2 de diciembre de 1979, cuando la ultraderecha disparó contra Andalucía

Lo que prometía ser una manifestación pacífica, en la que los andaluces reivindicaran una autonomía para su tierra, comenzó con un ambiente enrarecido, puesto que las banderas andaluzas que se habían colocado a lo largo del Paseo de la Victoria habían desaparecido.

Por Angelo Nero | 24/02/2025

La violencia ejercida por las bandas paramilitares de extrema derecha fue una constante durante toda la Transición, conectada con las cloacas del estado, en manos de un aparato inequívocamente ligado al antiguo régimen, resuelto a rebajar las condiciones en las que se desarrollaría la democracia que, después de cuarenta años, parecía asomarse a la vuelta de la esquina. Las palizas a estudiantes en las universidades y en las manifestaciones en las que se demandaba libertad y amnistía, así como atentados, muchos de ellos con víctimas mortales, se sucedieron durante lo que el periodista y escritor Mariano Sánchez Soler denominó, con mucho acierto, La Transición Sangrienta, en un libro en el que recoge muchos de esas víctimas de la ultraderecha. En estas mismas páginas hemos mantenido viva su memoria, Arturo Ruíz, Yolanda García, Miquel Grau, Vicente Cuervo, Prudencio García… pero las acciones violentas de estos grupos paramilitares, ligados a organizaciones como Fuerza Nueva, fueron muchas más, aunque solo se recuerdan aquellas que causaron víctimas mortales.

Hoy nos remontamos al 2 de diciembre de 1979, en el que más de cuarenta mil cordobeses se echaron a las calles de su ciudad para exigir una Autonomía plena para su tierra. Dos años antes, en otra una manifestación andalucista multitudinaria en Málaga, la policía armada había asesinado al joven Manuel José García Caparrós. La movilización cordobesa está convocada el PCE -el PCA se constituiría a finales de ese mes-, y la Federación Socialista Andaluza del PSOE -que también ese mes cambiaría su denominación por PSOE de Andalucia-, el Partido Socialista Andaluz (PSA) -que liderada Alejandro Rojas-Marcos-, y el Partido del Trabajo de Andalucía (PTA). También se adhiere a la convocatoria el Movimiento Comunista de Andalucía.. Estas fuerzas políticas, con otras seis, fueran los firmantes del Pacto de Antequera, justo un año antes, por el que se comprometían a impulsar la autonomía andaluza.

Sin embargo, lo que prometía ser una manifestación pacífica, en la que los andaluces reivindicaran una autonomía para su tierra, comenzó con un ambiente enrarecido, puesto que las banderas andaluzas que se habían colocado a lo largo del Paseo de la Victoria habían desaparecido, y como respuesta, los responsables de la convocatoria ciudadana suprimieron la bandera española de la cabecera de la manifestación. La policía armada también sube la tensión cuando quita una enseña republicana. La marcha comienza en medio de un ambiente enrarecido, con el alcalde de Córdoba, el comunista Julio Anguita a la cabeza, y al llegar a la plaza de las Tendillas, una veintena de ultraderechistas, pertenecientes al partido de Blas Piñar, Fuerza Nueva, irrumpe violentamente en la manifestación con banderas españolas.

El periodista de El País, Sebastian Cuevas, narraba así los hechos, en un artículo titulado “Militantes de Fuerza Nueva dispararon con armas de fuego sobre la multitud en Córdoba”:

“Cuando discurría la manifestación por la calle Cruz Conde y antes de desembocar en la plaza de las Tendillas, en la que estaba prevista su disolución, el alcalde y el diputado socialista Rafael Vallejo, que representaba a la Junta de Andalucía, informaron al delegado gubernativo de que, según le hacía saber el servicio interno de orden, en la confluencia de la plaza con la calle de Gondomar, en la que tiene su sede Fuerza Nueva, miembros de este partido pretendían provocar a los manifestantes.

El delegado gubernativo, según manifestación posterior del alcalde, recabó para las Fuerzas de Orden Público el control del tema.

Algún Land Rover de la Policía Nacional, en efecto, estaba aparcado en dicha calle y miembros de este cuerpo presenciaron, sin intervenir, cómo al terminar la manifestación, cuando se cantaba el himno andaluz que ponía fin a los actos, un grupo de militantes de Fuerza Nueva, con su jefe provincial, Juan Meléndez Valdés, a la cabeza, iban al encuentro de los manifestantes enarbolando banderas y guiones y haciendo el saludo fascista.

El cordón del servicio de orden les cerró el paso y aguantó, a pesar de que algunos de sus miembros fueron golpeados con palos, cadenas, mazas de estrella, una de cuyas bolas de más de medio kilo de peso sería presentada más tarde ante el juzgado de guardia por un teniente de alcalde. El propio señor Meléndez Valdés, que en ocasiones introdujo su mano ostensiblemente en el bolsillo interno de su chaquetón, amenazó con la bandera, rematada con una pica, a modo de rejón, con ella a los manifestantes.

En estos incidentes no intervinieron las Fuerzas de Orden Público, que ya habían acudido, pero cuya presencia no intimidó a los militantes de Fuerza Nueva. Los miembros del servicio de orden se mantuvieron unidos a pesar de los golpes, e incluso evitaron la irrupción en la plaza de los asaltantes.

Entonces la multitud reaccionó e intentó copar a los asaltantes, si bien fue contenida por el cordón de seguridad de la manifestación. Sintiéndose arrollar, los agresores hicieron uso de armas de fuego y se oyeron seis disparos, que realizaron a quemarropa sobre la multitud. Del tumulto comenzaron a sacarse heridos chorreantes, lo que enardeció a la multitud, que insistió en echarse sobre los militantes de Fuerza Nueva. Dos de estos, Carlos José Pericet Meléndez-Valdés, de veinte años, y Juan Suárez Herrera, de 38, recibieron heridas punzantes de arma blanca. Entre los manifestantes se produjeron, al parecer, catorce heridos, además de un miembro del Cuerpo General de Policía, que recibió un disparo de perdigones en la cara, cuyo nombre no ha sido facilitado, aunque podría tratarse de un herido que figura en la casa de socorro y que luego no aparece en ninguna relación, llamado Fernando Osuna. Los más graves fueron intervenidos en la ciudad sanitaria Reina Sofía. Dos de ellos, Manuel Encinas, de 38 años, y José Palma Bello, de 31, según el dictamen facultativo, perderán con mucha probabilidad la visión de un ojo, ambos por disparos de perdigones. El segundo de ellos es un informador gráfico del diario Córdoba.

Un sargento de la Policía Nacional, en una escena presenciada por este corresponsal, requisó y entregó al delegado gubernativo un revólver de tambor con varios casquillos disparados, un carné de Fuerza Nueva y un documento nacional de identidad. Parecen corresponder a uno de los detenidos, Manuel Quintana Domínguez, de quien se ha hecho público ser uno de los presuntos agresores.

En el transcurso de los incidentes, mientras la disputa proseguía, el alcalde de la ciudad se dirigió por la megafonía de la plaza a los asistentes, exhortándoles a la serenidad, «que equivale a firmeza y voluntad de seguir adelante por la autonomía de una Andalucía libre, en una España democrática»; pidió la disolución de los congregados porque «corresponde a los poderes judiciales y públicos averiguar lo ocurrido». Ante estas palabras, los manifestantes redujeron su presión sobre los cordones del servicio de orden, mientras la Policía Nacional establecía, ahora ya sí, una formación entre ambos bandos.

Los militantes de Fuerza Nueva en la calle, entonando el Cara al Sol y agitando las banderas, seguían en su actitud, que era interpretada como provocación por unas 2.000 personas que insistían en ir hacia ellos. Los propios organizadores colaboraron en la disolución de los manifestantes, que, una vez que abrieron calle, fueron dispersados por algunos disparos de goma de la Policía Nacional.

Retirados a su sede, los militantes de Fuerza Nueva, desde los balcones de las dos plantas que ocupa la misma, intercambiaron insultos con algunos transeúntes, que les increpaban al pasar por la calzada y arrojaban desde arriba numerosos ladrillos que alcanzaron a algún vehículo.”

En total fueron 14 los heridos en aquel 2 de diciembre de 1979 en Córdoba, 12 de ellos por postas de escopeta, y dos por arma blanca, lo que motivó el arresto de una docena de militantes de Fuerza Nueva y la clausura de su sede. Esa misma noche, el jefe provincial de la formación ultraderechista, Juan Meléndez Valdés, ingresó en prisión. En el juicio posterior fueron condenadas diez personas por desórdenes públicos, con el atenuante “de obrar por motivos altruistas y patrióticos”, y una de ellas, Miguel Quintana Rodríguez, por atentado, por ser el causante de los disparos, con un revólver del calibre 38, a un total de 14 años de cárcel.

Al año siguiente el 9 de noviembre de 1980, la ultraderecha volvió a ser noticia en Córdoba, “Blas Piñar condecora a dos militantes de Fuerza Nueva heridos en Córdoba”, titulaba otra vez para El País el periodista Sebastián Cuevas:

“Carlos Pericet y Juan Suárez serán condecorados hoy por Blas Piñar en el cine Alcázar de Córdoba con la medalla del valor en el transcurso de un acto político que protagonizará el líder de Fuerza Nueva.

Ambos militantes resultaron heridos en los altercados presuntamente promovidos por la organización ultraderechista con ocasión de la celebración del Día de Andalucía el pasado año, cuando ambos, en unión de otros militantes de FN, irrumpieron con sus banderas en la manifestación que llegaba a la plaza de las Tendillas. Corno reacción a los disparos que al parecer produjeron los de este grupo se desató un altercado en el que ambos militantes resultaron heridos de arma blanca.

Las manifestaciones que el pasado día 4 de diciembre se registraron en toda Andalucía se desarrollaron dentro de la más absoluta normalidad, salvo en Córdoba y Sevilla, en donde militantes de Fuerza Nueva protagonizaron serios incidentes.

El local donde hoy hablará Blas Piñar ha padecido un atentado durante la pasada madrugada al haberse lanzado contra sus cristaleras un cóctel molotov, que no hizo explosión. Los daños se limitan a la propia puerta del local y a un espejo del vestíbulo.”

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