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La movilización fue más allá de la vivienda y expresó el hartazgo ante el deterioro de las condiciones materiales de la clase trabajadora.
Por Ernesto Vílchez | 29/09/2026
La protesta, convocada principalmente por el Sindicat de Llogateres y el Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya, con apoyo de la PAH y otras entidades, cortó la avenida Diagonal a la altura del recinto donde el presidente del Gobierno asistía a la gala de los Premios Vanguardia.
Los concentrados corearon lemas como “Huelga general ya”, “Stop desahucios”, “Contratos indefinidos ya”, “Todas somos Maricarmen”, “Abajo los fondos buitre” y “¿Dónde está el Gobierno progresista?”. También exigieron un decreto “ambicioso” —conocido como decreto Maricarmen— que incluya renovación automática de los contratos de alquiler para convertirlos en indefinidos, congelación de precios, freno a los desahucios de personas vulnerables y regulación de alquileres de temporada y de habitaciones.
La movilización expresó el hartazgo ante el deterioro de las condiciones materiales de la clase trabajadora: subida de alquileres, especulación, fondos de inversión y la amenaza constante de perder el hogar. El caso de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada en Madrid la semana anterior, se convirtió en símbolo de la protesta. Portavoces advirtieron que, si el decreto que el Consejo de Ministros prevé abordar no responde a estas demandas, llamarán a una huelga general.
El Palau permaneció blindado por los Mossos d’Esquadra. Hubo momentos de tensión cuando parte de los asistentes zarandeó vallas y amenazó con ocupar el recinto. Sánchez, en el interior, habló de medidas urgentes contra la emergencia habitacional, pero los manifestantes consideraron insuficientes las propuestas filtradas y rechazaron lo que denominaron “migajas”.
La jornada forma parte de una oleada de movilizaciones por la vivienda en varias ciudades españolas y que incluyó cortes de tráfico por la mañana en Barcelona. El mensaje de la calle fue claro: la vivienda no es un negocio, es un derecho, y la paciencia de quienes no pueden permitirse un techo estable se agota.
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