San Miguel de los Reyes: la cárcel franquista

Esta es una verdad que se intentó silenciar hasta que, al final, como siempre ocurre, la lucha de un nuevo Gobierno consciente de la importancia de conocer estos hechos, estas historias, sacó a la luz toda la verdad.

Por Isabel Ginés y Carlos Gonga

Pasear por las galerías de San Miguel de los Reyes implica entender la majestuosidad del lugar, la relevancia que tiene este monasterio en el País Valenciano, los horrores vividos entre sus muros. La rehabilitación de su estructura y su habilitación como sede de la Biblioteca Valenciana han contribuido a correr el velo del silencio y que hoy conozcamos por fin lo que allí ocurrió.

Nos acercamos a este lugar con respeto y dolor. Lo conocimos durante la producción de nuestro primer documental, “La memoria no olvidada”, y algunas personas nos contaron allí que sus familiares pasaron meses o incluso años en este lugar, antes de ser fusilados; imaginaban el horror allí vivido.

Foto: Isabel Ginés

La gentileza de las personas al frente del área de Cultura, Miguel Carlos Muñoz y Germán Perales, nos permitió acceder en su momento a todos los enclaves en que tuvieron lugar estas calamidades, donde entrevistamos a algunos familiares de represaliados que estuvieron presos en este penal entre 1939 y 1940. Todos ellos corrieron la misma suerte: fueron llevados al conocido como ‘Paredón de España’, en Paterna, a 30 km de Valencia, donde la represión franquista les arrebató sus vidas.

No hace más de unos días desde que entrevistamos allí a Rosa Pérez Garijo, consellera de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democràtica en la Generalitat Valenciana, y a Iñaki Pérez Rico, director general de Calidad Democrática, Responsabilidad Social y Fomento del Autogobierno, con motivo de uno de los documentales que estamos llevando a cabo actualmente, “En esos tormentosos días”. Asimismo, Miquel Ferris Sanz dio voz a su bisabuelo, Pascual Monzó Real, asesinado en Paterna tras terminar la Guerra Civil. Los muros de San Miguel de los Reyes cercaron sus voces gracias a la dinámica labor de Margarita Ortega y del equipo de mantenimiento, que nos brindaron todas las facilidades que necesitamos para grabar el monasterio que fue prisión y dar a conocer así su historia.

El monasterio de San Miguel de los Reyes se sitúa en el barrio de Els Orriols, en Valencia, y las visitas al mismo son gratuitas. Nada más atravesar la puerta de entrada, que da a una explanada, nos encontramos con unos versos de Miguel Hernández:

Foto: Isabel Ginés

Si nos adentramos más vemos un panel informativo, desde donde alzamos la vista hacia el majestuoso y descomunal portón que preside el monasterio. La fachada del convento sostiene uno de los primeros retablos que hubo en el Reino de Valencia, formado por dos torres con columnas salomónicas barrocas y tres grandes esculturas labradas en piedra de los reyes magos; aunque no hablaremos hoy de su arquitectura sino de su historia.

Foto: Isabel Ginés

San Miguel de los Reyes alberga en la actualidad exposiciones, eventos y es sede de la Biblioteca Valenciana y de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Es un lugar impresionante y de visita obligada. No obstante, no ha pasado tanto tiempo desde que fue una prisión franquista: en 1939, este lugar se convirtió en una cárcel para los opositores de la dictadura franquista.

Las personas allí retenidas pasaban mucho frío, mucha hambre y vivían hacinados. Veían pasar allí sus días malviviendo, hasta que en un momento dado ciertos grupos de presos eran conducidos en camiones hasta el paredón de Paterna, donde eran fusilados y lanzados seguidamente a una fosa común.

Aquí, entre otros presos, estaba Francisco Núñez Miquel, perteneciente al Partido Radical Socialista. Nos lo contaba su sobrino nieto, Santi Vallés, desde lo que era el patio de la prisión: “fue trasladado de Carlet a San Miguel de los Reyes, una cárcel antes de la guerra, durante la guerra y después de la guerra. Aquí estuvo mi tío, encarcelado durante seis meses, hasta ir al cementerio a recibir el tiro de gracia”. El de Francisco es un relato que su familia no ha olvidado y que conforma la realidad colectiva de miles de personas allí retenidas por defender sus ideas, contrarias al régimen franquista autoimpuesto tras un golpe de Estado, y por pretender la libertad.

Muchas de sus familias iban a entregarles comida y ropa limpia a sus familiares presos en San Miguel de los Reyes. Estos, antes de entregar su ropa sucia a los guardias para que se la cambiaran por la limpia y entregaran la sucia a sus respectivos familiares, introducían en el dobladillo de la ropa cartas, escritas en papel de fumar o en pequeños papeles que podían conseguir y enrolladas para que pasaran desapercibidas. Muchas veces, estas suponían la escasa comunicación que tenían las familias gracias al ingenio de los presos.

Tras pasar una temporada allí, así como muchos de los prisioneros eran liberados, otros tantos terminaban con una condena a pena de muerte, procedente de un juicio con acusaciones falseadas y sin garantías procesales, y por consiguiente injusto, y siendo llevados a fusilar más allá de los muros de esta cárcel. Además, a muchas de las familias que un día cualquiera, como cualquier otro, les llevaban comida y ropa limpia, los guardias de San Miguel de los Reyes les espetaban que volvieran por donde habían venido y se las llevaran consigo, que su familiar preso ya no las necesitaba. En ese momento y con ese descaro es como se enteraban sus familiares, a veces niñas o niños no mayores de 15 años, de que sus familiares habían sido fusilados días o incluso semanas antes en Paterna, en el ‘Paredón de España’, y arrojados después a una fosa común, sin previo aviso.

En San Miquel de los Reyes los presos vivieron con mucho sufrimiento; sufrieron la miseria, el hambre, torturas y mucho, mucho frío. Más de 6.500 presos, en su mayoría opositores a la dictadura del genocida que solo buscaban la libertad para sus familias y sus pueblos, pasaron por esta cárcel durante la represión franquista. Sentencias a muerte en juicios sumarísimos que estaban amañados y sin garantía procesal alguna condenaron a su ingreso en esta prisión a miles de personas que, sin saberlo, solo saldrían de ahí de camino a donde les fusilarían y les dispararían después un tiro de gracia. En muchos casos, como el del padre de Rosa, la simple búsqueda de derechos sociales o laborales suponía la muerte a manos del régimen franquista: “Mi madre vio a mi padre salir en un camión, sabía dónde iba y salió corriendo detrás del camión. Cuando llegó él ya estaba muerto. Le condenaron por estar en un sindicato”.

Esta es una verdad que se intentó silenciar hasta que, al final, como siempre ocurre, la lucha de un nuevo Gobierno consciente de la importancia de conocer estos hechos, estas historias, sacó a la luz toda la verdad; como la del parador de León, donde ni siquiera hay un mísero cartel informativo ni alusión alguna. Las redes estallaron con un caso tan atroz.

Si buscamos en Wikipedia, donde millones de personas buscan información acerca de lugares, el monasterio de San Miguel de los Reyes, no aparece que fue una cárcel franquista. Esto debería aparecer, de igual manera que desde hace relativamente poco tiempo quien visite San Miguel de los Reyes puede encontrar a su paso paneles informativos en los que se señala su pasado como prisión que albergó a opositores del franquismo que buscaban la libertad.

Se debe conocer el pasado, se debe seguir luchando por rescatar estas historias del olvido y por darlas a conocer; por que se instalen paneles informativos en determinados lugares, por que se creen sitios web, porque se escriban y se publiquen artículos al respecto. Esto paso. Esto ocurrió. Hace mucho que retiramos el velo del silencio en España y la voz del pueblo salvará del olvido a miles de sus ciudadanos que fueron acallados clamando libertad.

1 Comment

  1. Son muchos los familiares afectados, que aunque tuvieron que guardar un silencio obligatorio durante la dictadura, han seguido manteniendo ese silencio en democràcia.
    Muchas gracias a quienes no lo hicieron porque és de justícia saber que pasó y a quienes les pasó.

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