Algunos hechos económicos de Venezuela

Por Mario del Rosal


El golpe de Estado que en estos días está sacudiendo Venezuela recuerda, por sus apoyos imperialistas y su nulo respeto por la legalidad internacional, episodios del lamentable pasado de Latinoamérica. Episodios que creíamos con patética ingenuidad que estaban felizmente superados. Estados Unidos, siempre respaldado por sus fieles guardaespaldas europeos, vuelve a reclamar sus dominios como antaño, sin parar mientes en nada que no sean sus necesidades como hegemón global.

En este breve texto, no voy a entrar en discusiones políticas o en un debate sobre la legitimidad de Maduro o de su oponente. Me voy a limitar a ofrecer algunos sencillísimos datos macroeconómicos extraídos directamente de tres instituciones poco sospechosas de tendencias bolivarianas: el Banco Mundial, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la propia CIA. La intención es que puedan ser útiles para quienes quieran tener una idea más objetiva de lo que ha supuesto el chavismo en Venezuela. Digo objetiva porque, insisto, no son opiniones o cifras extraídas de alguna oscura oficina al servicio del régimen, sino de organismos internacionales indudablemente ortodoxos. Si este esfuerzo sirve para que alguien pueda disponer de argumentos con los que construirse una opinión algo más amplia y plural frente a la desinformación continuamente evacuada por los medios de persuasión, habré cumplido con mi propósito.

Para contextualizar los datos, vamos a compararlos con los de Colombia, un país próximo que se caracteriza, entre otras cosas, por haber estado siempre alejado de la tendencia izquierdista que ha caracterizado a muchos países del continente americano en los primeros lustros del siglo XXI. Si los voceros del capital tienen razón, Venezuela debería haber sido un completo desastre a lo largo de dos décadas de revolución bolivariana, mientras que Colombia tendría que haber mejorado su situación en gran medida gracias a las bondades del neoliberalismo que tanto ha experimentado en sus propias carnes gracias a presidentes tan rectos y fiables como Andrés Pastrana, Álvaro Uribe o José Manuel Santos.

Empecemos por lo más obvio: el PIB per cápita. Como vemos en la gráfica siguiente, elaborada con datos del Banco Mundial, el PIB per cápita en paridad del poder adquisitivo en dólares corrientes ha crecido a ritmos similares en ambos países desde 1999 hasta 2014, último año con datos disponibles. El de Colombia se ha duplicado, mientras que el venezolano se ha multiplicado por 1,6. La diferencia entre ambos países sigue siendo favorable a Venezuela, que en 2014 disfrutaba de una renta media un 35% superior a la colombiana.

Sin embargo, esta es una variable marcadamente insuficiente para conocer la realidad económica y social de un país. Para hacerse una idea más veraz, es preciso aportar otra información. Para ello, ofrecemos la siguiente tabla, elaborada con datos procedentes del Banco Mundial, a excepción de los marcados con *, que se han sacado del World Factbook de la CIA, y los marcados con **, extraídos del Informe de Desarrollo Humano del PNUD.

 

En primer lugar, el Índice de Desarrollo Humano, aun con todas sus carencias, indica que el grado de bienestar material de la población venezolana es superior al de la colombiana. De hecho, Venezuela, a pesar de haber perdido posiciones por razones obvias en los últimos tres años, ha tenido durante décadas una evolución muy positiva, como se puede ver en la gráfica siguiente. Gracias a ello, se encuentra en un rango próximo al de países como Brasil, Bosnia o México, mientras que Colombia se acerca a otros como Ucrania, Armenia o China.

Más significativo es el índice de Gini, que mide el grado de desigualdad en la distribución de la renta. El correspondiente a Venezuela, además de haber descendido continuamente desde el cambio de siglo, es el más bajo de todo el continente americano, a excepción de Cuba y Canadá. En Colombia, por el contrario, la desigualdad ha llegado a ser tan lacerante que su índice de Gini es el 12º más alto del mundo, sólo superado en Latinoamérica por Guatemala, Honduras y Haití.

Del mismo modo, resulta llamativo que en Venezuela se haya conseguido reducir el porcentaje de población por debajo del umbral de pobreza a menos del 20%, mientras en Colombia se sitúa en el 28%.

En cuanto al empleo, las cosas también son notablemente peores en Colombia. No sólo porque en Venezuela la tasa de paro sea inferior, sino, sobre todo, porque se ha conseguido disminuir la ratio de subempleo a un tercio de la población activa, mientras en Colombia continúa rozando el 50%.

En relación con la situación material y laboral, seguramente llame la atención el hecho de que la tasa de migración neta de Colombia registrada en el último sea casi tres veces mayor que la de Venezuela, algo habitual desde 1999. En todo caso, esta cuestión migratoria merecería un estudio detallado, tanto por su probablemente catastrófica dinámica actual en Venezuela como por las continuas hipérboles de las que es objeto en provecho de las tesis antichavistas.

En el ámbito social, el Estado venezolano no sólo ha seguido una estrategia notablemente exitosa contra la pobreza extrema y la desigualdad, sino que ha apostado firmemente por mejorar la educación en el país. Así puede apreciarse tanto en el gasto público dedicado a esta rúbrica, que duplica en términios relativos el de Colombia, como en la radical reducción del analfabetismo en las capas más vulnerables de la población. Como puede apreciarse, menos del 3% de los venezolanos adultos sufren esta lacra a día de hoy,  lo que constituye un indudable avance si tenemos en cuenta que esa cifra superaba el 7% en 2001.

Este gasto social, sin embargo, no había supuesto hasta el momento una carga notable para el Estado en términos de deuda. Como puede apreciarse, Venezuela tenía en 2017 una deuda pública más de diez puntos inferior en porcentaje de su PIB que Colombia. Por otro lado, las cifras de ambos países en relación al endeudamiento externo son similares.

A esto probablemente haya contribuido el hecho de que Venezuela haya mantenido un gasto militar bastante bajo a lo largo de este tiempo. Sobre todo, en comparación con la militarizada Colombia, que supera el 3% y gasta casi tanto como en educación, para regocijo de los exportadores extranjeros de armas.

Sin embargo, es obvio que el alineamiento político de Venezuela le ha supuesto graves perjuicios y una oposición diplomática y económica casi frontal desde los países capitalistas centrales. Aunque hay muchísimos más datos que confirman este extremo, uno resulta curiosamente significativo: el montante de Ayuda Oficial al Desarrollo que recibe. Esa cifra no llega ni al 0,01% del PIB de Venezuela, con un importe que es diez veces inferior al que se dirige a Colombia, que recibe el equivalente al 0,33% de su PIB. Parece obvio que no se ayuda a quien se debe, sino a quien obedece.

Para concluir, hay un dato final que, en mi opinión, resulta esclarecedor. Es la cifra de Inversión Extranjera Directa (IED). En Colombia, donde el neoliberalismo ha sido siempre abierto a las supuestas bondades de la libre circulación de capitales, el stock de IED alcanza casi los 180.000 millones de dólares, lo que equivale al 60% de su PIB. Venezuela, sin embargo, ha recibido sólo 33.000 millones, es decir, menos del 7% de su PIB. Parece obvio que, si la “comunidad internacional” consiguiera abrir en canal la economía de Venezuela al capital extranjero haciendo caer a Maduro para colocar a su títere de turno, el potencial de beneficio sería gigantesco. En particular, claro está, en el sector de hidrocarburos. Pero eso es otra historia y habrá que contarla con algo más de detalle.


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