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Ha sido un proceso hermoso, aunque no niego que complicado, unir piezas unas con otras, cartas con cartas, para contar esta historia de apoyo mutuo, de resistencia, de cuidados y amor
Por Sol Gómez Arteaga | 26/08/2025
PAQUI MAQUEDA FERNÁNDEZ (Sevilla, 1964) lleva más de dos décadas comprometida activamente con las luchas por la memoria histórica; es presidenta de la asociación Nuestra Memoria y forma parte de la Asamblea de Familiares y Entidades de Memoria Histórica Plaza de la Gavidia. Además de Querida mía, ha publicado el libro de artículos En la silla del criminal (2014), a partir de sus vivencias en Argentina durante la querella contra los crímenes del franquismo, y la novela La cuerda (2019), basada en hechos reales y ambientada en la guerra civil española. También es autora del relato Azul oscuro (2003), en el que narra la represión sufrida por su familia tras el golpe de Estado del 36.
Querida mía, novela publicada por la editorial “Libros de la herida” en marzo de 2025, se construye como un puzle a través de la correspondencia entre mujeres a las que mueve el mismo dolor, la misma espina clavada, la misma fuerza de amor, como dice la escritora Concha Méndez, perteneciente al grupo de Las Sinsombrero, en la cita inicial del libro. Correspondencia que trascurre desde julio de 1936, con la carta de Trinidad que escribe desde las entrañas de la tierra, hasta marzo de 1951 -si bien hay una carta final de Trinidad en enero de 2023-. ¿Qué hay de ficción y de memoria personal o intrahistoria familiar en la novela?
De historia familiar hay muchísimo: por una parte, he trasladado a Sevilla la historia de mi familia materna. Una de las protagonistas es Frasca, mi abuela y madre de mi madre. Todo lo contado en la novela sobre este personaje es real. Por otra, hay muchas historias verídicas, que son las de amigos y amigas de la memoria histórica: sus abuelos, como el de mi amiga Lourdes Farratel, nieta de Joaquín Farratel, periodista en los años 30 que fusilaron a principios del golpe y a falta de identificación con la prueba del ADN, hemos logrado sacar de la fosa de Picoreja, en Sevilla. A todos y todas, familiares, amigos y compañeras de la memoria he pretendido hacer un pequeño y humilde homenaje. Durante los más de 20 años que llevo recorriendo el Estado, he escuchado algunas historias que me han sobrecogido y que he querido incluir en la novela, entre ellas, la historia de las lentejas, la del corte de la oreja, etc.
¿Qué es para ti la sal de la tierra que mencionas en la dedicatoria y cartas inicial y final de Trinidad?
La sal se utiliza para conservar los alimentos, entre otras funciones, claro. Para mí, la expresión define a aquellas personas que son ejemplo de honestidad para los demás, que con su vida, su compromiso, sus luchas por los valores de igualdad, fraternidad, libertad, etc., son ejemplo para la sociedad. Describo a estas mujeres como la sal de la tierra por su integridad, sus principios nobles, por la lucha por la democracia que protagonizaron. Porque sabían que solo apoyándose, cuidándose, queriéndose, se salvarían de la barbarie y el horror de esa época.
¿Por qué la elección del género epistolar para contar esta entrañable historia de mujeres a las que une amistad, compañerismo, lucha, resistencia, sororidad, solidaridad?
No se me ocurría otra manera de relacionar a este grupo de mujeres a las que les separaba la distancia física (algunas en el exilio, otras en las cárceles, en los montes, en las ciudades). La narración epistolar me ha facilitado que la hermosa y potente relación que tenían entre ellas fuese posible en esos momentos duros, difíciles de la postguerra. En las cartas en las que se escriben se cuentan momentos vitales pasados, presentes y también hablan de sus sueños, truncados algunos, pero presentes y alimentados por la esperanza nunca perdida del reencuentro. Ha sido un proceso hermoso, aunque no niego que complicado, unir piezas unas con otras, cartas con cartas, para contar esta historia de apoyo mutuo, de resistencia, de cuidados y amor.
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De las siete protagonistas de la novela “Querida Mía” -Trinidad, Gracia, Frasca, Reyes, Isabel, Consuelo y Esperanza-, cuya correspondencia mantenida en el tiempo alivia y ayuda a sobrellevar mejor el dolor en tiempos de supervivencia, ¿hay alguna que sea especialmente importante o inspiradora para ti?
Todas tienen para mí la función de ser arquetipos de mujeres de las que quería escribir y describir, por lo que todas son inspiradoras, en el sentido de ser la “sal de la tierra”, modelos de mujer que merecen mi respeto, mi comprensión y mi amor.
Trinidad significa el empuje, la lucha, la constancia en las creencias y los valores republicanos y progresistas, el apoyo a sus amigas y compañeras hasta el final y, desde la fosa, la define. Reyes, simboliza el apoyo a sus amigas por encima de todo, incluso de un gran y peligroso sacrificio personal. Una mujer que hubo de prostituirse para sobrevivir, como tantas en aquellos años. Gracia es una mujer entregada al cuidado de todos: su hija, sus sobrinas, su cuñado, todo ello con el corazón partido por la muerte de su hermana y su marido. Eso hicieron muchas mujeres: sobrevivir tronchadas, sin ánimos ni ganas de vivir, pero con la necesidad de sacar adelante a la familia. Frasca es una víctima más de las circunstancias: sin compromiso político o ideología, o al menos no tanta como sus amigas, se ve en medio de fusilamientos, robo de bienes, prisión, hambre, miseria, en el ojo de ese tremendo desastre también sobrevive, pero siendo consciente de que la religión es su tabla de salvación. Me interesaba resaltar como era vivida en esa época la religiosidad popular y lo he hecho a través de este personaje. Esperanza es la lucha guerrillera, la lucha antifranquista en nuestros montes, que también la protagonizaron las mujeres, aunque se hable poco de ello. Consuelo es la persona que prefirió salvarse de la represión tras la guerra, pagando por ello un alto precio. Es el exilio exterior, la dureza de los que se fueron y echaron de menos a los suyos, a su pueblo, hasta el final. Isabel es la que permanece en pie a pesar del dolor, de la perdida de tantos y tantas, a pesar de la guerra, de la condena a prisión, de los momentos duros que, como comadrona, tuvo que vivir en la cárcel. Sus ideales la mantienen segura y la lucha por el amor de su vida, salvará a ambas.
La carta de Gracia a Consuelo, Sevilla, 16 de noviembre de 1940, habla de matar arrancándole a unos la vida, a otros -los que quedaron- el corazón. ¿Crees que hay distintas formas de acabar con la vida?
Claro que sí. Acabar con tus sueños, que no con tú ideología, es una manera de matarte en vida. Las personas, en especial las mujeres, tenemos una gran capacidad para sobrevivir muertas en vida. Lo hacemos porque tenemos que hacerlo, por un deber que se entiende nos corresponde a nosotras por naturaleza. Hay que sobrevivir para cuidar a los demás, para buscar alimentos, calor, trabajo. Para que los otros no mueran de hambre, para salvar de la cárcel, de las enfermedades… para vivir y poder contarlo. Sacrificando los sueños, los días, con el estómago aun más vacío que los demás. Siempre pienso que estas mujeres, a las que les arrancaron la raíces de sus vidas, fueron realmente las que levantaron cada familia, cada pueblo, cada territorio de este olvidadizo país que le ha respondido con olvido, orillándolas en la Historia con mayúscula, cuando trenzaron la historia en minúscula. ¿Cómo pudieron hacerlo, todo ello, con el corazón roto? Porque eran mujeres.
Pese al dolor, la miseria, el hambre, el miedo, el luto vitalicio, el silencio impuesto, en ese intercambio de cartas -benditas cartas que van y vienen, benditas alas, dirá Consuelo desde Ciudad de México a Gracia, 19 de enero de 1945-. ¿Hay esperanza de que las mujeres vuelvan a transitar por esa alameda de Sevilla, que a mí me evoca a la de Salvador Allende, por donde pasen hombres y mujeres libres para construir una sociedad mejor?
Por supuesto que sí. Y si, esa Alameda que hay en mi ciudad, Sevilla, por la que quieren pasear del brazo de nuevo todas ellas, son un guiño a las grandes Alamedas con las que Allende soñaba, por la que pasearan los hombres y mujeres libres. Pasearemos, paseamos muchas veces por ellas. Yo tengo la misma esperanza que mis mujeres y albergo la de miles y miles mujeres palestinas, saharauis, latinas, africanas, por la lucha por la tierra y la dignidad.
Hubo una escena del libro que me sobrecogió e impactó a partes iguales. Literalmente tuve que parar para tomar aire por la gran profundidad y belleza que entraña. En ella, Trinidad, julio de 1945, desde las entrañas de la tierra habla de esas flores púrpuras, testarudas, que año tras año germinan de la fosa donde está enterrada, flores de las lentejas que estaba cocinando cuando la sacaron de casa para no volver. “Atan a todas las madres que caímos con las hijas que quedaron, en un mandato de memoria”, dice Trinidad. ¿Hay algo de testimonial, de real, en esta escena?
Sí, por supuesto, es una historia real, protagonizada por María Martín, una señora a la que asesinaron a su madre y le echaba lentejas a la fosa. Su testimonio ha quedado por siempre grabado en el documental “El silencio de otros”, galardonado con un Goya. Esa historia me sobrecogió, como a ti, cuando la escuché y decidí escribirla algún día, así que la incorporé a la novela. Creo que muchas de nosotras tenemos un mandato familiar, a cada una nos ha llegado de una manera, pero lo tenemos en nuestro compromiso por la Memoria Histórica de este país y por los principios de Verdad, Justicia y Reparación.
¿Cuál es el objetivo último de esta obra que pone voz, a través de las voces de siete mujeres, a la historia más traumática y reciente de nuestro país?
Obviamente, la lucha contra el olvido que muchos quisieron decretar tras la transición. También la necesidad del reconocimiento a la vida, a la entrega, al sacrificio, a los sueños y las esperanzas de estas mujeres, dándoles un lugar en la historia negado hasta hoy. Visibilizarlas, darles voz. Hablar de Memoria y Dignidad. Rescatarlas y hablar de ellas es una asignatura pendiente del estado “democrático” en el que vivimos.
Memoria es muchas cosas, entre ellas identidad -saber de dónde venimos para elegir el camino a seguir-. ¿Cómo llegaste a la memoria?
A raíz de que mi madre, en el año 2002 aproximadamente, me pidiera que buscara a su abuelo, fusilado en nuestro pueblo en agosto de 1936. Decidí reconstruir mi historia familiar e involúcrame en la lucha del movimiento memorialista. Creo que solo el pueblo salva al pueblo y que la organización ciudadana es un poderoso instrumento de lucha social. Decía León Felipe en un poema que me define como persona y que define mi posición política en el mundo: “Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo, porque no es lo importante llegar solo ni pronto, sino llegar con todos y a tiempo”.
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“Miren qué buena condición sigue teniendo/ qué bien se conserva/ en nuestro siglo el odio”, empieza diciendo el poema que lleva por título “el odio” de Wislawa Szymborska, poeta, ensayista, Premio Nobel de Literatura. Después de tanta lucha y muertes ocurridas en el siglo pasado con la Guerra Civil, Primera y Segunda Guerra Mundial, pareciera que no hemos aprendido nada. ¿Cómo ves el mundo hoy?
Bastante jodido, si te digo la verdad. Absurdamente gobernado y míseramente distribuido, en todos los sentidos. Es una obscenidad lo que está pasando en Palestina y en EEUU/Israel. La impunidad paseándose a sus anchas sin nadie que pare al imperio. El racismo cabalgando en nuestros pueblos con los fascistas proclamando el odio al diferente. La pelea política a base de insultos, descalificaciones y mentiras. La juventud perdida, los mayores sin saber si alguien cogerá nuestra antorcha de lucha. Difícil. Pero soy una mujer positiva y vitalista y creo en la organización y en las buenas personas, en los valores y en la fuerza y energía de la vida. Por eso milito. Porque tengo esperanza en el ser humano.
Si no conseguimos que la juventud coja el testigo de la Memoria está irremediablemente se verá abocada al olvido. Como militante de Memoria ¿Qué crees que podemos hacer para que ésta llegue a las generaciones jóvenes?
Nuestro futuro está en las aulas, en los institutos y en las universidades. Debemos pelear para que la Memoria Histórica sea una asignatura que se estudie en los templos de la sabiduría, en el sistema público educativo del español. Ese es nuestro principal reto. La historia de nuestro país está escrita con sangre en las fosas comunes y en los lugares de Memoria, por lo tanto es allí donde hay que llevar a nuestros jóvenes y explicarles la Historia. Ellos y ellas son los depositarios de estas lecciones y los responsables de asumirlas y elaborarlas para que no se repitan.
Terminas el libro con la exhumación de Queipo de Llano de la Basílica de la Macarena en Sevilla el 3 de noviembre de 2022, en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática 20/2022 de 19 de octubre y la finalización de los trabajos de exhumación el 21 de febrero de 2023 de la fosa común de Pico Reja en el cementerio de San Fernando de Sevilla de 1786 personas asesinadas por los golpistas. ¿Qué supuso para ti estos acontecimientos en cuanto a justicia y reparación?
Una batalla ganada. La exhumación de la gran fosa de Picoreja en el cementerio de Sevilla y la salida vergonzosa, a escondidas, de noche de los restos de Queipo de Llano y Bohórquez de la Basílica de la Macarena eran dos objetivos fundamentales del movimiento memorialista de la ciudad. Me siento orgullosa de formar parte de ese músculo memorialista y de estar en el lugar correcto de la Historia.
A mi madre, una niña de la guerra que apenas fue a la escuela, que apenas aprendió a leer y escribir y que ahora a sus 90 años está leyendo más libros que nunca, le encantó -no todo lo que lee le gusta- tu libro. Plena de entusiasmo me dio pelos y señales de la historia que contabas antes de tomar yo el relevo y leerte. Te deseo un gran recorrido por esta obra y te felicito en su nombre y en el mío. Larga vida y vuelo a “Querida mía”, que bien lo merece, lo mismo que lo merecen Ellas y Ellos, objetivo último de nuestro trabajo.
Mil gracias por tus palabras y los cariños, besos a tu madre y recibe un gran abrazo. Nos vemos en las calles y en la presentación del libro el 21 de octubre en Madrid. ¡Salú y Memoria!
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