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Babia fue un proyecto adelantado a su época, que publicó un solo disco, en 1982, en el sello Guimbarda, con el que Manuel Domínguez abrió las puertas al folk en el estado español.
Por Angelo Nero | 29/12/2025
Con cincuenta años de carrera a sus espaldas, y 26 discos publicados, Luis Paniagua está considerado uno de los pioneros de la World Music, la Música Espiritual y las Nuevas Músicas, bajo cuya etiqueta florecieron proyectos en los que se buceaba en las procelosas aguas de la música antigua, el folk y la fusión. Uno de esos proyectos, que reunió a cuatro músicos madrileños, entre los que estaba un jovencísimo Paniagua, se llamó Babia, junto con su hermano Eduardo -especialista en música medieval-, Luis Delgado -otro músico inclasificable, que ha publicado más de 50 discos, 20 de ellos en solitario, y formado parte de proyectos como Imán o La Musgaña-, y Jesús Greus -también especializado en música medieval y renacentista-. Babia fue un proyecto adelantado a su época, que publicó un solo disco, en 1982, en el sello Guimbarda, con el que Manuel Domínguez abrió las puertas al folk en el estado español, tanto a los músicos estatales, como Emilio Cao o Labanda, como a los internacionales, como Alan Stivell, Boys of the lough, Jose Afonso o incluso al primer trabajo de Mike Oldfield.
El disco de Babia se tituló con el sugerente nombre de “Oriente/Occidente”, un apasionante viaje por los paisajes sonoros del mundo, por sus culturas y utilizando, además, una cantidad increíble de instrumentos, tantos que se nos antoja imposible que pudieran caber en un estudio de grabación: Luis Paniagua tocaba, además del bajo y el contrabajo, el sitar, la tanpura y el esraj indio, el salterio griego, el caxixi africano, además diversos tipos de percusión, como címbalos, timbales, gongs y cencerros, además de componer la mayoría de los temas; Luis Delgado, el bajo y las guitarras sintetizadas, el sintetizador, pero también la guitarra portuguesa y el archilaúd español, y percusiones como la kalimba africana o la cabasa; Eduardo Paniagua, aportaba el sonido de las flautas, la darbuga árabe, el xilófono, el salterio griego, y también más percusiones; y Jesús Greus la batería, la tabla y las campanas. Los cuatro aportaban también su voz a este original inventario de sonidos. El disco fue grabado en el estudio Musigrama de Madrid, con Juan Miguel Cobos como ingeniero de sonido.
El álbum se abría con el andino “Nazca”, a través de la flauta de Eduardo Paniagua y las cuerdas aceleradas de su hermano Luis, “elevándose a cientos de metros”, un tema que cuando sonaba -yo lo tenía en cassette- en mi primer coche, era como la promesa de un viaje hacia territorios incógnitos y misteriosos, que entonces se me antojaban como la puerta a una revolución.
“Nuevos razonamientos” (Nueva manera de pensar, una de las muchas que el ser humano tiene a través de la vida), cambia de continente, y nos lleva a la India a través de los sitares y el esraj, tocado con maestría por Luis Paniagua, al que le da contrapunto su hermano Eduardo con el salterio y el xilófono, y Jesús Greus a la tabla y la colaboración excepcional de Pepe Ébano a las tumbadoras. Un tema que rezuma exotismo, intenso e hipnotizante que a pesar del tiempo transcurrido, me sigue transportando a aquellos momentos en los que era inmortal.
En “Luciérnaga”, tendría una notable colaboración el saxofonista Andreas Prittwitz, que tiñe de jazz todo el tema, pero sobre todo la kalimba y las guitarras sintetizadas tocadas por Luis Delgado, además de contar con una excelente línea de bajo, factura de Luis Paniagua.
“Kejaritomene”, en una breve creación de Eduardo, apenas dura un minuto, tocada a dúo por los dos hermanos Paniagua a los salterios. Una miniatura deliciosa que anticipa a “Música terrena”, donde vuelve a cobrar protagonismo Andreas Prittwitz, esta vez al clarinete, conversando con la flauta de Eduardo Paniagua, y toda una explosión de percusiones etnicas, tablas, cencerros, timbales, cascabeles, que más que terrenal hacen de esta melodía algo celestial.
La sexta pista, “Torero”, fue elegida como cara b del single de lanzamiento, uno de los temas más luminosos del disco, construido con Valor, Locura, Soledad, Fé, Oración, Color… Luis Delgado hace brillar las cuerdas de la guitarra portuguesa y del archilaúd, y Eduardo Paniagua dibuja preciosas líneas con las flautas, en un tema en el que también colaboran Paco Espinosa, al bajo eléctrico, y Jesús Greus en la tabla.
La cara A del mencionado single de lanzamiento, “Toi toy”, tiene una magistral línea de bajo eléctrico a cargo de Luis Delgado, y una deliciosa explosión del sitar de Luis Paniagua, un tema con una marcada influencia de la música india, que se acentúa con la colaboración, a la voz, de Juan Alberto Arteche (que formó parte de Nuestro Pequeño Mundo, Aguaviva o Finis Fricae)
El octavo tema del disco, “Misterio del entendimiento”, vuelve a transportarnos a las atmósferas andinas, con una melodía plagada de cantos de pájaros, la flauta de Eduardo y el xilófono en estado de gracia de Luis Paniagua, un viaje a través de una selva de ritmos, decorada también con percusiones exóticas.
El único tema del disco que firma Luis Delgado es “Mohebius”, que hace la introducción con el órgano, para dar paso a la hipnotizante flauta de Eduardo Paniagua, y a la tanpura de Luis Paniagua.
En la recta final de este viaje de Occidente a Oriente, volvemos a la India con “Bengala”, donde Luis Paniagua vuelve a hacer una muestra de virtuosismo con el sitar, al que su hermano Eduardo acompaña con la darbuga y Jesús Greus con la tabla. Un broche de oro para un disco que según Luis Paniagua buscaba: “Un sonido nuevo en el cual se encuentran Oriente y Occidente, presente y pasado hacia el futuro. Su música está llena de color, visiones, sensibilidad, ensamblando perfectamente los sonidos, las ideas y los timbres.”
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