24 de abril: Memoria del Genocidio

Por Angelo Nero

Tôt pays se grandit en reconnaissant ses drames et ses erreurs. Quand de surcroît il s’agit de s’intégrer dans un ensemble qui revendique l’appartenance à la même société et la croyance en de mémés valeurs, je pensé qu’effectivement, la Turquie serait bien inspirée d’en tire les conséquences”. (Cada país, en la medida de su evolución, tiene que reconocer sus dramas y sus errores. Creo que Turquía debería replantearse esa meta y reconocer sus errores históricos.)

Así habló el, entonces, presidente francés, Jacques Chirac, cuando visitó en Ereván, el Tsiternakaberd, el memorial a las víctimas del Genocidio Armenio. Son miles las personas que visitan este lugar, para recordar lo que el mundo no puede seguir ignorando, más aún cuando la amenaza turca sigue siendo una triste realidad en Artsakh, en Rojava, en Shengal, en Libia, y en tantos territorios donde Recep Tayyip Erdoğan pretende extender un nuevo imperio otomano, a expensas del pueblo armenio, kurdo, yazidí o asirio. En 2005, al cumplirse el noventa aniversario de las masacres, el memorial, donde destaca un espigado obelisco, enfrentado al monte Ararat, congregó a un millón de personas, una cifra que parece imposible para un país de poco más de dos millones de habitantes.

Este 24 de abril, como todos los años, en la conmemoración del Genocidio Armenio, cientos de miles de personas cruzaran el profundo cañón del río Hrazdán por el Hadhtanak Bridge, al final de la Mashtots Avenue, y subirán a la colina que ocupa el Tsiternakaberd Park para dejar flores bajo la llama eterna que recuerda a los dos millones de armenios y al medio millón de asirios que, de un modo aproximado, ya que es imposible saber la cifra exacta, cayeron asesinados en las matanzas planificadas por el gobierno de los Jöntürkler, los Jóvenes Turcos, tal como escribí, en 2018, cuando visité Ereván:

Ante la mirada indiferente del mundo cayeron, abatidos por bala o por cuchillo, por el polvo o la piedra del camino, por el miedo o la derrota, que eran ya su único alimento, cayeron a puñados, centenares, miles, incontables cadáveres de mujeres, niños que morían con ojos de ancianos, hombres reducidos a la condición de corderos, mientras el mundo cómplice callaba los armenios caminaban regando la tierra de sangre, empujados al exterminio de su raza, como más tarde caminarían los judíos hacia su martirio, y después de ellos los hutus, los rohinyas, en una espiral del horror que no cesa.

Cayeron como flores secas, como estrellas fugaces, como cenizas, invocando a un dios que les había dado la espalda, cerrando los ojos como ese mundo que seguía tomando café en las terrazas, bañándose en las playas, llevando a los niños al colegio, tal vez como ahora mismo, cuando siguen cayendo a centenares, a millares, los kurdos, los hutíes… ¿Qué futuro tiene un mundo que repite una y otra vez el pasado, indiferente ante el exterminio de pueblos, comunidades religiosas o grupos políticos?, pensaba mientras caminaba por la explanada del Memorial a las víctimas del Genocidio Armenio, que segó un millón y medio de almas.

La fecha del 24 de abril fue elegida para conmemorar el Genocidio Armenio pues fue en tal día como ese, pero en 1915, cuando las autoridades otomanas comenzaron su premeditada campaña de limpieza étnica, con la detención de 250 intelectuales armenios en Constantinopla, en la actual Estambul, en el llamado Garmir giragi o Domingo rojo, por orden del Ministro del Interior Talaat Pasha, un día antes del desastroso desembarco aliado en Galipoli. La mayoría de los detenidos esa noche, fueron asesinados, en un “ataque de decapitación”, con la intención de privar al pueblo armenio de un liderazgo que pudiese encabezar la resistencia.

Un 17 de agosto de hace dos años, en el mismo día que en nuestra tierra celebrábamos el Día da Galiza Mártir, en la fecha en que Alexandre Bóveda fue asesinado por las bestias fascistas, y en la que recordamos a todas las víctimas del franquismo, visité en Ereván el Museo del Genocidio Armenio. Un Genocidio que solo es reconocido, a día de hoy, por veintinueve estados del mundo, entre los que no está, lamentablemente, España, aunque sus vecinos, Francia, donde hay una importante colonia armenia, y Portugal, si lo reconocen (tampoco lo reconoce, todavía más incomprensible, Israel).

Entramos al museo, para seguir el camino del horror, a través de cartas, diarios, documentos y, sobretodo, de fotografías no muy diferentes a las que estamos habituados a ver Auschwitz y otros escenarios de la barbarie nazi, que tomaron ejemplo de las huestes del ministro del interior otomano Taleat Pashá, matando de sed y hambre, violando, expoliando, degollando y fusilando. Seguimos las deportaciones masivas, como la población de Kharled, en una larga fila escoltada por soldados turcos; los intelectuales colgados en una plaza de Alepo; las fosas con filas de cadáveres esqueléticos; las cabezas decapitadas del obispo Sadathian y del líder espiritual de Erzurum, con sus verdugos posando detrás…

Vimos los rostros de mujeres que lo habían perdido todo y que acusaban con la mirada a un mundo que no había escuchado el grito de sus niños; la ciudad de Van arrasada, donde tan solo quedaba en pie la mezquita; las tiendas de campaña de Der Zor, en el desierto sirio, que acogió a los que pudieron refugiarse allí; los orfanatos del Líbano, que acogieron a millares de niños que habían perdido hasta el habla, como el de Djebeil, el nido de pájaros que todavía existe en la actualidad.

Este 24 de abril tampoco podemos olvidar a los millones de víctimas del Genocidio Armenio, aunque sea con un puñado de palabras, de gritos en el desierto, para unir nuestra voz a la de Serj Tankian, cuando cantaba con su grupo, System of a Down, el desgarrador PLUCK (Politically Lying, Unholy, Cowardly Killers):

A whole race Genocide, / Taken away all of our pride, /A whole race Genocide, / Taken away, watch them all fall down. / Revolution, the only solution, / The armed response of an entire nation, / Revolution, the only solution, / We’ve taken all your shit, now it’s time for restitution.” (“Una carrera entera llamada Genocidio / llevándose todo lo de nuestro orgullo, / una carrera entera llamada Genocidio / llevándose.., observa cómo se derrumban! / Revolución, la única solución / la respuesta armada a toda una nación. / Revolución, la única solución / Nos tragamos todas tus mierdas, ahora es tiempo de la restitución.”)

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