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Entrevistamos a Serchio Tella, miembro de la Organización Sindical de Trabajadores de Aragón (OSTA).
Por Redacción NR | 20/02/2026
En Nueva Revolución iniciamos un ciclo de entrevistas con el sindicalismo de clase y combativo del Estado español para abordar su estado actual y los retos que deben afrontar frente a un mundo laboral que está experimentando importantes cambios. Hoy conversamos con Serchio Tella, Secretario de Estrategias y Servicios Jurídicos de la Organización Sindical de Trabajadores de Aragón (OSTA).
¿En qué año nace OSTA y en qué contexto? ¿Se plantea como una ruptura con el sindicalismo de concertación de CCOO-UGT?
OSTA nació el 25 de mayo de 2002, en pleno siglo XXI, en un momento en el que el movimiento obrero aragonés atravesaba una profunda crisis de representatividad por el sindicalismo del diálogo social. Y es que, tras décadas de concertación social, el bisindicalismo español había terminado por gestionar la precariedad en lugar de combatirla, pactaban reformas laborales que debilitaban derechos fundamentales, deslocalizaciones masivas y normalizaban la temporalidad como modelo de empleo, sumado a una continua degradación de los convenios colectivos.
En este contexto, nació el proyecto de OSTA, que no trataba simplemente de crear otro sindicato más, sino de recuperar el sindicalismo como herramienta de confrontación colectiva, volviendo a la asamblea como espacio soberano de decisión en los centros de trabajo y a la independencia total respecto a la patronal y partidos políticos.
Durante estos casi veinticinco años de historia, el sindicato ha trabajado en el desarrollo de un modelo sindical propio, que es reconocible y diferente del resto de organizaciones sindicales en Aragón. Basado en tres pilares fundamentales; información y transparencia en los centros de trabajo, democratización de las decisiones que afectan a las plantillas, y apuesta de manera decidida por la conflictividad a través de la Caja de Resistencia.
La práctica de este modelo ha tenido sus frutos, y ha generado una referencialidad en los centros de trabajo, lo que se traduce, en que cada día más trabajadores y trabajadoras en Aragón apuestan por un modelo de sindicalismo de contrapoder, que actualmente representa OSTA.
¿Cómo valoráis el estado actual del sindicalismo de clase en el Estado español? ¿Cómo de implantado está en empresas estratégicas y en el tejido empresarial en general?
Respecto al sindicalismo de clase en el Estado español, es necesario establecer una distinción. Por un lado, encontramos el sindicalismo institucional y de concertación, representado por CCOO y UGT. Este modelo atraviesa un claro desgaste de legitimidad, derivado de su burocratización y de un sindicalismo basado en la “paz social”.
En contraposición, el sindicalismo de contrapoder vive un momento histórico de acumulación de fuerzas. En este sentido, debo destacar, el sindicalismo nacionalista de contrapoder y que representamos diferentes organizaciones, donde en territorios como Galiza y Euskal Herria ha llegado a alcanzar la mayoría sindical, o en Catalunya, donde aumenta su representación de manera continuada. En nuestro caso, Aragón, OSTA sigue construyendo una opción real para los y las trabajadoras, consolidándose como el tercer sindicato, con más de novecientos representantes sindicales, o lo que es lo mismo, con más del ocho por ciento de representación en el territorio.
Fruto del modelo sindical desarrollado, la implantación de OSTA en sectores estratégicos es una realidad, contando con más del diez por ciento de representatividad en muchos de ellos, como es la industria, la logística, los cuidados, entre otros sectores.
Haciendo autocritica, estos datos no son suficientes, ya que desde el sindicato nos marcamos un claro objetivo a medio plazo, y es ser sindicato más representativo, lo que significa, tener más del quince por ciento de representación en Aragón, y como mínimo mil quinientos representantes sindicales.
En cualquier caso, desde el sindicato, somos conscientes de lo fundamental no es solo medirnos en número de delegados, sino en capacidad para movilizar, para articular conflictos que visibilicen las injusticias estructurales y para devolver a las trabajadoras y trabajadores la confianza en su propio poder colectivo. Para ello, nos hemos dotado de una Caja de Resistencia, con el fin de trabajar todavía más en esta línea. Somos la única organización sindical aragonesita, que tiene una herramienta de estas características que se usa en conflictos colectivos.
Actualmente existe un reto generacional. La afiliación media a los sindicatos combativos es relativamente baja, más aún entre las nuevas generaciones. ¿Qué mensaje le transmitiríais a un joven trabajador que se ha incorporado hace poco al mundo laboral para que esté sindicado?
Entendemos perfectamente la desconfianza de muchos jóvenes; han crecido viendo sindicatos lejanos a la realidad, burocráticos o cómplices de la precarización y que no hacían nada al respecto. Por ello, a los jóvenes que comienzan en el mundo laboral, bajo contratos basura, falsos autónomos o relaciones laborales mediadas por plataformas digitales, les transmitimos un mensaje claro: tu situación no es fruto del azar ni de tu falta de esfuerzo, sino el resultado necesario de la acumulación de capital en su fase actual, donde la flexibilización extrema y la precarización son mecanismos sistemáticos para incrementar los beneficios de unos pocos.
En otras palabras, las condiciones laborales que viven los jóvenes, con jornadas parciales, salarios insuficientes, inseguridad permanente, entre otras, no son un defecto del sistema, sino su funcionamiento normal.
Por ello sindicalizarse es más necesario que nunca, pero esto no solo debe significar pagar una cuota sindical, sino que significa incorporarte a un proceso de lucha colectiva, participando en la acción sindical, construyendo comités de empresa que desafíen el poder de la patronal en el lugar de trabajo, y sobre todo debe servir para reconocer que tu fuerza reside en la unión de los trabajadores, en la solidaridad de clase.
De igual modo, sindicalizarse también invita a sumarte al rol que tienen los sindicatos como agentes de transformación social, en luchas como la de la vivienda, los servicios públicos o en la defensa del territorio.
Desde los años 80, en el Estado español se ha llevado a cabo un proceso de desindustrialización en el que se han desmantelado empresas de sectores estratégicos importantes. ¿Cómo ha afectado esta pérdida de masa obrera a la conciencia de clase y al sindicalismo?
El proceso de desindustrialización impulsado desde los años ochenta en el Estado español debe entenderse, no como un fenómeno económico imparcial, sino como una estrategia deliberada de reestructuración capitalista orientada a debilitar al sujeto histórico que había logrado conquistas significativas durante el fordismo, la clase obrera industrial concentrada.
Y es que la hegemonía burguesa requiere no solo coerción, sino también la disolución de los espacios donde se forja la contra-hegemonía obrera. Por consiguiente, el cierre de fábricas en Euskal Herria, Asturias, Catalunya e incluso Aragón, no solo destruyeron puestos de trabajo, sino que desmantelaron barrios obreros cohesionados, centros sociales, sindicales y redes intergeneracionales de transmisión de experiencia de lucha, es decir, el tejido material donde se construye la conciencia de clase. No obstante, es fundamental evitar una visión catastrofista, la clase obrera no ha desaparecido, sino que se ha transformado cuantitativa y cualitativamente.
Hoy, la inmensa mayoría de la población activa sigue siendo asalariada y, por tanto, productora de riqueza, aunque su trabajo se haya desplazado debido al modelo económico actual, hacia los servicios o la logística.
Para nosotros, el reto teórico y práctico consiste en reconocer que la conciencia de clase no emerge espontáneamente del lugar de trabajo, sino que debe construirse políticamente mediante la organización, la hegemonía cultual y la lucha concreta que revele los antagonismos del capital.
Hemos entrado en la era de la Inteligencia Artificial y la robotización. Dos cuestiones que sin duda dibujan un nuevo horizonte de lucha obrera y nuevos retos para el sindicalismo. ¿Cómo afronta el sindicato el hecho de que miles de trabajadores puedan ser sustituidos por IA y robots en las próximas décadas? ¿Qué medidas habría que tomar para proteger a los trabajadores?
Lo cierto es que la tecnología no es neutral, responde a quién la controla con unos fines muy determinados. La irrupción masiva de la inteligencia artificial y la robotización en el proceso productivo no constituye un fenómeno técnico aislado, sino una nueva fase del capitalismo. Y es que es una tendencia natural del capital, sustituir trabajo vivo por trabajo muerto (maquinaria) para incrementar la productividad y, con ello, la plusvalía relativa.
Sin embargo, esta dinámica genera una contradicción insuperable dentro del modo de producción capitalista. Si bien la automatización eleva la productividad social del trabajo, también reduce la masa de plusvalía extraíble, pues esta solo se genera en el trabajo vivo, precipitando crisis de sobreacumulación.
Ante este escenario, OSTA defiende una estrategia al respecto: en primer lugar, exigir la prohibición legal de despidos motivados por la automatización, exigiendo que los avances tecnológicos se traduzcan en redistribución de la jornada laboral sin pérdida salarial, en línea con la reivindicación de la reducción de la jornada. Asimismo, reclamamos la imposición de un gravamen significativo a la IA y la robotización, destinando dicha recaudación a financiar una Renta Básica Universal aragonesa, que asegure la dignidad material frente al desempleo estructural. Y, por último, impulsar planes de reconversión profesional decididos democráticamente en asambleas de trabajadores, no impuestos por la patronal, para evitar que la formación se convierta en un mecanismo de disciplinamiento.
En definitiva, la lucha no es contra la máquina, sino contra la propiedad privada de los medios de producción que convierte el progreso técnico en instrumento de explotación.
¿Qué mensaje podemos lanzar desde el sindicato a aquellos trabajadores que se definen como «clase media» y reniegan de su condición de clase obrera? ¿Es necesario recuperar el orgullo de clase y combativo?
Comprendemos ese rechazo, durante décadas se ha estigmatizado lo obrero, mientras se vendía la ilusión de ascenso individual. Se nos ha bombardeado, vendiéndonos que en el capitalismo si te esfuerzas, eres recompensado.
Pero la realidad, es más sencilla, otra cosa es que no la aceptemos como sociedad. La económica no miente, quien depende de un salario para vivir, quien puede ser despedido por una decisión ajena, quien ve cómo la inflación devora su nómina, pertenece a la clase trabajadora, independientemente del coche que conduzca, del barrio donde viva, o de la ropa que lleve.
Recuperar el orgullo de clase no es un ejercicio nostálgico; es reconocer con dignidad que somos quienes hacemos posible esta sociedad con nuestro esfuerzo diario. Y ese orgullo se fortalece cuando entendemos que nuestros problemas (un contrato precario, una hipoteca abusiva, …) no son individuales, sino colectivos, y por tanto solo tienen solución colectiva.
No se trata de renunciar a mejorar nuestras condiciones, sino de hacerlo sin pisotear a quienes están a nuestro lado, porque la verdadera dignidad no se construye sobre otros trabajadores, sino junto a ellos. Por ello, debemos trasladar otro mensaje, queremos y podemos vivir mejor, pero para ello hemos de confrontar contra el que acumula el capital.
¿Cómo se está abordando desde el sindicalismo de clase la integración de la inmigración en el mercado laboral y su implicación en la lucha sindical?
La inmigración laboral no es un fenómeno ajeno al capitalismo, sino una de sus condiciones de reproducción y es que el capital necesita constantemente de la existencia de demanda de empleo con el fin de disciplinar a la clase obrera en su conjunto. Por ello, la patronal y el Estado fomentan deliberadamente la división de la clase trabajadora, presentando a las personas inmigrantes como «competencia desleal» cuando, en realidad, quien explota es el actual sistema económico, independientemente del origen de la persona.
Frente a esta estrategia divisoria, defendemos la lucha de clases, entendiendo que la lucha obrera es, por naturaleza, internacionalista. En la práctica, esto se traduce en tres líneas de acción, primero, sindicalización activa en sectores con alta presencia migrante, como los mataderos, hostelería, limpieza, residencias, entre otros, garantizando la comprensión de las realidades culturales de los compañeros inmigrantes. Segundo, asesoramiento para combatir el chantaje que la patronal ejerce, y que convierte a los migrantes en sujetos de derecho precario. Y tercero, construcción de luchas comunes donde sean las plantillas en su conjunto quienes decidan en asamblea.
Con el auge del comercio online se están produciendo cambios importantes en el mundo laboral. ¿De qué manera se está trabajando sobre la necesidad de sindicar a sectores precarizados como los ‘riders’ o trabajadores de empresas digitales?
El comercio online y las plataformas digitales representan una reconfiguración del proceso de explotación capitalista por el cual se intensifica la alienación y la pérdida de autonomía del trabajador.
En efecto, las aplicaciones de reparto o los algoritmos de gestión no eliminan el trabajo, sino que lo fragmentan, ocultan las relaciones de mando tras interfaces digitales y convierten a los trabajadores en «autónomos» ficticios para eludir responsabilidades patronales.
Ante esta realidad, donde la jornada laboral se extiende hasta límites insospechados mediante la disponibilidad permanente, OSTA desarrolla una acción sindical en la que no basta con visibilizar sus condiciones; hay que estar donde están, en las concentraciones de reparto, en los puntos de encuentro, escuchando sus necesidades concretas.
Hemos aprendido que la sindicalización en estos sectores exige flexibilidad, asambleas virtuales, canales de comunicación ágiles y una defensa legal inmediata ante represalias.
Pero sobre todo exige romper la ficción de la «independencia» que venden las plataformas, cuando miles de personas realizan la misma tarea bajo las mismas órdenes algorítmicas, hay una cadena de montaje digital que merece los mismos derechos que cualquier otro puesto de trabajo.
Así, la sindicalización de estos sectores no busca simplemente mejorar condiciones puntuales, sino desvelar la naturaleza de clase de estas nuevas figuras laborales y reconstruir el poder obrero en los nodos estratégicos de la acumulación capitalista contemporánea.
Esto implica llevar la negociación colectiva al terreno digital y no conformarnos con ser solamente informados por la empresa de los parámetros, reglas e instrucciones en los que se basan los algoritmos o sistemas de inteligencia artificial que afectan a la toma de decisiones y por ende a las condiciones laborales.
El sindicalismo de clase sufre represión y criminalización por parte del Estado, que a menudo os etiqueta como «violentos». ¿Cómo se hace frente a esta ofensiva que busca restringir y limitar vuestra actividad sindical?
La criminalización del sindicalismo de clase por parte del Estado no es un fenómeno coyuntural, sino una manifestación del carácter inevitablemente represivo del Estado español, una máquina de dominación de clase al servicio de la reproducción del capital.
En efecto, cuando los sindicatos combativos logran paralizar cadenas productivas, revertir despidos colectivos o impulsar huelgas, el capital responde activando su brazo coercitivo: multas desproporcionadas por «piquetes informativos», querellas penales contra delegados por supuestas «coacciones», infiltración policial en asambleas y una campaña mediática sistemática que nos tilda de «violentos» mientras silencia la violencia estructural patronal, accidentes laborales evitables, muertes por estrés, suicidios por acoso.
Frente a esto, la transparencia absoluta en nuestra actuación y la unidad frente a la represión; cada compañero o compañera sancionada o procesada cuenta con el respaldo colectivo, jurídico y económico del sindicato.
Pero, sobre todo, respondemos con más organización; porque mientras más trabajadores y trabajadoras adquieran conciencia de clase, más difícil será para cualquier poder presentar como marginal una lucha que representa los intereses de la mayoría social. La mejor defensa contra la criminalización es demostrar día a día que somos lo que somos, trabajadoras y trabajadores organizados defendiendo lo que es nuestro.
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