México 86, la guerra civil guatemalteca y el mundial de fútbol

‘México 86’ nos presenta a María, una revolucionaria guatemalteca que vive en la clandestinidad, y ante el cerco policial que se estrecha sobre ella, decide dejar a su hijo recién nacido con la abuela del bebé.

Por Angelo Nero | 5/08/2025

La guerra civil guatemalteca, desatada tras el golpe de Estado contra el Presidente Jacobo Árbenz Guzmán en 1954, entre los ejércitos de las sucesivas dictaduras y las guerrillas diversas (agrupadas en 1982 en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca), duró más de 35 años, hasta la firma de los Acuerdos de Paz en 1996. Un conflicto armado que se cobró la vida de 200.000 guatemaltecos y guatemaltecas, y dejó el país con profundas heridas, de las cuales nunca se recuperó del todo. El director de origen belga y guatemalteco César Díaz -que en su ópera prima, Nuestras madres, profundizó en el tema de los desaparecidos y en la violencia contra las mujeres, como arma de guerra- vuelve a llevarnos de la mano a las fronteras del conflicto y a sus daños colaterales.

En su nuevo largometraje, México 86, estrenado en el Festival de Locarno, nos presenta a María, una revolucionaria guatemalteca que vive en la clandestinidad, y ante el cerco policial que se estrecha sobre ella, decide dejar a su hijo recién nacido con la abuela del bebé, tras lo que abandona el país, por el riesgo que corre su vida, y coge el camino del exilio en México. Allí sigue su militancia, adquiriendo diversas identidades y conviviendo con un compañero guerrillero, hasta que una visita de su madre y de su hijo, que ha crecido alejado de María, y la noticia de una grave enfermedad de su madre, la pone en el dilema de continuar con su vida guerrillera o hacerse cargo de su hijo.

La actriz argentina -cuya familia escapó de la dictadura a Francia, cuando ella solo contaba tres años- Bérénice Bejo se pone con solvencia en el papel de María, y muestra su talento para la interpretación que confirma lo que ya asomaba en la preciosa película de Michel Hazanavicius -un director con el que rodaría dos películas más-, The Artist, en 2011, papel por el que ganó el César, el Globo de Oro e incluso estuvo nominada a mejor actriz en los Oscar. Bejo tiene una brillante carrera cinematográfica, entre los que destacan sus papeles en La contadora de películas, de Lone Scherfig; La Quietud, de Pablo Trapero; o El pasado, de Asghar Farhadi. Ella lleva el peso de México 86, y tiene que buscar en todos sus registros para reflejar de un modo más que convincente el drama que arrastra en una galería de expresiones que, a veces, hace innecesarios los diálogos, porque su personaje, María, tiene mostrar una fortaleza que surge de la fragilidad, para que el mundo no se derrumbe ante ella y, sobretodo, para no poner en peligro a sus seres más queridos a la vez que hace equilibrios con su compromiso revolucionario.

Mientras el padre ausente es apenas el eco de un héroe, a quién no se le cuestiona su entrega a la causa, tal vez porque murió por ello o porque era un hombre, a María se le juzga por las decisiones que toma, tanto si decide dejar que sea su madre, Eugenia (a la que da vida Julieta Egurrola) quién crié a Marco (interpretado por el niño Matheo Labbé de forma muy creíble), como si decide desobedecer las ordenes de sus superiores en la organización guerrillera y apuesta por mantener a su hijo a su lado.

Este frenético thriller político, que nos lleva a un pasado no tan lejano, pero que parece que ya es parte del olvido, también pone en cuestión la doble moral entre los grandes eventos deportivos, como lo es un campeonato mundial de fútbol, ante las dictaduras -ayer ante la guatemalteca o la argentina- o ante un genocidio como el que está sucediendo en Gaza, sin que el estado sionista sea penalizado en las competiciones deportivas internacionales. Pero México 86 no cae en el panfleto, y nos muestra las contradicciones internas de aquellos que se enfrentan -con las armas en la mano si la ocasión lo requiere- a la injusticia, y tiene un ritmo de película policíaca, con persecuciones de coches incluida, que la convierten en un film no solo con gran fondo social, sino también en un film entretenido de principio a fin.

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