Entrevistamos a Youssef M. Ouled: «La COVID-19 es una crisis, que como la anterior, viene a evidenciar el desigual sistema político y económico que nos gobierna»

¿Cómo se está viviendo la situación derivada de la alerta sanitaria por COVID-19 entre las personas migrantes de los barrios obreros de nuestro país?

La COVID-19 es una crisis, que como la anterior, viene a evidenciar el desigual sistema político y económico que nos gobierna. Dentro de todas las injusticias que genera, estas afectan de manera diferente según la condición de clase, género y/o raza. En este sentido, podemos ver cómo se ha incrementado la violencia de género al encerrar a mujeres con sus maltratadores, así mismo podemos ver cómo en los barrios obreros el confinamiento no es la romantización que nos muestran los barrios pijos en sus redes sociales, no hay dinero para pagar el alquiler, quienes de madrugada van en trenes repletos a trabajar en plena pandemia global son quienes habitan esos barrios. Y aquí está también la realidad material de la población migrante, lo que implica sufrir las consecuencias del racismo estructural: no poder salir a la calle ni para comprar alimentos porque la policía abre expedientes de expulsión del país, personas que comparten pisos minúsculos y sin apenas iluminación, que sobrevivían al día en una economía informal debido al racismo institucional y que de la noche a la mañana se quedan sin ingresos o cómo esta expulsión del sistema te deja sin capacidad de optar a ninguna de las ayudas del estado.

¿Suponen situaciones especiales como el estado de alarma una doble vulnerabilidad para las «personas sin papeles»? ¿Han observado un aumento de la represión o la violencia policial contra este colectivo?

Lo positivo de esta situación es la organización dentro de las poblaciones racializadas[1] para hacer frente y responder a necesidades básicas. Diferentes grupos antirracistas se han organizado para coser mascarillas, recaudar dinero, pagar los alquileres o incluso hacer llegar alimentos a los domicilios de personas a quienes se les priva del derecho a transitar la vía pública, incluso para lo más fundamental porque hacerlo significa brutalidad policial y detenciones, CIEs y deportaciones. La cotidianidad pre virus eran las redadas, el control policial basado por perfil racial que no solo desactiva políticamente, también supone violencia física y mental. Ahora imagina esa normalidad anterior en un contexto de elevadísima presencia policial y militar en las calles. El resultado lo estamos viendo: agentes de policía que apuntan sus pistolas directamente contra familias negras, marroquíes agredidos brutalmente por la policía al grito de “moro de mierda” cuando se encontraba en la puerta de su domicilio o cuando acuden a comprar alimentos, el Comisionado para el Polígono Sur pidiendo que el Ejército entre en las Tres Mil Viviendas habitadas por gitanos, palizas a personas asiáticas… es el racismo de siempre recrudecido en la impunidad y que goza de la aceptación de una buena parte de la sociedad.

¿Podemos hablar de una sensación de desamparo por parte de las autoridades?

Para sentirse amparado institucionalmente primero hay que existir para las instituciones. Podemos decir que para este sistema existimos en cuanto a que producimos, pero incluso dentro de esa capacidad productora desde la que nos dan valor hay quienes son considerados como seres humanos (y por lo tanto gozan de derechos y cuando un derecho no es de todos se convierte en un privilegio) y quienes son tratados como objetos, deshumanizados racialmente, utilizados para el desarrollo económico y cuando no, encerrados en guetos, ahogados en el Mediterráneo, confinados en CETIs o en CIEs. No debemos olvidar que aunque estos últimos estén cerrados, lo están no por iniciativa del Gobierno sino por incapacidad de deportar, que es el fin último de estos agujeros. Luego, somos cuerpos desechables, nuestra salud e integridad no parece importar, basta con darse un paseo por los lugares que he nombrado o por los campos andaluces, en los que por cierto, hace falta mucha mano de obra debido al cierre de fronteras. Ahí entonces, el estado habla de derechos, aunque lo hace alertando de que será temporalmente y movido por la necesidad económica.

Si queremos ver si se ha cerrado la herida colonial tenemos que mirar las condiciones simbólicas y materiales en las que viven las personas migrantes en Europa y que provienen de territorios que fueron colonizados por esta

¿Existe en el estado español una política realmente antirracista?

Existen políticas partidistas antirracistas, pero es un antirracismo moral, que reduce el racismo a una cuestión entre individuos y se limita a denunciar las consecuencias como si fueran ajenas a ellos, desde ahí se elaboran campañas por la diversidad, la interculturalidad, la integración… son políticas racistas de hecho, porque no sirven para atacar la raíz del problema, sino que nos colocan a nosotros como problema, perpetuando las relaciones de poder existentes. Hace falta un antirracismo político no partidista que parta de las propias personas racializadas, auto organizadas y que confronte. Solo así se pueden plantear políticas realmente antirracistas.

La crisis en la agricultura española y su agravamiento por los efectos del COVID-19, ha destapado las profundas desigualdades y en ocasiones las situaciones extremas a la que se ven sometidos los inmigrantes en el sector primario, ¿considera que la sociedad española muestra empatía por la especial vulnerabilidad que sufren los migrantes en los sectores productivos de nuestro país?

Lo que sucede en la agricultura española en cuanto a la migración no es nada nuevo, son las propias leyes las que crean estas condiciones de explotación y desigualdad. A cuántas personas europeas y blancas has visto vivir en chabolas, trabajar de sol a sol para cobrar un sueldo miserable, quienes lo hacen se ven obligados a ello y es así porque quienes trabajan esas tierras provienen de las ex colonias europeas. Al sistema le interesa esto, porque supone un benefició económico que no se obtendría si esas personas fueran tratadas como humanos. La sociedad española ha normalizado estas desigualdades porque no les afectan a ellos, les afectan a esos Otros de pieles oscuras que vienen a ganarse la vida, se piensa incluso que se les está haciendo un favor, pero no es más que la prolongación de la explotación colonial histórica. Sin esta normalización social no serían posibles escenas como las de El Ejido de hace 20 años.

Hemos visto como Bertrand Ndongo, el autodenominado «negro de Vox«, ha suscitado entre muchos detractores, supuestamente alineados en el espectro político de izquierdas, comentarios profundamente racista, ¿existe en la sociedad española un racismo sociológico más allá de ideologías políticas?

“Los esclavos del tiempo de la esclavitud existen, pero son mas refinados. Cuando el amo blanco descuelga su teléfono para llamarlos, no tiene ni siquiera necesidad de darles instrucciones”, esta frase es de Malcom X quien gustaba llamarles Tíos Tom, antes ya nos había alertado Fanon, cuando nos habló de las “máscaras blancas sobre pieles negras”. En cuanto a la izquierda, tiene que asumir a su vez que forma parte del sistema que se ha servido y se sirve de la raza como estructura de poder para mantener unas jerarquías de dominación y unos privilegios materiales, institucionales y políticos. Como se suele decir en el antirracismo, el racismo no es cuestión de izquierdas o de derechas, es sistémico. Ahora bien, dicho esto, sabemos quienes son los potenciales aliados, obligados a entendernos, pero sin dejar de estar alerta, como dice Sadri Khiari, teórico y militante del Partido de los Indígenas de la República: “ya que es la compañera indispensable de los indígenas, la izquierda es su primer adversario”.

Raza y clase social, ¿cómo deben conjugarse desde una posición realmente a la izquierda?

En realidad esta es una cuestión que debe debatir la propia izquierda, hay suficientes pronunciamientos y señalamientos desde el antirracismo y la política decolonial en este país que son cuando no silenciados, omitidos. Hay cierta predisposición de la izquierda en negar la raza como estructura de poder, cosa que desde el antirracismo no hace con la clase. Como dice Helios F. Garcés “El orden capitalista no existiría sin la ‘raza’, que no es una identidad, sino una estructura de poder. Necesita a la ‘raza’, se nutre de ella”.

En las últimas semanas, hemos visto como en señal de protesta siete inmigrantes tunecinos han llegado a coserse la boca en el CETI de Melilla para pedir su traslado a la Península, ¿cómo son las condiciones en estos centros? ¿Responde la política migratoria española a criterios en los que primen los DDHH?

Lo que está pasando en el CETI de Melilla es otra expresión del racismo institucional pero para ello ha hecho falta siglos de deshumanización. En medio de una pandemia global, un centro que de por sí carece de las condiciones para atender a las 782 personas que “acoge” como máximo, se encuentra hacinado y con un aforo de más de 1.650 personas. Sin las condiciones sanitarias mínimas, con una alimentación lamentable (denuncian alimentos caducados), hombres, mujeres y niños, solicitantes de asilo, que cuando protestan son brutalmente reducidos y agredidos por la policía… pero esto lleva pasando mucho, y para llegar a este punto se ha recorrido un largo camino de legitimación de la violencia racial.

Respecto a los DDHH estos fueron pensados para unos cuerpos que no son los del Sur Global. No podemos hablar de DDHH cuando se priva de la humanidad misma, la batalla tiene que ir por otro lado, más que nada porque es el derecho el que legitimó el colonialismo, el apartheid, que se encierre y deporte al desierto por ejemplo, es el derecho el que permite que cada año mueran miles en el Mediterráneo, el que permite que la gente viva en la clandestinidad y expuesta a los abusos y arbitrariedades, el que hace que las cárceles estén llenas de moros y negros. La institución que más los vulnera es FRONTEX, es decir, Europa. El propio derecho a la vida no es tal, como dice Houria Bouteldja, “en relación con el nivel social igualitario, siempre es mejor ser blanco. El primero de los privilegios que tienen y, de lejos, el más preciso, es la vida.”

Para este sistema existimos en cuanto a que producimos, pero incluso dentro de esa capacidad productora desde la que nos dan valor hay quienes son considerados como seres humanos y quienes son tratados como objetos

Países de nuestro entorno, como Portugal, han optado por regularizar a inmigrantes con permisos temporales, ¿a qué considera que se debe el cerrajón en ese sentido de nuestro gobierno?

Por qué se están realizando estas regulaciones, por las necesidades acuciantes de una modo de vida, el europeo. Se necesita mano de obra así que vamos a regularizar a una cantidad de migrantes para no colapsar. No somos sujetos, sino objetos. Son regularizaciones al uso, instrumentalistas y racistas. Además, en el caso de España son regulaciones que se han planteado temporales, es decir, os necesitamos, os usamos y después, al punto de partida y sin derecho a trabajar. Creo que lo mejor que he leído en este sentido es lo que publicaron los Gillets Noirs: «No queremos documentos por razones de ‘salud pública’ o ‘eficiencia económica’. Exigimos papeles sin condiciones. Llevemos aquí un día o diez años, hayamos trabajado o no. No solo queremos papeles, sino romper el sistema que crea ‘sin papeles’.”

Además, tener papeles no te salva de sufrir racismo. Qué hay de la segregación y las condiciones de la población racializada en la escuela; cuál es la relación de las instituciones con esta población; la brutalidad policial; las barreras laborales; en el acceso a la vivienda… La población gitana lleva 500 años de antigitanismo en el Estado español. Hace unos días mataron de un tiro a un gitano que accedió a una finca privada y al que los medios de comunicación han culpado de su propia muerte, “no lo mataron por robar, lo mataron por gitano”, como dicen desde Kali Yag.

¿Vivimos en una sociedad eurocéntrica?

La vida en todos sus aspectos se piensa desde esta óptica. También lo hace la izquierda, por eso hablamos de izquierda blanca, y cuando lo hacemos no hablamos de un color de piel, sino del eurocentrismo de su práctica política.

Tras una campaña de criminalización mediática promovida por la ultraderecha y potenciada por los grandes medios de comunicación, se llegó incluso a producir el lanzamiento de una granada al interior del recinto donde se hacinaban un centenar de menores migrantes, ¿considera que en el estado español la migración se ha usado como arma política e incluso como recurso para incitar al odio? ¿Cómo se explica el oscurantismo ante un atentado de esas características?

Políticamente siempre se ha usado a los oprimidos, aquí lo estamos viendo explícitamente ahora con una formación de ultra derecha de corte fascista que además, se presenta como un grupo oprimido, cuando es opresor, pero no es nada nuevo, tanto el PP como el PSOE lo han hecho antes. El PSOE promulgó la Ley de Extranjería hace décadas y durante la era Rubalcaba, por ejemplo, se cursó una instrucción policial que establecía cupos mínimos de “sin papeles” cazados en comisarías. El PP siempre ha jugado esa baza, tenemos el “limpiando Badalona” o a Casado criminalizando a los musulmanes con eso de “aquí no hay ablación de clítoris, aquí no se matan los carneros en casa y aquí no hay problema de seguridad ciudadana” o Aznar justificando la invasión de Irak.

Hay vidas que importan y vidas que no. En este país hemos asistido a un intento de atentado contra menores, contra menores repito, y meses después no sabemos absolutamente nada. Pero igual de duro que este hecho puntual es la política antes si quiera de que estos chavales puedan entrar a esos centros, hablo del transito migratorio, del abandono, las imposibilidades y barreras que se les ponen, cuando entran en el sistema no se les reconocen los documentos acreditativos de su minoría de edad provenientes de sus países de origen y se les hacen pruebas óseas (con un amplio margen de error), hablo de cuando no se les regulariza al salir de esos centros para poder forma parte de la sociedad y se les condena a sobrevivir en los márgenes, de cuando se le se criminaliza mediáticamente. Las consecuencias son terribles, el caso de Ilyas T. y de Omar Diallo son muy recientes. Como ellos hay muchos.

La cotidianidad pre virus eran las redadas, el control policial basado por perfil racial que no solo desactiva políticamente, también supone violencia física y mental

¿Qué termino utilizaría para describir lo que sucede en el Mediterráneo?

Necropolítica.

¿Son Europa y el estado español cómplices directos de esta situación?

Artífices.

¿Han cerrado correctamente los europeos y especialmente el estado español su pasado colonial?

Si queremos ver si se ha cerrado la herida colonial tenemos que mirar las condiciones simbólicas y materiales en las que viven las personas migrantes en Europa y que provienen de territorios que fueron colonizados por esta. El colonialismo sirvió para crear el sistema de desigualdad racial imperante. En caso del Estado español, hasta hace cincuenta años tenía colonias en Guinea Ecuatorial. Un siglo después, sigue sin reconocer y reparar las barbaries cometidas en el Rif, territorio que bombardeó con gases químicos sobre población civil por oponer resistencia contra el colonialismo. No solo las tierras quedaron infértiles sino que hoy día, como señalan estudio realizados desde Rabat, el 70% de los casos de cáncer en Marruecos se encuentran en esta zona.

¿Qué le diría a todas aquellas personas que hoy sufren el racismo en nuestro estado?

Que tenemos que querernos tal y como somos, y desde ahí organizarnos. Hacerlo desde el amor revolucionario del que nos habla Houria Bouteldja. Solos estamos perdidos.


[1] Aunque comúnmente hablemos de población racializada para referirnos a aquellas poblaciones no blancas, el blanco también lo está pero en la superioridad racial. Esta denominación permite evidenciar la escala humana superioridad/inferioridad sistematizada durante el colonialismo, establecida (el Ser y No Ser fanoniano) entre el colonizador y el colonizado, que se vale de la idea de raza y se traduce en realidades simbólicas y materiales. Siguiendo a Salma Amazian y Ainhoa Nadia Douhaibi en “La radicalización del racismo: Islamofobia de estado y prevención antiterrorista” (2019): La racialización es la “forma en que la noción colonial de raza atraviesa, conforma y define las identidades humanas en la sociedad moderna, así como las prácticas del Estado y sus instituciones. La racialización opera entrelazando jerarquías de poder imbricadas entre sí en las que la raza tiene clase, género, sexualidad, espiritualidad, etc… siguiendo a Fanon, racialización es deshumanización”.


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3 Comments

  1. Perdón, pero este señor citando a racistas antieuropeos como Houria Bouteldja no tiene nada de izquierda. Defender al Islam, ideología que defiende la superioridad de los hombres musulmanes sobre los no musulmanes y las mujeres, que condena a muerte a apóstatas y politeístas, no es de izquierda. Los sindicatos comunistas de Irán fueron eliminados por sus aliados islamistas. Luchar contra las desigualdades es luchar contra todas las desigualdades, no remplazar a unas desigualdades por otras. En los países musulmanes no hay libertad de pensamiento y el capitalismo se defiende a ultranza. No me vengan con que en España hay más racismo que en Marruecos o en Turquía, donde me han tirado piedras por ser occidental. Enseñan desde pequeños a odiar a Israel en lugar de adoptar lo que Israel tiene de bueno: trabajo, educación, monogamia. Europa tiene mil defectos pero la libertad de pensamiento, el abolicionismo, el voto femenino, la educación pública, la abolición de privilegios, son parte de nuestra historia y vale seguir defendiéndoles de quienes atacan los derechos conseguidos. Si en África están peor, que se lo curren un poco. Vietnam se lo curró y derrotó a Estados Unidos, así que no me vengan a lloriquear.

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