Cine | Desescombrando la memoria (crítica de El Silencio de Otros)

Por Angelo Nero

Después de nueve meses viajando por festivales internacionales, dónde cosechó hasta catorce premios, incluyendo el del público en la sección Panorama Dokumente de la 68 Berlinale, y el  premio de la paz de la fundación Heinrich Böll, llega a nuestros cines el documental “El Silencio de Otros”, dirigido, producido y rodado por Almudena Carracedo y Rober Bahar. La expectación generada en las redes sociales, y también la producción ejecutiva de El Deseo, la compañía de los hermanos Almodóvar, han logrado algo insólito hasta la fecha: que hubiera colas en los cines para ver un documental sobre la Memoria Histórica, obligando a muchas salas a colgar el cartel de aforo completo y a ampliar el plazo de las proyecciones.

El cine militante, el que hace trincheras de celuloide, tuvo este año notables películas, de diversos formatos y temáticas, como “Comandante Arian”, de Alba Sotorra, sobre la lucha de las mujeres de Rojava; “Black is Beltza”, de Fermín Muguruza, un thriller animado con las luchas de liberación de los sesenta como telón de fondo; o “Un día más con vida”, de Raúl de la Fuente, una cinta que combina la animación y el documental, basado en el libro de Ryszard Kapuścińsk sobre la independencia de Angola.  Películas que nos han acercado a realidades poco conocidas, ignoradas por los medios de comunicación y por la industria cinematográfica, pero sin duda “El Silencio de Otros” es el fenómeno del año, lo que quizás abra la puerta a la difusión de otros trabajos sobre nuestras heridas abiertas.

Heridas como las de María Martín, el personaje que abre y cierra esta historia de fosas comunes, bebes robados, pactos de silencio, torturadores condecorados, políticos amnésicos… María, con la voz rota, señalando el lugar donde enterraron, junto a la memoria de todo un país, a su madre, nos señala a todos, a los que, durante todos estos años miraron a otro lado, a los que no pidieron justicia, a los que invocaron al olvido, a los que se dejaron vencer por el miedo.

También nos señala Chato Galante, torturado por un estado que, tras la vergonzosa ley de amnistía de 1977, se erigió como continuador de aquel, manteniendo las mismas estructuras militares, policiales y judiciales, sin posibilidad de investigar ni castigar los delitos contra la humanidad, amparados y promovidos por el régimen franquista, que siguieron impunes durante la restauración borbónica.

Tuvo que abrirse la puerta al otro lado del océano, en Argentina, donde hace ocho años la jueza María Servini abrió la primera causa contra los crímenes del franquismo, invocando el principio de justicia universal y el conflicto de esta con la ley de amnistía, auténtico pilar del régimen del 78. Esa jueza valiente, que afirma en la parte final del film, que sigue parte de sus investigaciones: “si los jueces escucharan los centenares de testimonios que he escuchado yo a lo largo de estes años, seguro que se pondrían a actuar”. Ingenua del funcionamiento de la justicia española, que vio como la fiscalía se oponía a la extradición de cargos de la dictadura para que testificaran. La querella argentina no solo avanzó “como un tres  postal que va deteniéndose en todas las estaciones”, en palabras del abogado Carlos Slepoy, torturado en Argentina en 1976, y en España en 1977, sino también por el comercio de bebes robados, cuya maquinaria no se detuvo con el fin de la dictadura y que está cuantificado en unos 30.000 niños.

Durante seis años la cámara de Almudena y el micrófono de su marido Robert entraron en hogares rotos por el olvido, se quedaron a la puerta de juzgados o se colaron tras los barrotes de las cárceles, mientras en España comenzaban a surgir voces, a reconocerse y a unirse, para romper ese pacto que las fuerzas políticas de la transición firmaron para que las víctimas no tuviesen posibilidad de buscar verdad, justicia y reparación.

Quizás, con el éxito de este film, también habría que reivindicar el trabajo de otras directoras, que han arrojado luz sobre las sombras de nuestra memoria, como Alba Sánchez  con “Camilo, el último guerrillero”, Sara Gallardo con “Las víctimas sin llanto”, Pablo Ces con “Las silenciadas”, y tantas otras películas que han pasado con escasa difusión en nuestros cines, relegadas a las salas de proyección de fortuna de los colectivos memorialistas. Estamos en un momento proclive, a desescombrar las ruinas de nuestra memoria, y a construir un nuevo relato, que devuelva la voz a los que hace tanto tiempo silenciaron.

Dirección y Guión: Almudena Carracedo,  Robert Bahar

Música: Leonardo Heiblum, Jacobo Lieberman

Nacionalidad: España

Fecha de estreno: 17-02-2018

Productora: Semilla Verde Productions / Lucernam Films / American Documentary POV / Independent Television Service / Latino Public Broadcasting (LPB) / El Deseo


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