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Los indultos de Semana Santa generaban gratitud a la dictadura y reforzaban la imagen de Franco como Padre de la Patria.
Por Lucio Martínez Pereda | 1/04/2026
Esta mañana una amiga me preguntaba si durante el franquismo se concedían indultos a presos durante la semana Santa. Si , a presos que habían mostrado ser fervientes católicos. Presos seleccionados y “redimibles”. es decir: susceptibles de reinserción moral según los parámetros del nacionalcatolicismo. Los indultos de Semana Santa generaban gratitud a la dictadura y reforzaban la imagen de Franco como Padre de la Patria. En realidad servían como propaganda y permitían presentarse al caudillo como un benefactor misericordioso. Además, al hacerlo, Franco se auto atribuía un privilegio propio de los reyes.
En realidad, no eran sino gestos de propaganda cuidadosamente calculados, escenificaciones del perdón. Este tipo de perdones tuvo su origen en el reinado de Juan II de Castilla, quien en el siglo XV promulgó en Burgos la llamada “Ley del Perdón del Viernes Santo”. Al otorgarse el privilegio de indultar, Franco no solo imitaba a los monarcas del pasado, sino que se apropiaba de uno de sus atributos simbólicos: la gracia del soberano. Franco se situaba así en la continuidad histórica de una monarquía sacralizada, se presentaba como heredero de la gracia regia, integrando los elementos de la autoridad espiritual y del poder absoluto.
Resumiendo, se puede afirmar que el indulto franquista de Semana Santa no era un solo un procedimiento jurídico, sino un rito “reinventado” donde genealogía monárquica, imaginario católico y retórica del liderazgo providencial se entrelazaban para reforzar la ilusión de continuidad histórica y de legitimidad absoluta del régimen.
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