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La película transmite la impotencia y la rabia de una juventud palestina que no tiene otro horizonte que un sistema de apartheid ante el que es imposible que no prenda la llama de la rebelión, muchas veces pacífica, pero otras irremediablemente violenta.
Por Angelo Nero | 20/08/2026
La directora británica, de origen palestino, Farah Nabulsi, sorprendió en 2020 con el cortometraje The Present, sobre el viaje de un padre y su hija en la Cisjordania ocupada intentando comprar un regalo de aniversario para su mujer. La película fue nominada a mejor cortometraje en los Óscar, que finalmente ganó Two Distant Strangers, sobre la violencia policial sobre los afroamericanos en EEUU. A finales de 2023 debuta en el largometraje con una descoranozadora historia con The Teacher, un drama que, desgraciadamente, cobra mucha actualidad, ya que se sitúa en Palestina, donde un maestro se tiene que enfrentar a varios dilemas morales.
En ella nos presentan a Basem El Saleh, un atractivo profesor de inglés que arrastra un trauma derivado de la ocupación israelí, interpretado por Saleh Bakri (protagonista también de The Present), que intenta mantener a sus alumnos al margen de la violencia. Adam (Muhammad Abed Elrahman) es uno de sus alumnos más inteligentes, pero corre el riesgo de seguir los pasos de su hermano mayor, Yusuf (Mahmood Bakri) mucho más impulsivo, que acaba de salir de prisión por participar en una protesta -recordemos que en el estado sionista la prisión de menores es algo habitual-. Pero esto no es fácil, en un contexto tan hostil como el de la Cisjordania ocupada, donde las excavadoras israelís derriban las casas de los palestinos como castigo, en este caso por la prisión de Yusuf, y además te obligan a pagar la demolición. O donde los colonos gozan de la más completa impunidad para hostigar, o incluso matar, a sus vecinos árabes.
Por otra parte nos presentan a los padres de un soldado capturado por la Resistencia Palestina, que está negociando con el gobierno israelí para hacer un intercambio de prisioneros. Los padres del soldado, con dinero y vía directa con los negociadores judíos, remueven el cielo y la tierra para conseguir su liberación, mientras se va fraguando el drama en el entorno del profesor palestino, que encuentra la complicidad de una joven voluntaria británica, Lisa (Imogen Poots), con la que acabará fraguando lazos afectivos, y que se revelará como un apoyo fundamental mientras el mundo se derrumba a su alrededor.
La película transmite la impotencia y la rabia de una juventud palestina que no tiene otro horizonte que un sistema de apartheid ante el que es imposible que no prenda la llama de la rebelión, muchas veces pacífica, pero otras irremediablemente violenta. Mientras el maestro intenta detener lo inevitable, que la ira arrastre al joven Adam y lo lleve por un camino sin retorno, tiene que enfrentarse a sus propias decisiones, a su compromiso con la causa y a sus consecuencias. Aunque en una parte de la película parece que el amor puede salvarlo todo, a través de su relación con Lisa, el genocida régimen israelí hace imposible que esto nos pueda llevar a un Happy End creíble.
El actor palestino Saleh Bakri, con nacionalidad israelí, entrevistado por Amy Goodman en Democracy Now decía a propósito de la situación de su pueblo:
Soy privilegiado. Puedo moverme. Y uso este privilegio. La ocupación quiere que nos separemos. Y encuentro esta separación. No soy un extranjero en mi tierra natal. Soy parte de este pueblo. Y quiero romper este asedio que nos imponen. Quiero ir a Gaza. Quiero trabajar en Gaza. Quiero hacer teatro en Gaza. Quiero hacer cine en Gaza. No me lo permiten. A la gente de Cisjordania no se le permite venir a Haifa a ver mi trabajo. Así que estamos dispersos por todas partes, sin poder o sin permiso para reunirnos y trabajar juntos, para aprender unos de otros, para contar nuestra historia de una manera perfecta, de una manera completa. No soy diferente de cualquiera que viva en Cisjordania, en Gaza o en un campo de refugiados en Líbano, Siria o Jordania. Así que quiero destruir, quiero desmantelar estos puestos de control, estas fronteras que rodean Palestina, y unirnos. Sueño con que los palestinos se reúnan, vivan su vida, creen arte, creen música juntos, compartan sus historias con el mundo, con ellos mismos, aprendan unos de otros y enseñen al mundo. Esta es mi lucha. Esta es mi lucha. Y esta es nuestra lucha, nuestra lucha colectiva.
Así que estar aquí es parte de ello. Saben, tengo el privilegio de estar aquí. La gente de Gaza lleva más de 18 años segregada. Están en una prisión, quizás la más grande del planeta. Y se enfrentan a un genocidio. Y lo estamos enfrentando, todos. Y estamos ahí. Siento que durante estos dos años, sentí que quizás el mejor lugar, el lugar donde más deseaba estar, es Gaza, no en ningún otro lugar, no aquí. Quiero estar en Gaza ahora, simplemente para estar con la gente y estar allí, simplemente para estar allí, para abrazar a las madres, a los niños, a los padres, e intentar hacer algo en la Tierra.
Me siento paralizado. Y, ¿sabes?, incluso me cuesta comprender a qué me enfrento como palestino. ¿Qué es? ¿Cómo me afecta? ¿Cómo? ¿Qué saldría de mí después de eso? Así que, para mí, Israel debe rendir cuentas por los crímenes que ha cometido, no solo en Gaza hoy. Desde 1948 hasta hoy, han cometido crímenes, crímenes continuos desde 1948, por los que no han rendido cuentas. Y por eso están haciendo lo que están haciendo ahora. Y espero que este genocidio sea el fin, el fin del régimen sionista en Palestina.”
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