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Entrevistamos al periodista Paco Niebla, sobre su libro ‘La Protestante. Ojos azules, corazón rojo’, una mirada a su memoria familiar que, a través de sus páginas se convierte en parte de la Memoria colectiva de una ciudad, Vigo.
Por Angelo Nero | 12/11/2025
El padre del periodista catalán Paco Niebla -que trabajó en Radio Mollet del Vallès, Radio Nacional de España, El País y, sobre todo, en la Agencia EFE, donde estuvo más de 36 años- le dijo un día que su mayor deseo era el de saber dónde estaban enterrados sus padres, José Niebla García y Ángela Iglesias Rebollar, que en 1937 fueron torturados y asesinados en el Monte da Guía, en el concello de Lavadores (anexionado en 1941 a Vigo). Esto llevó al periodista a una larga investigación, que se prolongó durante más de veinte años, para averiguar el contexto y las circunstancias en la que sus abuelos fueron asesinados por el fascismo. Fruto de esta investigación es el libro “La Protestante. Ojos azules, corazón rojo”, editado este año por el Instituto de Estudios Vigueses.
En esta larga tarea de investigación y de documentación sobre tu propia memoria familiar que, en el camino, fuiste convirtiendo en memoria colectiva, ya que reflejas también el ambiente previo al golpe de estado y la posterior represión en la comarca de Vigo, ¿en qué archivos buceaste, a que historiadores contactaste y, sobre todo, con que sorpresas te encontraste?
Para contextualizar la triste historia de mis abuelos y el difícil periodo que les tocó vivir en el primer tercio del siglo XX he consultado muchas hemerotecas digitales de los principales diarios gallegos, algunas webs que recogen hechos históricos y he leído varios libros sobre lo que aconteció en Vigo en aquellas fechas. Sin duda, los libros del historiador Xoán Carlos Abad, ahora presidente del Instituto de Estudios Vigueses, son los que más luz me aportaron y los que recogen con más precisión todo cuanto aconteció en aquellos fatídicos días y quienes fueron sus protagonistas más destacados, de uno y otro bando. También me ha ayudado a dibujar la época un libro sobre la Sociedad de Amigos de Camposancos que ha recopilado todas las actas de las reuniones del que es el Casino de Camposancos, donde encontré, por ejemplo, que mi bisuabuelo – el padre de Ángela Iglesias Rebollar- había sido el tesorero de la entidad y que ésta fue fundada por empresarios alicantinos que eran masones. También he consultado los registros civiles de A Guarda y Vigo, y los archivos diocesanos de las parroquias de Camposancos y de la iglesia donde se casó mi abuela en Vigo. También solicité información a los archivos históricos del Partido Comunista de España, a los del Puerto de Vigo…
Pero la consulta más provechosa, que me indicó el propio Xoán Carlos Abad, fue al Archivo Militar del Noroeste, en Ferrol, donde encontré las declaraciones de los guardias civiles y falangistas que participaron en la captura, tortura y asesinato de mis abuelos. Allí aparece cómo justificaron su muerte, por qué los mataron, cómo les llamaban, que ocurrió con los fuxidos que se ocultaban en casa de mis abuelos, cómo fueron delatados, quienes eran sus amigos y cómo se transmitieron todas las órdenes aquella fatídica madrugada del 11 de abril de 1937. Una buena parte de la investigación también está sustentada en el testimonio oral de los vecinos que conocieron la historia, algunos de ellos que incluso conocieron y fueron amigos de mis abuelos y otros que oyeron a su padres contar la historia y que aún se conserva en la memoria colectiva del barrio de Teis y en la pedanía de A Pasaxe de Camposancos (A Guarda).
Cómo en muchas familias, en la tuya, durante mucho tiempo anidó el silencio, y tardaste mucho en conocer las circunstancias en las que se produjo la muerte de tus abuelos, ¿cómo se consigue romper ese muro de silencio y acceder a ese rincón de la memoria que más duele? Y, una vez que la conoces, ¿no te ha resultado especialmente doloroso recrear el momento en que fueron torturados y ejecutados?
Tras hablar con muchos descendientes de víctimas del franquismo, todos coinciden en que sus familiares nunca explicaron nada. Creo que es un mecanismo de defensa del ser humano. Tras un sufrimiento tan horrorosa, tras vivir tragedias humanas tan traumatizantes, la memoria encierra esos recuerdos en un rincón apartado del cerebro para no desenterrarlos más. Creo que debe ser un mecanismo de supervivencia, para poder seguir adelante sin tanto sufrimiento. Efectivamente, las hermanas de mi abuela, que con toda seguridad sabían muchos detalles de todo lo ocurrido, se llevaron sus secretos a la tumba. Especialmente Maruja, la hermana mayor de mi abuela, que hizo de madre de mi padre y vivió hasta los 102 años y murió en Barcelona en 2009. Pese a que le interrogué muchas veces nunca la saqué de monosílabos que se limitaban a decir que a su hermana la mataron en la guerra, sin dar más explicaciones ni detalles. Como bien dices, conocer la totalidad de la historia y escribirla me ha resultado doloroso. Muchas de las páginas están escritas con lágrimas en los ojos y el corazón encogido. Ha sido como reabrir una herida, pero también desinfectarla para poderla volverla a suturar y que ahora pueda cicatrizar bien.
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A pesar del arduo y largo trabajo previo a la redacción del libro, imagino que habrás llegado a muchos caminos sin salida, a muchas lagunas en la historia que no has podido completar con testimonios o documentos, ¿qué parte de historia novelada has imaginado y cuanto has podido documentar efectivamente en ‘La Protestante’?
Cierto. Todavía hay aspectos de la vida de mis abuelos que no he podido descubrir. Por ejemplo, sé muy poco o casi nada de la juventud de mi abuelo, que nació en A Graña (Ferrol). He conseguido mucha más información sobre mi abuela porque, además de que ella era la más activista y la que sale más mencionada en los archivos, veraneé durante muchos años A Pasaxe de Camposancos, donde pude hablar con muchos vecinos que sabían de la historia, y conocí a casi todos sus hermanos. Mi padre también tenía más información sobre su madre que sobre su padre.
Efectivamente hay aspectos de la vida cotidiana de mis abuelos que no he podido documentar, ni en archivos ni en testimonios orales. Aunque se trata de una novela biográfica histórica en la que todos los hechos que se describen ocurrieron realmente y están documentados bien en archivos o en testimonios orales, el formato de relato novelado, además de hacer la lectura más amena, me ha permitido introducir diálogos de los personajes y dibujar esas escenas cotidianas de las que es imposible que exista constancia documental. A través de los diálogos he querido transmitir qué preocupaciones, qué inquietudes, qué temores, qué sentimientos pudieron tener todos los personajes que aparecen en la historia. Me he puesto en la piel de ellos para imaginarme de qué hablaban, qué pensaban, cómo actuaban… siempre dentro de la lógica del contexto de la época y sin apartarme de los datos reales de lo sucedido.
Sin duda, tu abuela, Ángela Iglesias Rebollar, fue una mujer avanzada para la época, defensora del voto femenino, de la causa republicana, de la cultura gallega y, además, comunista y protestante, ¿tenía que ser realmente excepcional para que en sus pocos años de vida -fue asesinada cuando tenía 26 años- le diera tiempo a abrazar tantas causas?
Si, realmente fue una adelantada para su tiempo, pero has de tener en cuenta que vivió en una época en que había una sociedad en efervescencia: una gran crisis económica derivada del crack del 29; una primera guerra mundial; el triunfo de la revolución rusa que exportó a toda Europa el auge del comunismo; el surgimiento del sindicalismo, con mucho protagonismo de CNT y UGT; la llegada a Galicia de muchos predicadores protestantes de Inglaterra, que crearon importantes comunidades evangélicas en Camposancos, Marín y Vigo; una masiva emigración de gallegos, sobre todo a Sudamérica; la dictadura de Primo de Rivera, con una alineación de la jerarquía eclesiástica católica con los poderosos y la monarquía. También llegaban de Europa y Estados Unidos muchas reivindicaciones feministas y había, en general, una preocupación ciudadana por todos los temas políticos. La Segunda República, también convulsa y no exenta de todo tipo de sobresaltos, fue un ejemplo de alfabetización y educación en las escuelas y abrió la esperanza de muchos jóvenes a que pudiera haber cambios en la sociedad y que la riqueza tuviera un reparto más justo. Mi abuela tuvo la suerte de ir a la escuela y sabía leer y escribir correctamente, algo inusual también para las mujeres de aquella época. La familia de mi tío conserva un escrito de su puño y letra con una caligrafía excelente y sin una sola falta de ortografía. He deducido que muchas de las lecturas de diarios y revistas de la época que hizo mi abuela y que, sin duda, la influenciaron, las hizo en el casino de Camposancos, acompañando a su padre desde jovencita. De mi abuelo también existe un documento escrito, pero con muchas faltas y menos instrucción académica.
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Tu abuela sufrió una doble represión, por ser roja, pero también por ser mujer, ¿crees que la represión franquista sobre las mujeres está suficientemente visibilizada o que queda mucho todavía para dar a conocer su verdadera dimensión?
Creo que se ha escrito muy poco o casi nada sobre el papel de las mujeres en la Guerra Civil. En general, se ha escrito poco sobre el papel de las mujeres en todas las guerras. Aunque las mujeres fueron menos al frente, tuvieron un papel fundamental en la retaguardia y en la resistencia al franquismo. Sufrieron la pérdida de hijos, maridos y amigos y padecieron lo indecible para sacar adelante a sus hijos pequeños, muchas veces viudas, durante una cruel guerra fratricida y se implicaron muchísimo en la lucha por los derechos y las libertades. Este es uno de los motivos por los que he centrado mi novela en mi abuela, que, además, era la verdaderamente activista, mientras que mi abuelo la acompañaba y la apoyaba en todo.
Conocemos el nombre de militares y políticos, de uno y otro bando, que participaron en la guerra, pero, con la honrosa excepción de Dolores Ibarruri ‘La Pasionaria’ y de Federica Montseny, pocos nombres de mujeres se recuerdan de aquella época, pese a que las mujeres también estuvieron y son el 51% de la sociedad. Y estas dos se recuerdan porque ocuparon ministerios y puestos de responsabilidad, porque de las mujeres sin cargos, nadie se acuerda.
Yo siempre subrayo que la historia la escriben los vencedores de las guerras, pero la escriben los hombres vencedores de las guerras, nunca las mujeres, y ya es hora de darles el protagonismo que se merecen. Cómo bien dices en tu pregunta, en todas las guerras y también en la represión franquista las mujeres fueron el objetivo de un arma de humillación utilizada por los hombres: los abusos sexuales, las violaciones. Muchas de las mujeres que eran detenidas por el régimen franquista tuvieron que soportar, no sólo malos tratos, comportamientos y comentarios machistas y humillaciones, sino abusos sexuales y violaciones. Sólo por ser mujeres.
Además, lo que precipitó su detención y la de su marido, José Niebla, fue la solidaridad, el que prestaran auxilio a unos fuxidos, que estaban en el punto de mira de los fascistas, ¿cuál fue el destino final de aquellos a los que dio refugio Ángela?
Es una de las cosas que explico en el epílogo de ‘La Protestante. Ojos azules, corazón rojo’. El destino de los tres fuxidos que estaban en casa de mis abuelos lo ha documentado muy bien el historiador Xoán Carles Abad y también lo encontré en un sumario en el Archivo Militar del Noroeste del Ferrol. Aunque sea hacer un spoiler de la novela, los tres fuxidos, que eran César Rosas, un destacado dirigente de la CNT, su amigo también de la CNT, Antonio Iglesias, y un joven albañil de la UGT, Ernesto Rodríguez, lograron escapar aquella noche de la casa de mis abuelos. Ernesto Rodríguez fue detenido unos días más tarde y sometido a un juicio sumarísimo sin ninguna garantía y fue condenado a muerte y fusilado el 1 de julio de 1937 en el castillo del Castro, con sólo 22 años y sin haber empuñado nunca un arma, con el único delito de no haberse presentado al servicio militar. César Rosas y Antonio Iglesias fueron descubiertos dos años después, en abril de 1939, escondidos en casa de Lucía Domínguez, una amiga de mi abuela. Antes de que fueran capturaros o entregarse a los militares, decidieron suicidarse y dejaron escrita una carta. El contenido de esta carta lo pueden leer en el epílogo del libro. Les animo a hacerlo.
Además del tremendo drama del asesinato de tus abuelos, está la separación de sus hijos, tu padre Pepe y su hermano Chicho, que entonces tenían solo 5 y 2 años, y que no se volvieron a encontrar hasta cuarenta años después, ¿cómo fue ese reencuentro y por qué tardó tanto en materializarse?
También lo explico con detalle en el epílogo de mi novela. Mi padre sabía que tenía un hermano menor, pero no fue hasta 1976, cuarenta años después, cuando decidió buscarlo. Escribió a programas de radio y televisión que en la Transición se dedicaban a buscar a personas desaparecidas, pero no fructificó. Se le ocurrió entonces pensar que quizá su hermano habría prestado su servicio militar en la Armada y escribió al Ministerio de la Marina para saber si sabían algo de Eliseo Niebla, como se llama mi tío. Le contestaron que les constaba un Eliseo Niebla domiciliado en Pontedeume (A Coruña). Sin más. Así que en el verano de 1976, cuando yo tenía 15 años, emprendimos un viaje en un Seat 600, mi padre, mi madre, mi hermano pequeño y yo hacia Pontedeume. Al llegar al pueblo y pasar el puente, entramos en un bar y mi padre preguntó al camarero si conocía a Eliseo Niebla. Un parroquiano que estaba en la barra dijo: ‘Ese es Chicho’. Y nos indicó donde vivía, en una calle cercana. Puedes imaginarte la emoción cuando mi tío Chicho vio a mi padre y preguntó: ¿quién es usted? “Soy tu hermano”, respondió mi padre. Recuerdo a mi madre llorando y yo con la piel de gallina. Mi padre murió en 2010, pero mi tío aún vive, tiene 90 años, trabajó en la Bazán y también ha vivido sin saber nada sobre cómo ocurrió la muerte de sus padres.
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Ángeles Iglesias tiene ahora una calle con su nombre en el barrio de Teis, donde vivió, y también hay un monolito que recuerda el lugar donde tus abuelos fueron asesinados, en el Monte da Guía ¿qué significa eso para tu familia? ¿crees que Vigo es, realmente, una ciudad con Memoria?
Estaremos eternamente agradecidos a la Asociación de Vecinos de Teis por la iniciativa de colocar un monolito en el lugar donde mataron a mis abuelos. Es el sitio que tenemos para llevarles flores cuando vamos a Galicia desde Barcelona, porque no sabemos dónde están sus restos ya que supuestamente fueron enterrados en el antiguo cementerio de Teis, pero éste fue trasladado en los años 40 y se perdieron los registros y no sabemos si fueron exhumados o permanecen debajo de la nave industrial que ahora ocupa el lugar del antiguo cementerio. Una de las cosas que más me sorprendió es conocer como el asesinato de mis abuelos se ha conservado en la memoria popular del barrio de Teis y cómo su recuerdo ha perdurado en muchas familias de Vigo. También estamos muy agradecidos al colectivo La Violeta y a la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Vigo por proponer el nombre de mi abuela para el nomenclátor de la ciudad. La calle con el nombre de mi abuela está en Teis y recientemente ha sido remodelada por el Ayuntamiento, con la colocación de un monumento dedicado a Ángela Iglesias Rebollar ‘A Protestante’, con una inscripción en la que se puede leer: “Muller solidaria, que actua con valor e determinación ante situacions arriscadas e difíciles como acoller a personas perseguidas pola represión franquista”. Le doy las gracias también al escultor de esta obra, el artista Camilo Seira, por este homenaje tan bonito. Sobre si Vigo es una ciudad con memoria, no sabría decirte porque yo vivo en Barcelona. En Catalunya tenemos un potente movimiento de recuperación de la memoria histórica y me consta que en Vigo, en Camposancos y en Galicia también hay movimientos que están trabajando en dignificar a las víctimas del franquismo, para que no se olvide nunca lo que sucedió.
Dices, al final del libro, que ‘mientras escribías te surgió el dilema sobre si identificar con nombres y apellidos a los delatores, criminales, asesinos y torturadores de tus abuelos’ y que decidiste no hacerlo para ‘no reabrir heridas’, ¿no crees que tanto como reivindicar a las víctimas, es ya tiempo de señalar a sus verdugos, a aquellos que no tuvieron castigo ninguno por sus crímenes?
El libro no lo he escrito ni con ánimo de venganza ni para reabrir heridas ni para señalar a nadie. Lo he escrito porque se lo prometí a mi padre antes de que muriera, para dignificar a mis abuelos, para reencontrarme con ellos y divulgar lo que pasó para que no vuelva a repetirse nunca más. Creo que no serviría de nada publicar los nombres de quienes capturaron, torturaron, violaron y mataron a mis abuelos, el daño no es reparable. ¿Qué más da que se llamaran Juan, Luis o Miguel? Sólo serviría para causar daño a los descendientes de aquellos despiadados malvados. Sus descendientes, hijos, nietos, biznietos, tataranietos, no tienen ninguna culpa de lo que hicieron sus antepasados. Los que perpetraron la salvajada con mis abuelos ya están muertos y, si existe el infierno, estarán penando allá sus culpas. Espero que vivieran siempre intranquilos con su conciencia. La mayor condena a los numerosos crímenes del franquismo es no olvidarlos y difundirlos, que se conozcan para que no se repitan. Es más necesario que nunca ahora que proliferan los discursos del odio, la banalización de la violencia, el avance de la ultraderecha, el sectarismo, la polarización extrema y el desconocimiento por parte de la juventud de las tragedias y barbaridades que ocurrieron en este país no hace tantos años.
La vida ha de continuar, pero hemos de aprender del pasado, e intentar todos trabajar para que prospere el diálogo, la fraternidad y el respeto a la diversidad ideológica, religiosa, de procedencia, sexual y de todos los ámbitos. Podemos pensar diferente, pero no por ello somos mejores o peores. Animo a todas las personas que tengan víctimas de la guerra en su familia, sean del bando republicano o nacional, que escriban lo que sucedió, para que no se olvide, que pregunten a sus abuelos antes de que éstos se lleven sus memorias a la tumba, que quede por escrito para el devenir de los tiempos y que los más jóvenes puedan encontrar blanco sobre negro escrito lo que ocurrió con sus familiares. “La Protestante. Ojos azules, corazón rojo” la podrá leer mi primera nieta, Núria, que acaba de nacer a finales de octubre y que es la primera tataranieta de Ángela Iglesias Rebollar y José Niebla García. Aprovecho la ocasión, por si algún cineasta lee esta entrevista, que aquí tienen un guion excelente para hacer una película con todos los ingredientes. Me gustaría que la historia de mis abuelos se convirtiera en una película o una serie, para que llegue a más personas, para que se conozca más, para que no se olvide.
Moi boa entrevista amigo Anxo, por momentos se me humedeceron os ollos.