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Han pasado 40 años y los Zabalza no olvidan, tampoco nosotros, que pasados los duros días de un nuevo aniversario, nos ponemos en contacto con Begoña, hermana de Mikel, para sentir también como nuestra esa herida.
Por Angelo Nero | 27/11/2025
Las cicatrices son parte de nuestra geografía más íntima, la que nos habla de caídas, accidentes, operaciones, huellas que el tiempo no ha borrado del todo, algunas incluso nos hablan los días de lluvia, o nos da cierta vergüenza mostrarlas en público, pero las más profundas, las que todavía se abren y vuelven a ser herida, son las del alma, y esas son las que realmente nos conforman, las que hablan de un dolor que no caduca, que tampoco se puede ver, pero que no se puede borrar.
Cicatrices del alma como las que tiene la familia Zabalza, a la que un 26 de noviembre de 1985, la guardia civil le arrebató a Mikel, que entonces contaba con tan solo 33 primaveras, con la excusa de una operación anti terrorista, en la que también fue detenida su novia, su primo y dos de sus hermanos, Patxi y Aitor, además del estudiante Ion Arretxe, que contaría el calvario de la tortura que sufrió en el cuartel de Intxaurrondo en “La sombra del nogal”. Ese 26 de noviembre dejó cicatrices en todos ellos, pero la más grande quedó en la familia Zabalza, después de que hicieran desaparecer a Mikel, lo asesinaran e inventaran una burda versión oficial que no pudieron sostener. Han pasado 40 años y los Zabalza no olvidan, tampoco nosotros, que pasados los duros días de un nuevo aniversario, nos ponemos en contacto con Begoña, hermana de Mikel, para sentir también como nuestra esa herida.
Hemos leído mucho sobre el caso Zabalza, pero sobretodo de las circunstancias que rodearon su muerte, de los juicios posteriores y de las distintas versiones de la prensa, pero, para comenzar, nos interesa saber cómo era Mikel, sabemos que era un joven conductor de autobús, y poco más, ¿qué recuerdos guardas tú de tu hermano, cómo era Mikel?
Mikel era un joven normal y corriente, el mayor de 9 hermanos, que tuvo que salir joven de casa para buscarse la vida. Vivía en Donostia, pero venía frecuentemente a casa. Como hermano mayor, y a pesar de la distancia, siempre estaba atento de los demás. Le gustaba la naturaleza, y cualquier excusa le valía para organizar una comida, porque le gustaba cocinar, pero, sobre todo, las reuniones entorno a una mesa. Era cercano, terco y cariñoso.
En 1985, José Barrionuevo, ministro del Interior del PSOE, dijo que sobre la muerte de Mikel solo había dos versiones “la aportada por la Guardia Civil y la de los que son amigos de los que secuestran, extorsionan y asesinan”, en 1985, y 13 años después fue condenado por la trama del GAL. Al final, los que secuestraban y asesinaban, en el caso de tu hermano, eran funcionarios del estado. Ahora ya sabemos la verdad, pero ¿dónde queda la justicia y la reparación para la familia Zabalza?
Por ahora no tenemos justicia, y no sabemos si algún día la tendremos. Siempre hemos creído que sería más fácil saber la verdad que conseguir justicia, o, mejor, que tenemos que renunciar a la justicia para saber la verdad. Ahora la verdad que tenemos es a medias, genérica. Si fuera una verdad completa y detallada, alguien tendría que pasar por el juzgado, y no creo que eso vaya a suceder. Quizás sepamos todo cuando mueran los protagonistas. En lo que respecta a la reparación, el Gobierno Vasco lo ha reconocido como víctima de violencia de motivación política, y hemos sido reparados económicamente.
Tus hermanos, Patxi y Aitor, también fueron detenidos por la guardia civil ese 26 de noviembre de 1985, y también pasaron por el calvario de la tortura, ¿cómo cicatrizaron sus recuerdos de aquellos días?
Ellos, además de enfrentar la muerte de Mikel, tuvieron que superar su propia experiencia sin ninguna atención. Pasaron prácticamente desapercibidos, porque no eran prioridad. Y no solo para los demás sino para ellos mismos. Hoy en día creo que son los que más dolor sienten todavía.
Durante años, habéis mantenido una lucha para el reconocimiento de Mikel como víctima del terrorismo de estado, el primer paso para ayudar a que vuestra herida cicatrice, ¿ha sido muy larga esa lucha para ese reconocimiento institucional, y os habéis sentidos arropados por la sociedad vasca en este camino?
En mayor o menor medida, siempre hemos sentido el respaldo de la sociedad vasca. Muy intensamente en los días que estuvo desaparecido y después de que “entregaron” su cadáver. Pero también hemos atravesado lo que podíamos decir que ha sido un gran desierto de silencio y oscuridad, que ha durado muchos años; y, no obstante, en ésa época también tuvimos el apoyo de mucha gente de nuestra comarca, que ha sido clave para nosotros porque han impulsado iniciativas que han hecho que el caso sea conocido. Han sido el motor de muchas cosas y estamos por ello muy agradecidos. Hoy en día notamos el respaldo de la gran mayoría de la sociedad.
La Plataforma Mikel Zabalza Gogoan ha llevado a cabo varias iniciativas para que la memoria familiar sea también parte de la memoria del pueblo, ¿cómo de importante es para la familia la labor que desarrolla esta plataforma?
Como ya he dicho antes, la plataforma siempre ha llevado a cabo iniciativas para las que nosotros nunca hubiéramos tenido energía: homenajes, charlas, exposiciones, la película Non dago Mikel?… y muchas cosas más. Han sido la locomotora a la que nos hemos enganchado.
En el reciente homenaje a tu hermano, la Plataforma Mikel Zabalza Gogoan denunciaba que “Muchos documentos han desaparecido, sin ser desclasificados, y, otro ejemplo, en abril de este año Arturo Espejo Valero, el guardia civil implicado en la muerte de Mikel Zabalza, fue nombrado teniente general”, ¿crees que la impunidad sigue siendo una piedra en el zapato de la democracia?
Claro que sí. Nadie se ha atrevido a romper con el pasado heredado del franquismo. Todavía la denuncia de las vulneraciones de derechos es una ofensa al mismo estado, cuando se debería considerar que esas violaciones son en sí mismas un ataque. La tortura ha sido una práctica sistemática que ha contado con el consentimiento y apoyo del estado: forenses, aparato judicial, medios de comunicación. La tortura, en vez de perseguirse ha sido premiada, y hoy en día todavía es un tema blindado que asegura la impunidad a los que la practicaron.
Miguel Angel Llamas y Amaia Merino, indagan en la historia de tu hermano en el documental Non dago, Mikel?, estrenado en 2020, ha tenido gran repercusión, ya que fue estrenada en el Festival de San Sebastián e incluso fue nominada a varios Goyas, ¿qué ha supuesto esta película para la familia Zabalza?
La película es fundamental para nosotros. Durante la elaboración vivimos como un tsunami de recuerdos, sentimientos y experiencias. Nos ha permitido ordenar la memoria, conocer cómo hemos vivido el caso cada miembro de la familia…
Tenemos un documento que relata todo lo sucedido aquellos días, y, además ha dado a conocer el tema de Mikel más allá de nuestro pequeño ámbito geográfico. Dar a conocer el caso, que no quede en el olvido, es el principal objetivo, no solo en el presente sino también en el futuro.
En NR hablamos muchas veces de que en el estado español hay tres categorías de víctimas, las causadas por la acción de organizaciones armadas, como ETA, que han tenido todo el reconocimiento y justicia; la segunda categoría es la de las víctimas del franquismo, que han tenido un reconocimiento limitado, pero sin justicia; y la tercera es la de las víctimas de la violencia policial en la Transición, que no han tenido ni reconocimiento ni justicia. ¿Coincides en esta apreciación?
Totalmente. Pero además en esta 3ª categoría también hay subcategorías. Nosotros estamos, en una primera subcategoría ya que siempre hemos contado un el reconocimiento o apoyo social. En otra 2ª inferior, hay muchos casos que todavía son silenciados y que tienen casi imposible que nunca consigan la consideración de víctimas.
Tanto el Gobierno vasco como el navarro han aprobado leyes para el reconocimiento de las víctimas del terrorismo de estado, ¿cómo valoras estas leyes, y crees que han llegado demasiado tarde?
Imagínate qué pensarían los familiares de las víctimas del franquismo si dijéramos que ha sido demasiado tarde, cuando casi nos ha llegado a la vez. Es tarde, claro, pero nunca es demasiado.
Lo negativo de estas leyes es que su objetivo es el reconocimiento de víctimas de una realidad que ha sido evidente y que, digamos, son socialmente aceptadas. Cuando debiera ser el de crear comisiones de la verdad con consecuencias judiciales, en la que cupieran todas las víctimas. En definitiva, que quedan fuera esas víctimas de segunda de la 3ª categoría que mencionaba.
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