¿Por qué los hombres van acompañados al médico y las mujeres suelen ir solas? Una lectura feminista del cuidado y la autonomía

Que los hombres vayan acompañados al médico mientras las mujeres suelen ir solas no es una casualidad ni una muestra de mayor vulnerabilidad masculina.

Por Isabel Durán Báez | 7/04/2026

La imagen es cotidiana: hombres que acuden al médico acompañados por sus parejas —habitualmente mujeres— y mujeres que, incluso en situaciones médicas complejas, acuden solas. Lejos de ser una anécdota, esta diferencia revela una estructura profunda de desigualdad en la distribución de los cuidados.

El mandato de género: cuidar a otros, incluso en su enfermedad

Desde una perspectiva feminista, este fenómeno no puede entenderse sin analizar la socialización diferencial. A las mujeres se les ha asignado históricamente el rol de cuidadoras: están presentes en hospitales, consultas médicas y procesos de enfermedad, no solo como pacientes, sino como acompañantes, gestoras y traductoras del malestar ajeno. Así, cuando un hombre enferma, es frecuente que una mujer —pareja, madre, hija— asuma la responsabilidad de acompañarlo, recordar citas, entender diagnósticos y sostener emocionalmente el proceso. En cambio, cuando es la mujer quien enferma, ese acompañamiento no aparece con la misma intensidad ni de forma tan sistemática.

La dependencia masculina invisibilizada

Existe una idea muy extendida de que los hombres son más independientes. Sin embargo, en el ámbito de los cuidados, ocurre lo contrario: muchos hombres dependen en gran medida de las mujeres para gestionar su salud. No es solo que vayan acompañados; es que, en muchos casos, delegan en ellas la relación con el sistema sanitario: desde pedir cita hasta explicar síntomas o seguir tratamientos. Esta dependencia no suele percibirse como tal, porque está normalizada. Forma parte de un modelo en el que el cuidado femenino es invisible y se da por hecho.

La autonomía forzada de las mujeres

Las mujeres, por el contrario, han desarrollado una fuerte autonomía en la gestión de su salud, pero no necesariamente por elección, sino por necesidad. Acuden solas al médico porque no hay una estructura que garantice que alguien las acompañe. Incluso en momentos de vulnerabilidad —embarazo, enfermedades graves, intervenciones— muchas mujeres siguen sosteniendo, además, el cuidado de otras personas. Esta autonomía, que podría parecer empoderadora, también puede leerse como una forma de desatención estructural: las mujeres cuidan, pero no siempre son cuidadas.

La carga mental y organizativa

El acompañamiento al médico no es solo presencia física. Implica planificación, atención, memoria y responsabilidad. Es parte de la llamada “carga mental”, que recae mayoritariamente sobre las mujeres.

Ellas no solo acompañan, sino que recuerdan medicaciones, interpretan indicaciones médicas, supervisan tratamientos y detectan cambios en el estado de salud. Este trabajo no remunerado ni reconocido sostiene el bienestar de muchos hombres.

¿Qué hay que cuestionar?

Desde el feminismo, no se trata de criticar el hecho de acompañar —cuidar es necesario—, sino de cuestionar por qué ese cuidado está tan desigualmente repartido.

Algunas claves para el cambio: romper con la idea de que las mujeres son “naturalmente” cuidadoras; fomentar la corresponsabilidad en el cuidado, también en la enfermedad; promover la autonomía de los hombres en la gestión de su propia salud; y visibilizar y valorar el trabajo de cuidados, tanto emocional como práctico.

Que los hombres vayan acompañados al médico mientras las mujeres suelen ir solas no es una casualidad ni una muestra de mayor vulnerabilidad masculina. Es el reflejo de una estructura social donde las mujeres sostienen el cuidado de otros incluso cuando ellas mismas lo necesitan. Nombrarlo es el primer paso. Redistribuirlo, el desafío pendiente.

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