la maldad no es para todos los públicos, incluso para aquellos acostumbrados a las películas de terror más sangrientas, porque en la cinta de Demián Rugna no hay protagonistas atractivos y decorados apocalípticos, no es The Walking Dead -aunque entre sus seguidores esté el mismísimo Greg Nicotero, donde hasta los zombies tienen su propia coreografía, ni le acompañan diálogos filosóficos sobre el origen del mal. Aquí el mal está en estado puro, es sucio, inesperado, y no atiende a ninguna lógica.

En una entrevista a Rolling Stone, el director declaraba: “Esta película nació de mi necesidad de hacer algo diferente, incluso en la concepción de cómo asustar. Es una road movie, mientras que mi anterior film, Aterrados, se centraba en lo suburbano: tres casas, cuatro o cinco personas, todo muy claustro. Yo mismo me mudé a una zona rural y mi entorno también cambió. Estoy cerca de Brandsen, pasan las vacas por la puerta de mi casa. Y después hay cosas que suceden alrededor mío como argentino, y que observo. La creación de este personaje, el embichado, fue el reflejo de las noticias sobre los pueblos fumigados. Entender la vida de la gente que vive en el medio del campo, en una pobreza que a todo el mundo le chupa un huevo, me despertó un primer interés. Nadie sabe los flagelos de vivir en la contaminación. La idea fue transpolar a ese familiar enfermo, sólo que en vez de tener un cáncer tiene a un demonio adentro. El otro interés fue el contagio del odio en la cabeza de la gente y cómo se transmite tan fácilmente. Me generaba un guion que nunca me senté a escribir, pero que tenía masticado en la cabeza hacía años. Trataba de un tipo que regresa a su pueblo después de un tiempo, y todos lo odian porque hay un pequeño periódico que se la pasó hablando muy mal de él. Esas ideas de la transmisión de la locura estaban en mi cabeza cuando me senté a escribir Cuando acecha la maldad. Es lo que yo entendía de cómo los medios de comunicación terminan contagiando ese odio. Uno lo puede ver en el crecimiento del fascismo alrededor del mundo.”

Pedro Yazurlo (Ezequiel Rodríguez) y su hermano Jimi (Demián Salomón) viven en una zona rural, uno de esos lugares de la pampa húmeda abandonado de la mano de Dios, cuando una noche escuchan a lo lejos unos disparos. Decididos a averiguar el suceso, al día siguiente encuentran la mitad de un cuerpo seccionado en el bosque, junto a los restos de un extraño artilugio. Un papel encontrado a la víctima le conduce a la destartalada casa de su vecina, María Elena (Isabel Quiteros), que tiene a su hijo Uriel convertido en una masa purulenta y deforme, “embichado”, y esperando que las autoridades se hagan cargo de él. Ante la desidia de los representantes del estado, que parece desaparecido en esa Argentina profunda, los hermanos Yazurlo piden ayuda al hacendado Armando Ruiz (Luis Ziembrowski), que decide que lo mejor es alejar del lugar al “encarnado”, como también denominan a los que sufren este mal.

Este es el punto de partida de una espiral de violencia, sin dar mucho tiempo a pensar en las causas, ni a entonar teorías ni diálogos vacíos, con una huída precipitada a la nada, en la que Pedro, con ayuda de su hermano, intenta salvar a sus hijos, al pequeño Santino (Marcelo Michinaux), y al adolencente Jair (Emilio Vodanovich) que padece autismo, y que, tras su divorcio, viven en un pueblo cercano con su madre Sabrina (Virginia Garófalo) que ha formado una nueva familia, para lo que contará con la ayuda de Mirtha (Silvia Sabater), que ha combatido a ese mal que acecha en el pasado.

En una orgía de sangre, el director argentino nos lleva a una especie de Pueblo de los malditos donde en una escuela ocupada por una docena de siniestros niños, colocará al protagonismo en un juego de engaños, en donde tendrá que decidir a quién creer, para que el mal, finalmente, no lo arrase todo.

Cuando acecha la maldad es, evidentemente, una película de terror, aunque no está exenta del poso político que confiesa el director: “Creo que ese espíritu rebelde y en contra del sistema que se respiraba como rock me forjó a cagarme en lo establecido y me sentó las bases de decir: “No tenés que quedar bien con todo el mundo, tenés que quedar bien con lo que a vos te gusta y con aquello en lo que creés”. Siempre fui de pelearme con las causas perdidas. No me recuerdo demasiado militante en la secundaria, pero sí estaba bastante politizado porque mi familia venía más del socialismo en una época en donde a nadie le interesaba lo que estaba haciendo Menem con YPF, por ejemplo. Haber vivido el neoliberalismo cuando tenía 18 años y me hacía hombre también hizo que hoy vea la realidad con otro prisma.”

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.