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Entrevistamos a la ilustradora y guionista Teresa Valero, quien presenta su última obra ‘Contrapaso. Mayores con reparos’.
Por Angelo Nero | 20/10/2026
Hace tres años te entrevistamos sobre tu carrera profesional en el mundo de la ilustración, y terminamos hablando de tu, hasta entonces, última obra, “Contrapaso. Los hijos de los otros”. Ahora vuelves con esta historia, con “Contrapaso. Mayores con reparos”, un paisaje cinematográfico sobre la España franquista con una atmósfera muy propia del género negro, donde recuperas a León Lenoir, Emilio Sanz y Paloma Ríos, los personajes centrales de la primera parte.
Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero en tu caso te has superado, tanto en el aspecto técnico, como en la trama de la novela gráfica, ¿la buena aceptación del público y de la crítica te pusieron el reto de superarte y ofrecer una versión mejorada del primer Contrapaso?
Sí. Eso siempre pesa, pero yo también, por mi misma, soy muy exigente. Siempre me gusta buscar nuevos retos, me aburo muy rápido de las cosas, y entonces siempre voy buscando explorar un poco lo que todavía no he explorado. Me gusta mucho ponerme nuevos retos, intentar aprender de cosas que no han funcionado, que se podrían mejorar de lo hecho anteriormente. Y tratar de tener una nueva visión y explorar nuevamente lagunas cosas. Es verdad que tampoco quería decepcionar al público y que hubiera tenido muy buenas críticas el trabajo anterior siempre te impone un poco y dices: no voy a bajar el listón. Yo también me pongo una imposición grande de hacer las cosas cada vez mejor.
En el trabajo de documentación previo a la elaboración del guión, has debido de sumergirte en el cine de la época, marcado por la censura, y también en aquellos noticiarios franquistas del NODO, ¿cuáles fueron los materiales que más te marcaron para construir esta historia de investigación criminal, pero que, a su vez, alberga también muchas tramas secundarias?
La verdad es que normalmente siempre hay una historia personal que hace que la quiera incluir, en este caso era lo de las cuevas, porque mi suegro, el padre de Juan Díaz Canales, había vivido en una cueva, en Madrid, que, efectivamente, tenía una puerta que venía de las perreras de la finca de Franco, me parecía una historia muy potente, y quería incluirla de alguna manera en la trama. Eso ya te lleva a investigar más de como podía vivir la población inmigrante que venía del campo a la ciudad. Todos esos núcleos de chabolas y, a la vez, como floreció una especulación inmobiliaria muy fuerte, con gente que hizo mucho dinero a la sombra del régimen. Todo eso era un tema muy de novela negra.
La novela negra, aparte de tener investigación criminal, lo más interesante que tiene es como narra los aspectos negros de una determinada sociedad y, efectivamente, en el franquismo había muchas corruptelas, como pasa con cualquier régimen que tiene mucho poder y pocos mecanismos de control. Hay mucha gente que se aprovecha y que si tiene buena relación con el régimen va a tener una actuación privilegiada para hacer negocio. Eso me interesaba mucho porque es muy de novela negra y, normalmente, me interesa muchísimo más el entorno social, político, histórico, que lo que es la propia investigación policial en si. Efectivamente, una vez que vas investigando, llegas al NODO, porque es una cuestión natural, es una fuente maravillosa de información, a las novelas, al cine, a los periódicos o a la radio de la época. Todo eso lo utilizo mucho para montar la trama.
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Además de la base documental, también hay personas que han sido claves para construir la trama de Contrapaso, como Alicia Salvador y Fernando Méndez-Leite, ¿fueron reveladoras las conversaciones que mantuviste con ellos para hacerte una idea de como funcionaba el mundo del cine en esa época?
Sí. Las entrevistas con Alicia Salvador, con Fernando Méndez-Leite, con César Lucas, son verdaderamente de oro, porque son testigos, en primera persona, de como era la época. Al final son los testimonios más valiosos, junto con la prensa de la época, los fotógrafos, el NODO, porque son realmente testimonios de gente que vivía entonces, imágenes de la época, no son recreaciones. Si, fueron realmente momentos maravillosos. No solo por la información que te dan, sino porque descubres en este caso, a personas de una talla increíble, muy observadoras de su tiempo, muy críticas, que tenían desde luego los ojos y los oídos bien abiertos, y han hecho una valoración de todo aquello.
En el caso de Alicia también a través de su marido, Eduardo Ducay. Ella es la cronista de su vida y de su trabajo, ha hecho una labor increíble de análisis, de toda esa información, de todas esas vivencias de Eduardo, como las transmite, toda su investigación sobre la productora UNINCI, con Bienvenido, Mister Marshall, Viridiana.
Yo no hubiera podido hacer la obra sin tenerlos a ellos, sin haberlos escuchado, y me conmueve todavía su generosidad, como se abrieron con alguien que simplemente va y les dice: voy a hacer esto, a ver si me podéis ayudar. Ver como de dedicaron horas de su vida para hablarme de como era aquello, como me recibieron, como me apoyaron, es realmente muy emocionante.
Hablábamos en nuestra primera entrevista que el origen de Contrapaso estaba en hacer una novela en torno al periódico El Caso, que desechaste cuando salió la serie de TV, sin embargo, el mundo del periodismo sigue siendo el armazón sobre el que se sostiene la historia, a través del falangista Emilio Sanz y del fotógrafo León Lenoir, hijo de un comunista, ¿querías hacer un homenaje a esos periodistas que querían estirar las costuras del sistema para buscar la verdad?
Sí, mi primera idea fue recrear el mundo de El Caso, yo quería contar esa historia, con sus protagonistas verdaderos, con sus nombres reales y vivencias, pero es verdad que como salió la serie de televisión, decidí cambiar un poco el chip. La verdad es que me alegro, porque creo que a través de la ficción he podido hablar con más libertad de las cosas que pasaban, mezclar diferentes temas, dentro de la misma trama criminal, y sobre todo, hablar del poder de la prensa en una sociedad, y lo que la prensa debería ser realmente.
La verdad es que si, me interesaba mucho reflexionar sobre como es la prensa, como debería ser y como debería ejercer un periodista o que debería buscar con su trabajo. Creo que ahora, en estos tiempos que vivimos, que son un poco de oscuridad, la prensa tiene una misión grande por hacer, y un reto enorme porque a mucha gente le interesa que esté silenciada o domesticada, y cuesta ver periodistas que puedan ejercer su profesión en libertad.
Paradójicamente, aquí tenemos un sistema liberal, pero cuesta mucho ver periodistas a los que se les apoye para ejercer una labor de información en completa libertad. Es complicado. Entonces, creo que estamos en un momento adecuado para pensar como nos informamos, como se le permite a los informadores informar, y como es esa información que nos llega.
Además, ahora con la irrupción de las Inteligencias Artificiales en la información, le preguntamos directamente: Grock, dime como es esto, y les damos un valor total a esa información que nos está llegando, cuando realmente está muy sesgada, muy manipulada y, además, muy incompleta, muy incorrecta, en muchas ocasiones, y le estamos dando un poder tremendo de informarnos a través de estos canales. Así que si, creo que es muy pertinente la reflexión sobre eso.
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Tu pareja, Juan Díaz Canales -guionista de Blacksad, de Corto Maltés o de Judee Sill-, y tu hija, Alma Díaz Valero, también han ayudado a sacar adelante Contrapaso con las bases de color. ¿En casa también te dicen, como en una parte del libro, “La vida sucede fuera de las viñetas”? Por otra parte, ¿Alma también ha enfocado su carrera profesional hacia el mundo de la ilustración?
Alma y Juan, efectivamente, me han ayudado con las bases de color. Alma está estudiando diseño y le interesa mucho hacer estas cosas. Ha estado este verano haciendo prácticas de animación en un estudio. La verdad es que tiene talento, es muy perfeccionista también, como yo, y tiene mucha ambición por hacer algo que tenga que ver con el mundo del dibujo, del arte, del diseño. Toca todos los palos un poco.
Nosotros nos tenemos que recordar todos en casa, efectivamente, eso de que la vida sucede fuera de las viñetas, eso fue una frase que me dijo mi amigo Kenny Ruíz, muy acertada, porque creo que todo el mundo que nos dedicamos a esto le dedicamos demasiado tiempo a intentar llegar a la excelencia, a que la cosa salga como nos gusta, queremos dar un poco más, que salga mejor, hacer más cosas. Hay muchas veces que te tienes que recordar que a tu lado hay personas con las que pasar el tiempo, y familiares que necesitan de ti, porque si no muchas veces nos meteríamos en una habitación y no saldríamos, dando vueltas a nuestros propios proyectos. Aunque nos comprendemos.
Siempre digo que nadie que no fuera Juan me habría aguantado, porque conoce la profesión, y es muy difícil montar una familia con alguien que no conozca este trabajo y que no entienda como es, porque realmente te haces antipático, porque estás ausente mucho tiempo, y él lo entiende bien, pero aún así es bueno, de vez en cuando, soltar un poco de cable, salir al mundo real y estar cerca de familiares y amigos, porque es necesario.
Aunque la historia se sitúe en los años 50, en la novela gráfica se tratan temas que, desgraciadamente, siguen estando de actualidad, como el problema de la vivienda, de la especulación urbanística, aunque la gente ya no viva en cuevas, ¿parece que muchos de los déficits de nuestra sociedad actual tienen su origen en aquella España franquista, no?
Realmente muchos de los déficits de nuestra sociedad tienen su origen en el franquismo, y también otros mucho antes, podemos ir hasta la época del descubrimiento de América, para ver que muchos males se arrastran desde entonces. Como se ha repartido siempre la pobreza, ese sentimiento de hidalguía, como concebimos las clases sociales en este país, es una cosa que se arrastras de mucho antes de la dictadura franquista. Pero es cierto que en la época de Franco, muchas familias que ya antes dominaban el cotarro tuvieron ahí un espacio muy seguro y muy confortable para seguir haciendo negocio. Este país muchísima gente lo concibe como un cortijo, y es un problema que tenemos. También es un problema de ciudadanía, porque creo que no nos hemos sacudido el sentimiento de súbdito, nos cuesta muchísimo dejar de ser súbditos y sentirnos ciudadanos. Porque un ciudadano exige a sus representantes un respeto y exige gestionar las cosas de cierta manera que aquí nos cuesta mucho. Aquí vivimos la política como bandos, como vivimos el fútbol, y eso es un error. Porque la ciudadanía tiene que tener concepto de si misma, tiene que autopercibirse como ciudadanos con unos derechos. Y eso nos cuesta un montón, y nos dejamos siempre manipular por el que está en el poder. Entonces ahí tenemos unas tareas pendientes, y nos viene de muy atrás. Somos gente con espíritu monárquico, no se muy bien porque, y nos dejamos mandar más de lo deseable.
En tu libro tiene también un lugar destacado la censura, que entonces alcanzaba niveles grotescos, y que ahora parece revitalizarse a través de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, que ha sido muy criticada por restringir la libertad de expresión, ¿crees el cómic, el arte en general, es un buen antídoto para mostrarnos ese pasado al que algunos nostálgicos quieren regresar? ¿corremos el riesgo de repetir la historia si no la conocemos?
Si que realmente el cómic, cualquier tipo de arte, aunque no voy a decir que tiene una responsabilidad, porque creo que también alguien que hace arte sin sentir ninguna obligación de responsabilidad social o ciudadana es perfectamente válido, pero a mi si me gusta pensar que con lo que hago, algo que lleva tantas horas y a lo que le dedico tanto esfuerzo, pueda hacer reflexionar a mis semejantes sobre ciertas cosas que me preocupan, y a lo mejor encontrar en ellos que van a hacer ciertas preguntas, y van a llegar a ciertas conclusiones, a través de las reflexiones que yo he hecho a través de la obra. Me gusta pensar que el arte, aunque no sea todo el arte, pueda ser utilizado para alzar la voz.
También creo que corremos el riesgo de repetir la historia, si no la conocemos, y últimamente, pienso que corremos el riesgo de repetir la historia, aunque la conozcamos. Creo que se ha escrito muchísimo sobre el siglo XX, y sobre todos los problemas que ciertos populismos trajeron en el siglo XX, y aunque conocemos la historia nos da lo mismo. Hay momentos en los que las poblaciones se encuentran desorientadas, con miedo, con ciertos retos que no saben como afrontar, y se dan a soluciones fáciles, sin realmente pararse a pensar que consecuencias pueda tener, sin prudencia además, nos damos a lo bestia con ansia de revancha, y eso es problemáticos, lo estamos viendo ahora y no sabemos donde va a acabar todo esto que vamos viendo ahora gestarse.
Así que habrá que ver, porque nos cuesta encontrar soluciones diferentes simplemente con consenso. No se muy bien porque, de tanto en tanto, a las poblaciones les gusta que haya una catarsis, violenta y dramática, para volver al punto de origen, y hacer borrón y cuenta nueva. Yo siempre he pensado que se podría hacer también discutiendo, pero parece ser que no. Últimamente soy muy escéptica con esas cosas, así que creo que estamos destinados a repetir la historia aunque la conocemos terriblemente bien, porque hemos visto muchas películas, hemos leído muchos libros, hemos visto documentales del Canal Historia, y no estamos viendo las similitudes, parece ser.
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En Contrapaso nos llama la atención las proyecciones privadas en el Palacio de El Pardo, para que Franco disfrutara del cine, al que creo que era muy aficionado. ¿Pudiste acceder a esa sala de proyección para recrearla después en tu novela? ¿hay constancia de las películas que se proyectaban allí?
Patrimonio Nacional, que fueron amabilísimos, me organizaron una visita privada al Cine de El Pardo, tuve una persona que me acompañó, estuvieron súper accesibles, y pude acceder a la cabina del proyeccionista, al palco donde la familia Franco veía el cine, pude acceder a la sala donde se sentaban sus invitados, a la pantalla, a todo. Me dieron todo tipo de facilidades.
Hay también un libro “Las películas que vio Franco”, de José María Caparrós, editado en Ediciones Cátedra, en el que vienen los programas de mano que se hacían en El Pardo, y muchísimas películas con la fecha en que se proyectaron, y al final hay un anexo en el que vienen todas las películas.
La verdad es que Franco veía un poco de todo. Por lo que se sabe veía las películas sin censurar, se decía que despreciaba bastante a los censores, porque los veía un poco mojigatos, pero los dejaba actuar, porque siempre dejaba que la represión cultural fuera por libre. Le gustaba mucho el cine americano, los documentales. Siempre le ponían un NODO o un documental de naturaleza, y luego una o dos películas. Veía mucho cine de estreno, y era muy aficionado al cine, como parece ser que eran todos los dictadores que tuvimos en Europa en esa época.
Emilio y León, los dos personajes, en cierto modo antagonistas, principales de esta segunda entrega de Contrapaso, dejan a Paloma en un segundo plano, ¿te has planteado para una tercera entrega -que esperamos que esté en tus planes- un mayor protagonismo femenino en la historia?
Sí, en la tercera entrega de Contrapaso quería hacer la historia más desde el punto de vista femenino. Es verdad que me cuesta seleccionar los personajes, porque Contrapaso se ha vuelto muy coral, hay muchísimos personajes secundarios que me encanten, está Charo, incluso Suso, que en esta segunda parte tuvo un poco más de protagonismo. Son personajes que tiene un montón de posibilidades, y entonces me cuesta mucho ir hilando la historia, sin que se cargue de personajes, porque todos pueden aportar algo. Pero si que me gustaría mucho que en este tercero Paloma saliera un poco más. Pero, es cierto también que como está hilada la historia, y los lugares a los que pueden acceder, es muy difícil que una mujer hiciera ciertas cosas. Las chicas que hay en Contrapaso van conquistando terreno, pero ciertas cosas quedan en manos de los dos protagonistas principales que, además, creo que representan muy bien a la sociedad de la época.
Al final se trata de hacer un poco de encaje de bolillos, para que todos vayan apareciendo sin hacerlo de una manera forzada, darles a cada uno su espacio, a la vez que avanzan en la trama, que no es nada fácil, y hay que pegarse mucho con ello, para que quede, en definitiva, fluido y natural. La verdad es que me gustaría mucho en el tercero hablar más de la situación de las mujeres en la posguerra, que fue un contraste tremendo con todo lo que habían conquistado en la República, y como fueron perdiendo muchos derechos adquiridos, y desde el punto de vista más de las mujeres y de lo que podían hacer entonces.
Contrapaso ha sido editado en Francia, con gran éxito de ventas también, aún siendo una historia que habla de una época que allí se vivió de un modo radicalmente distinto, ¿a qué crees que se debe que tu novela gráfica haya sido tan bien acogida al otro lado de los Pirineos?
Creo que Contrapaso ha funcionado también muy bien en Francia porque habla de cosas que se están volviendo muy actuales, que es como vivir en una dictadura, como vivir cuando se pierde la democracia, cuando un pueblo ya no participa en su sistema de gobierno sino que simplemente se deja gobernar. Ahora tenemos encendidos debates sobre si eso es mejor o peor, o deseable, cuando las democracias liberales entran en crisis, como tenemos ahora, cuando estas democracias dejan de responder a las necesidades de los ciudadanos, y los partidos empiezan a pegarse, y la mayor parte de la energía se va en pegarse los unos con los otros. Se materializan pocas medidas de impacto para los retos que trae esta época, y entonces la gente empieza a buscar soluciones en regímenes totalitarios. Bueno, no hay más que mirar como se vivía en nuestro país bajo una dictadura, y ya cada cual que saque sus propias conclusiones. Yo creo que se pierden muchas libertades, se pierden muchas cosas importantes, para lo que es una sociedad sana, igualitaria, y es lo que muestro un poco en Contrapaso y en muchos países europeos se ha recibido muy bien esa reflexión de esto es realmente vivir bajo una dictadura.
También es cierto que hay un público en Francia, que son los descendientes de los exiliados españoles, a los que les da mucha curiosidad ver de donde vinieron sus antepasados, sus abuelos, y porque se tuvieron que ir. Siempre te encuentras en la gente que viene a las dedicatorias te encuentras a unos cuantos descendientes de españoles republicanos que tienen mucha curiosidad por saber como era aquello. En muchos casos sus abuelos nunca regresaron y tienen ahí ese drama que arrastran ellos, que no han visitado España más que en vacaciones.
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