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Entrevistamos a Sultana Jaya, destacada activista saharaui que lucha por los derechos humanos en el Sahara Occidental ocupado por Marruecos.
Por Héctor Bujari Santorum | 23/10/2026
Sultana Jaya es una de las voces más reconocidas de la resistencia saharaui en los territorios ocupados. Activista, lleva décadas denunciando la represión marroquí desde dentro, pagando por ello un precio altísimo: arresto domiciliario de facto, asedio a su vivienda, agresiones y la pérdida de un ojo a causa de la represión, además de un largo etcétera de represalias documentadas por organizaciones internacionales… sin respuesta.
Sultana, muchas gracias por dedicarnos un rato. La primera pregunta es sencilla, pero importante: ¿qué significa para ti ser saharaui?
Lo primero que siento es orgullo de ser saharaui. Quienes hemos nacido bajo la ocupación hemos conservado una identidad y una cultura, y al mismo tiempo hemos mantenido la defensa de ambas.
Estas dos cosas forman parte de nuestra manera de aferrarnos a lo que somos y de nuestra capacidad para luchar contra la ocupación. Desde los acontecimientos de Gdeim Izik, la ocupación ha prohibido las jaimas saharauis, incluso en la playa; quieren hacerlas desaparecer o borrarlas por completo.
¿Cuál fue el hito, el momento decisivo, si hubo alguno, que marcó el inicio de tu labor en la defensa de los derechos de tu pueblo?
Desde que nací, he vivido esta realidad en mi propia familia: una parte de ella está en los campamentos de refugiados, como mis tías, mi abuela, las hermanas de mi abuela, mi tío y mi hermano. Desde siempre hemos crecido aferrados a la idea de que nuestra tierra está ocupada.
Podría decir que el año 2000 marcó el momento en que empecé a tomar conciencia, a comprender la realidad y a enfrentarme a la vida de otra manera. Para ser más precisa, fue cuando comencé a participar en el movimiento. En 2005, se nos abrió una puerta y aquello alcanzó su punto álgido.
Nos enfrentamos al enemigo, fuimos golpeados y torturados. Todo eso forma parte de nosotros; no podemos fingir que no existe ni añadirlo artificialmente a nuestras vidas. Desde que salimos del vientre de nuestras madres, llevamos con nosotros esta causa, nuestra lucha y el amor por nuestra patria. Es un legado que se nos ha transmitido.
Desde 1975 se han ejercido estas prácticas contra el pueblo saharaui, que no contaba con ningún medio para defenderse. A pesar de la represión, los encarcelamientos y las detenciones, la lucha ha continuado. Aunque ha habido asesinatos y arrestos, la lucha no se ha detenido y las mujeres saharauis han seguido llevando esta carga a pesar de las difíciles condiciones.
¿Qué recuerdas de la Intifada de Istiklal del 2005?
Desde 2005, con el inicio de la Intifada de Istiklal, el pueblo saharaui salió a las calles para expresar su rechazo y portar las banderas nacionales, a pesar de que muchos ni siquiera habíamos visto antes la bandera de nuestro país. La llevamos con orgullo, y por ello fuimos golpeados. La ocupación marroquí sigue ejerciendo estas prácticas contra nosotros hasta el día de hoy.
Como activistas y ciudadanas saharauis que vivimos bajo la ocupación marroquí y sufrimos sus violaciones, ninguna de estas circunstancias nos hará desistir. Seguiremos resistiendo mediante la resistencia pacífica, a nuestra manera, y continuaremos nuestra lucha, aunque tengamos que sacrificar nuestras propias vidas. Sufrimos represión y agresiones sexuales, pero nada nos impedirá continuar nuestro camino hasta alcanzar la libertad, la independencia total y el regreso de las personas refugiadas a su tierra, Inshallah.
Recuerdo una etapa, el 21 de mayo de 2005, que nunca podré olvidar. Fue un momento de liberación para quienes ni siquiera podían decir que eran saharauis, para quienes nunca habían soñado con poder llevar la bandera saharaui.
Fue una época marcada por las torturas, las violaciones de derechos, los secuestros y los allanamientos de viviendas. Vivimos un auténtico terror. Veíamos a mujeres ancianas gritando y todo aquello dejó una huella imborrable en nuestra memoria. Son recuerdos que nunca se pueden olvidar.
¿Qué ocurrió desde entonces hasta hoy?
Desde 2005 hasta hoy, las detenciones contra la población saharaui han continuado. Se ha dispersado a la gente: algunos han acabado en prisión, otros se han visto obligados a embarcarse en pateras para intentar escapar, y algunos han perdido la vida en el mar.
También se ha hablado de la distribución de distintas drogas entre los jóvenes, como el hachís y las pastillas psicotrópicas, con el propósito de corromperlos y alejarlos de la lucha.
Con el tiempo, las mujeres han pasado a tener un protagonismo mayor en las protestas, porque los jóvenes se enfrentan a todas estas prácticas y, además, se les imputan delitos que no han cometido. Así llegamos hasta Gdeim Izik, el conocido campamento de protesta.
¿Cómo se vive esa represión en la vida cotidiana, especialmente entre las mujeres y los niños?
Las que peor lo pasan son las mujeres. Para no alejarme demasiado de mi propia experiencia, mi casa y mi familia sufren diariamente el hostigamiento de las fuerzas de ocupación. Nos cortan la luz y golpean la puerta con las porras. Todo esto ocurre ante la mirada de dos escuelas situadas junto a mi casa.
Yo salgo con los jóvenes para llevar las banderas y expresar nuestra protesta, pero también por la noche se producen incursiones y ataques. Se siembra el terror entre los niños y las personas mayores; de esta manera, se intenta generar miedo y una sensación permanente de inseguridad en toda la población.
Es una constante de miedo: miedo a mandar a los niños al colegio porque en el colegio pasan miedo, y de camino, de ida y de vuelta, también pasan miedo. Es una lucha continua. Sobre todo, intentan meter miedo, muchísimo pánico y angustia. Y eso les pasa a los niños del colegio también. Ellos han pasado muchísimo miedo desde 2006 en la ciudad de Bojador.
En relación con el tema de las drogas en los territorios ocupados, ¿cómo se está gestionando desde la sociedad saharaui? ¿Están las familias solas?
En la sociedad saharaui, las familias están un poco solas intentando evitar que los jóvenes se pierdan. El propio ocupante es responsable de crear personas dependientes de la droga y de las pastillas. La ocupación es responsable del uso de las drogas.
En cuanto a este tema, los jóvenes han sufrido mucho. Muchos se han perdido por culpa de estas sustancias, especialmente de las conocidas como qarqabi o pastillas psicotrópicas.
Estas sustancias se distribuyen entre estudiantes y jóvenes en las calles, lo que acaba provocando adicción. Conozco a activistas saharauis que, en circunstancias normales, se comportan con total normalidad, pero cambian por completo después de consumir estas sustancias.
En ese estado, participan en manifestaciones y terminan siendo golpeados y detenidos sin ser plenamente conscientes de lo que les está sucediendo. Algunos gritaban consignas como «Viva el Frente Polisario» y me expresaban su apoyo, pero eran golpeados y detenidos mientras se encontraban bajo los efectos de las drogas.
Es un arma de guerra. Cuando intoxicas a una población, sea con alcohol, con droga o con lo que sea, estás utilizando un arma de guerra. Nuestro pueblo jamás consumió nada.
¿Cuál es el principal problema que asfixia a la población en los territorios ocupados? ¿Cómo describirías la realidad cotidiana?
En la parte ocupada de nuestra patria, la población vive diariamente bajo el peso de la ocupación. Sin embargo, la realidad de los activistas saharauis, cuyas viviendas son conocidas y cuyos movimientos están vigilados, es aún más dura. Sufrimos un hostigamiento constante que afecta a los aspectos más básicos de nuestra vida cotidiana.
No se permite que la gente nos visite libremente, ni podemos visitar a nuestros familiares y amigos cuando queremos, incluso cuando alguno de ellos está enfermo. Hasta ir a la playa puede convertirse en algo prohibido. También se dificultan las reuniones y se imponen numerosas restricciones a nuestros desplazamientos y actividades.
En mi propia experiencia, puedo verme obligada a permanecer dos meses enteros en casa sin poder ir a ningún sitio, simplemente por ser una activista saharaui. Si quiero salir para levantar la bandera saharaui, las restricciones aumentan. Estas limitaciones no afectan únicamente a los desplazamientos dentro de la ciudad, sino también a los viajes.
He tenido dificultades para viajar a ciudades como Dajla, Smara y Tan-Tan, mientras que para desplazarme dentro de El Aaiún se me permite hacerlo solo bajo ciertas condiciones, como tener que indicar adónde me dirijo, ya sea al aeropuerto o a la casa de otra persona.
La población saharaui sufre graves violaciones de derechos humanos de manera continuada, sin recibir la cobertura mediática necesaria ni llegar al resto del mundo como debería. La información que se conoce no refleja la verdadera dimensión del sufrimiento, especialmente porque estas violaciones se producen en un contexto de ausencia de una supervisión mediática independiente. Incluso grabar un vídeo para documentar lo que sucede puede estar prohibido, mientras que las familias y los activistas sufren una fuerte presión dentro de las ciudades ocupadas y resulta difícil que personas u organizaciones externas puedan acceder para conocer directamente su realidad.
Como ejemplo de mi propia experiencia, mi madre, mi hermana y yo permanecimos encerradas en casa durante un año y siete meses, en condiciones muy duras, sin electricidad ni agua. Mis hijos y mis hermanas tampoco podían entrar a visitarnos, y llegamos a carecer de necesidades tan básicas como la comida. Esta experiencia demuestra el grado de aislamiento y presión al que pueden verse sometidas las familias saharauis.
La presión psicológica y social que soporta la juventud saharaui está relacionada con el consumo de drogas entre algunos jóvenes. Vemos cómo nuestros compañeros sufren la represión y la tortura, y cómo sus madres son víctimas de abusos y malos tratos. Incluso los teléfonos están vigilados, lo que aumenta la sensación de miedo e inseguridad.
La población saharaui no quiere que su sufrimiento siga siendo únicamente un relato contado por otros. Quiero que el mundo vaya y vea por sí mismo lo que ocurre en la parte ocupada de mi patria, y que conozca su realidad directamente, sin ocultamiento ni indiferencia.
¿Qué es lo que más echas de menos ahora mismo de Bojador?
Bojador es mi lugar de nacimiento, la ciudad que amo de una manera difícil de explicar. Cuando regreso de España a El Aaiún, siempre procuro pasar la noche en Bojador antes de continuar mi camino. Han pasado cuatro años y estoy entrando ya en el quinto, pero sigo recordándolo todo: cada detalle y cada recuerdo.
Es cierto que muchas personas se marchan de Bojador durante el verano y que, en ocasiones, la ciudad queda casi desierta. Sin embargo, a mí me gusta pasar el verano allí, quedarme y compartir tiempo con su gente. Bojador me acogió con su gente, me dio su apoyo y fue un sostén para mí, del mismo modo que lo ha sido para todo el pueblo saharaui.
No echo de menos Bojador simplemente porque sea la ciudad donde he vivido, sino porque forma parte de mí y porque me gustaría que toda mi vida transcurriera allí. En ella viví distintas etapas de mi resistencia y allí tuvieron lugar muchas de las experiencias que han marcado mi lucha.
¿Cómo no voy a amar un lugar que me acogió y me sostuvo? ¿Cómo no voy a echar de menos una ciudad que guarda tantos recuerdos de mi vida?
Ahora estás en España. ¿Cómo es un día normal en tu vida actual?
Aunque aquí vivo segura, duermo tranquilamente y disfruto de una libertad plena y absoluta, preferiría pasar una sola hora enfrentándome al enemigo en Bojador, Dajla o Smara antes que disfrutar de toda esa comodidad.
Para mí, esos son los momentos más felices de mi vida. Prefiero enfrentarme al enemigo antes que disfrutar de la tranquilidad y la comodidad que tengo aquí.
En marzo de este año desmentiste unos rumores que habían surgido sobre una supuesta ruptura con el Frente Polisario. ¿A qué atribuyes la aparición de esas especulaciones?
No estamos librando únicamente una guerra física, sino también una guerra de rumores. Buscan jugar con mi estado psicológico y con el del pueblo saharaui. Nos atacan de manera indirecta, no cara a cara, y prefieren escribir en páginas web y otros medios digitales en lugar de enfrentarse directamente a nosotros.
Estamos expuestos a este tipo de situaciones y no es la primera vez que ocurre. Prefiero que intenten difamarme antes que elogiarme. En definitiva, considero que se trata de una forma de guerra psicológica. Como activistas siempre esperamos que ocurran este tipo de cosas. Desmintí el rumor en mis redes sociales mediante un vídeo. No soy la única a la que le ha ocurrido algo así; pasó también con Daddach y con muchos otros activistas.
En 2021, la relatora especial de la ONU condenó las represalias que se ejercieron contra vosotras. ¿Ese pronunciamiento sirvió para algo? ¿Notaste algún cambio?
Las Naciones Unidas no aportan ningún beneficio al pueblo saharaui, en el sentido de que no hacen nada que resulte útil para nosotros como pueblo.
Muchas personas nos mostraron su solidaridad, especialmente el pueblo español, un abogado estadounidense y muchos otros abogados. Sin embargo, mi casa sigue sitiada y se nos sigue impidiendo acceder a ella. Mi familia continúa desplazada en El Aaiún y yo también estoy desplazada aquí. Hasta el día de hoy, no hemos visto ningún cambio.
Naciones Unidas no nos visita en las zonas ocupadas, tampoco me han visitado personalmente ni han entrado en mi casa. Toda la solidaridad nos ha llegado desde distintos lugares, pero no de las Naciones Unidas.
Durante años has sido una de las caras más visibles y una voz de primera fila en la causa saharaui. Sin embargo, en los últimos tiempos tu presencia pública es menos constante, como si hubieses pasado a un segundo plano. ¿A qué se debe ese cambio? ¿Es una decisión estratégica, una cuestión de salud o hay otros factores?
Estoy presente en todos los lugares a los que me convocan. Participé con las mujeres en el congreso al que fui invitada y, aquí en España, ya sea en Valencia, Tenerife o cualquier otro lugar, acudo y estoy presente. El último sábado participé con un grupo.
En ocasiones estoy enferma y tengo que acudir al hospital para recibir seguimiento médico, pero eso no me impide asistir ni participar con toda mi voluntad y con mi orgullo.
Nunca he dejado de acudir a ninguna actividad relacionada con el Frente Polisario a la que haya sido convocada. El único y legítimo representante del pueblo saharaui ha sido una constante en toda mi vida, lo considero mi vida… estoy siempre a su disposición.
No he viajado a las zonas ocupadas por circunstancias relacionadas con mi salud, pero eso tampoco me ha impedido aceptar invitaciones y asistir a cualquier actividad relacionada con mi país.
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